Cómo se analiza una obra teatral

Antón A. Toursinov

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The Globe Theatre, Londres, Inglaterra

El arte se centra en el mensaje mismo, desde este punto de vista no importa si es literatura, ópera o teatro. Asimismo, una crítica teatral se centra en lo que utiliza el emisor de la obra, que en este caso es el director y el actor. En cualquier caso, el objetivo primordial de la percepción artística es siempre decodificar el mensaje mismo, llegar al fondo de la obra para poder comprender lo objetivo que fue creado y representado en ella. Hay que tener en cuenta que, si en otros géneros literarios (e incluso no literarios, por ejemplo, en el cine) existen múltiples herramientas de crear la ficción, ambientar al lector-espectador en una realidad, mantener el interés en la obra (a través de las descripciones, anacronías, monólogos interiores, etc.), en las obras teatrales estas posibilidades se reducen a los discursos de los personajes y a la escenografía y, en algunas obras, a las formas de interrelaciones entre los actores y espectadores.

Los discursos en el teatro pueden ser en forma de monólogos y de diálogos. La primera forma, el monólogo en la literatura, es la expresión verbal de un personaje en ausencia de otros, es decir, sin un evidente destinatario. Sin embargo, en el teatro el monólogo puede ser expresado también en las escenas donde participan otros personajes y hay uno o más destinatarios. En este caso los enunciados contienen las confesiones, narraciones de los hechos, descripciones personales, etc.

A su vez, el diálogo es el intercambio verbal entre varios personajes dentro de una obra. El contenido de ése son las preguntas y respuestas, discusiones, expresiones de opiniones, incluso una simple conversación (como en la vida real), pero siempre teniendo en cuenta las personalidades de los presentes en la escena, lo que no ocurre en el monólogo. En los dramas antiguos el diálogo siempre se realizaba entre dos personajes (recordemos, por ejemplo, Hamlet de Shakespeare o La vida es sueño de Calderón de la Barca), aunque en el teatro actual es posible entre tres y más (lo veremos en El tigre de Magalí Letona, al igual que en algunas otras obras). Un parlamento extenso dentro de un diálogo limita con el monólogo ya que un discurso interrumpible supone un oyente pasivo y la composición de estos enunciados es semejante al monólogo en el que el flujo de la idea se desarrolla de manera independiente, no se cruzan los motivos expuestos por los participantes en la escena.

Los parlamentos de los personajes son acompañados por los movimientos y gestos de éstos que deben concordar con el contenido de cualquier forma del discurso que pronuncian los actores. En el teatro actual, incluso, la mímica, los movimientos de la cabeza, de las manos, de todo el cuerpo del personaje pueden sustituir las palabras acorde la emotividad del momento del habla. Al igual que en la vida cotidiana, sólo un gesto puede sustituir las palabras de aprobación o de negación, pasiones, estados anímicos y otros, hasta escenas enteras pueden estar construidas en la mímica. En el teatro anterior esto fue imposible, los gestos y movimientos solamente acompañaban los parlamentos de los actores, pero el teatro actual utiliza estas técnicas, sobre todo en los dramas sicológicos, algunos de los cuales han sido trasladados en el cine, donde la característica principal de este subgénero del drama sicológico se basa principalmente en las técnicas mímicas.

Junto con las técnicas de interpretación de los personajes, el actor en el escenario también puede recrear los movimientos y comportamientos habituales. El personaje puede beber, comer, pelearse, matar, robar, fumar, etc. En este caso no se trata de la interpretación expresiva sino temática (o en palabras del crítico ruso Boris Tomashevsky, es “un juego temático”). Cada uno de estos comportamientos escénicos representa un motivo independiente que se incrusta en el argumento de la obra a la par de los parlamentos.

La obra en escena se complementa con la escenografía que, por más insignificante que parezca, ocupa su lugar exacto. Cada uno de los accesorios juega su propio papel: los muebles, ciertas cosas necesarias para los personajes, como armas, vajilla, vestimenta, etc. El teatro actual intenta reducir los accesorios, tiende a ser “minimalista” para centrar la atención del espectador en la obra en sí, en su contenido, sin embargo, en la escena se toma en cuenta cualquier objeto para recrear la realidad y crear el efecto de real. Otra de las características del teatro actual es la “participación” inmediata de los objetos en la obra, es decir, las cosas se convierten en los personajes. Basta recordar el drama corto El zapato del dramaturgo guatemalteco Carlos Solórzano, donde todo – el zapato, el espejo y hasta la silla – son personajes principales de la obra, sin ellos no son posibles ni la forma ni el contenido.

Junto con los accesorios escenográficos, el teatro ha introducido también los efectos de vista y de oído para recrear los fenómenos naturales como la puesta del sol, el ruido de la lluvia, los disparos y otros. Se puede imaginar también los efectos olfáticos que son todavía muy raros en el teatro, aunque siempre se usan con un objetivo concreto para la idea de la obra: el olor del café, el humo del cigarro, etc.

