Las lenguas extranjeras y el éxito

Antón A. Toursinov

Los medios de comunicación modernos están orientados a las personas que dominan una o varias lenguas extranjeras. Por eso, en la actualidad, el dominio de las lenguas extranjeras se ha convertido en una necesidad principal no solo para los viajeros, empresarios que quieres expandir sus negocios, aficionados a la lectura, sino para cualquier persona que aspira a ser intelectual. Las lenguas extranjeras es uno de los componentes más importantes de una persona exitosa que no se limita a encerrarse en su propia cultura y en su propio entorno de la vida.

Es evidente que cada persona razonable quiere tener éxito en su área trabajo o de estudio. No hay duda alguna de que cada emprendedor sueña con ampliar sus proyectos y sus negocios. En este caso el dominio de las lenguas extranjeras es un paso inevitable. En primer lugar, esto trae conocimientos adicionales que nunca son demás; en segundo lugar, un especialista quien domina una o varias lenguas es mucho más cotizado a la hora de conseguir trabajo. Aun así, todo esto no es lo más importante. La posibilidad de conocer otros mundos, otras maneras de vivir y trabajar, otras mentalidades, todo esto hace de las lenguas extranjeras un verdadero camino al éxito.

No se sabe con exactitud cuántas lenguas existen en el mundo actual. Se calcula que son de 3 a 6 mil. Sin embargo, cada época histórica impone una o dos lenguas realmente universales e internacionales, sin las que un especialista en cualquier área de conocimiento o un emprendedor no puede desempeñarse al cien por ciento de sus capacidades. Ni siquiera puede aspirar a ello. En la actualidad, el inglés es un idioma sumamente útil para el mundo globalizado. No obstante, eso no significa que las demás lenguas tengan un papel menor. El inglés, entonces, podría considerarse la primera opción para el estudio, pero es interesante no detenerse allí, aprender otros idiomas, y junto con ellos, otras culturas.

Algunas personas podrán oponerse a esta idea argumentando que no todos son capaces de aprender idiomas. Es el primer error que suele cometer la gente sin fuerza de la voluntad o como pretexto para su pereza o falta de interés. Claro está que no todos tenemos las mismas capacidades, no todos somos iguales en el proceso de la adquisición de los nuevos conocimientos. A pesar de ello, en lo que se refiere a las lenguas