Todos estos detalles que mencionamos y describimos no suelen aparecer en el drama literario, son “valores agregados” para la presentación de la obra en la escena, sirven de ayuda y de apoyo para ambientar al espectador dentro de la obra. Pero también hay que tener en cuenta que el texto teatral literario también tiene sus características que se toman en cuenta en la lectura e interpretación.

El texto del drama se divide en dos partes: los parlamentos de los personajes, que se presentan de forma completa, siguiendo las características del personaje y pensados en la manera de cómo se deben ser pronunciados en la escena; y acotaciones cuyo destinatario es el director de la obra, en ellas se le dan las aclaraciones e indicaciones siguiendo la idea y los pensamientos del dramaturgo. En las acotaciones hay que distinguir las indicaciones sobre los accesorios y escenografía, y los aspectos de la interpretación de los papeles de los personajes.

El texto de los parlamentos representa la parte esencial de la obra dramática y forman parte del contenido, mientras que las acotaciones cumplen el papel secundario y se enfocan en transmitir al director y a los actores. En algunos casos las acotaciones forman parte del texto y sirven para apoyar el contenido ideo-temático de la obra. Por esa forma del texto se trata de la literatura dramática, lo que se refiere también a las obras que no están destinadas a la puesta en escena ni a la interpretación por los actores (por ejemplo, El Fausto del alemán Goethe, Eugenio Oneguin del poeta ruso Alejandro Pushkin o El eterno femenino de la escritora mexicana Rosario Castellanos).

Vale la pena destacar que cada lector de una obra dramática se convierte en el director y en los actores, mientras que en la escena son ellos quienes nos tratan de transmitir la idea, ellos en este caso se han convertido en los autores verdaderos de la obra. Esta gran diferencia convierte una misma obra en dos: una literaria y la otra puramente teatral. En la lectura del director y en las interpretaciones de los actores son posibles, incluso, los cambios del texto, de los parlamentos, desviaciones de las acotaciones, siempre y cuando todo ello requiera la idea que le pone a la obra el director. En este caso suele tratarse del choque entre el autor y el director.

Los intereses de la escena requieren la segmentación del texto dramático. Las partes más grandes, los actos, se interpretan en el escenario sin interrupciones, es un juego de palabras y de acciones. Los actos se separan por medio de los entreactos. La división de la obra en los actos es el resultado de varias causas, como, por ejemplo, el límite sicológico de la atención del espectador: el acto que dura 30-40 minutos satisface esta condición. Otra causa es la necesidad técnica para cambiar las decoraciones, el cambio de vestimenta de los actores, etc. También los actos cumplen con las necesidades ideo-temáticas de la obra, cuando esta segmentación es requerida por el mismo contenido del drama. Cada acto es una acción cerrada, acabada.

En algunos casos el desarrollo de cada acto exige, además, el cambio de accesorios y decoraciones de sí mismo. Estas partes, los cuadros, no suelen tener mucha carga semántica (o de idea) dentro del contenido de la obra y las suelen definir por cuestiones puramente técnicas. A nivel de contenido los actos se segmentan en las escenas, según las salidas y entradas de los personajes y según sus parlamentos.

La peculiaridad del desarrollo de la obra dramática consiste en que se realiza ante los ojos de los espectadores, por eso los momentos claves del argumento deben estar concluidos, y el autor está limitado por el tiempo y por el espacio. Todo esto coincide con los actos de la obra y se supone que los personajes viven y actúan dentro del espacio igual al de escenario y dentro del periodo equivalente al del acto o escena. Los entreactos permiten cambiar del lugar y suponen el periodo indefinido para la obra. Todo debe ser desarrollado en la escena, en presencia de los espectadores, en los parlamentos se evita mencionar lo que no se realiza en el acto. Estas reglas y normas son condicionales, a veces el espacio y el tiempo del argumento de la obra no coinciden con el lugar del escenario y el tiempo transcurrido (por ejemplo, el reloj en la escena pueden dar la hora cada quince minutos), sin embargo, los preceptos descritos forman parte de principio dramático que se limita únicamente por la tradición teatral y se viola sólo cuando eso realmente requiere la obra, en caso contrario se rompe el efecto de real.

Además, debido a que el argumento se desarrolla en mayor grado por los parlamentos, éstos deben contener la motivación para justificar los efectos necesarios en la escena. La obra dramática es limitada por el tiempo. En el teatro tradicional la duración de la obra es de 2-3 horas, y en el teatro breve es de una hora aproximadamente, lo que no le permite al autor cambiar la intensidad, los acontecimientos no pueden desarrollarse con la lentitud natural por eso la velocidad se manifiesta en los diálogos, en los comportamientos dinámicos y en la introducción de varias intrigas paralelas en una misma obra.

En general, existen muchas técnicas teatrales en cuanto a la presentación del espacio, al tiempo, a los personajes, pero todo depende de las intenciones del argumento y debe estar en su lugar dentro de la realidad de la obra. Cada tendencia y corriente estética en el teatro han aprovechado estas técnicas de la presentación.

También es necesario enfocarnos en la composición del drama, común tanto para el teatro tradicional, como para las nuevas formas dramáticas (aquí incluimos también el teatro breve). La composición consta de cinco partes esenciales: exposición, enlace, desarrollo de la intriga, sistema de las entradas de los personajes y desenlace.

La exposición, al igual que todo en el drama, se presente en forma de los parlamentos, de aquí la necesidad de utilizar la posición (al principio del drama) que justifique la posibilidad de cómo y qué van a decir los personajes. En el teatro antiguo se usaba el prólogo, cuando un actor salía al escenario y expresaba el argumento o situación del drama. En el teatro actual, donde el principio de la motivación realista es el que reina, se suelen recurrir a la exposición por medio del ambiente (los muebles, naturaleza, etc.), caracteres (los rasgos característicos de los personajes en su vestimenta, peinado, maquillaje, etc.) y emocional (se provoca cierta actitud de los espectadores hacia los personajes y se demuestran las relaciones entre los personajes).

Los afiches y los programas también apoyan la exposición, en ellos se expresan las relaciones entre los personajes (mujer, viuda, esposo, criada, etc.), y también la época y el lugar del argumento de la obra. Además, el significado de los nombres propios ya puede inducirnos en las características de los personajes, en el desarrollo de la obra sólo queda detallar los aspectos más particulares. En las obras tradicionales la exposición puede ocupar todo el primer acto (prólogo).

La exposición directa se introduce por medio de la conversación con un personaje recién llegado o por medio del monólogo con los recuerdos, las confesiones y las características verbales de uno o varios personajes, mientras que la exposición indirecta se presenta en las alusiones que suelen repetirse en el transcurso de la obra. La repetición en sí dentro del drama puede ser uno de los métodos para el efecto de refuerzo.

Existen también los métodos de la exposición falsa que persiguen el objetivo de distraer al espectador de algún elemento de la obra que posteriormente puede volver a aparecer.

Independientemente de la exposición se utiliza el enlace en el drama donde se introduce el motivo dinámico que determina el desarrollo del argumento. En el drama el enlace suele ser el inicio de la obra que lleva a diferentes situaciones siempre relacionadas con la idea principal. El enlace está vinculado con el desenlace, donde se resuelve el conflicto del drama. A pesar de que el teatro tradicional prefiere colocar el enlace en la exposición, existen otras formas teatrales que lo mueven adentro de la obra para “enredar” al espectador, mantener la atención durante toda la obra.

En todas las obras teatrales están presentes los obstáculos que tienen que superar los personajes. A menudo se utilizan los motivos de ignorancia y de no reconocimiento que sirven para la posibilidad de atrasar la introducción del motivo principal y comunicarlo en el transcurso del argumento. Este sistema no suele ser complicado, a veces el espectador no sabe lo que pasó (pero sí lo saben los personajes), a menudo sucede al revés, los espectadores están enterados de alguna situación en la que no estuvo presente algún personaje o grupo de personajes. En el “desenredo” de estas situaciones los personajes o los espectadores se sienten intrigados, se trata del sistema de la intriga.

Uno de los elementos claves dentro de la obra es la motivación de las entradas y salidas de los personajes. En la tragedia antigua se trataba de la unidad del espacio abstracto, cuando los personajes, sin ninguna motivación, entraban, pronunciaban los parlamentos que les correspondían y se retiraban igual, sin motivación. Posteriormente el espacio abstracto se venía sustituyendo por el espacio concreto (una habitación, hotel, plaza, etc.) donde se juntan los personajes. A partir del teatro del siglo XIX se utilizan, por ejemplo, los interiores, es decir, un cuarto donde vive el personaje y se buscan los motivos para desarrollar el argumento en esta habitación.

En el drama suele utilizarse el desenlace tradicional (muerte de los personajes, boda, catástrofe, etc.) lo que se explica en que el interés en la obra teatral no está centrado tanto en el resultado en sí como en el proceso o en el desarrollo, en las intrigas y en las situaciones que esto conlleva.

Hay que recordar que asistimos al teatro no sólo para ver una obra, sino la interpretación de los actores. El argumento del drama es tan sólo un pretexto o motivación para introducir los elementos y episodio memorables en los cuales haya posibilidad de demostrar los efectos de la interpretación y de la puesta en escena. El efecto de juego sirve de material de la obra donde debe tener lugar la maestría de los actores. Su papel en la obra no es descubrir la fábula en sí, el conflicto de la obra, sino demostrar los caracteres de sus personajes. Por ello existen múltiples formas de interpretar, de personificar, lo que originó diferentes tipos de teatro: pantomima, ballet, etc. En el caso del teatro dramático, la obra en sí es sólo el guión del argumento que permite desarrollar los postulados escénicos. En cambio, la obra dramática literaria es una fuente completa del placer estético donde el papel principal es interpretado por el lector. En esto consiste la diferencia entre el teatro y la literatura como dos tipos de arte independientes, aunque relacionados entre sí.

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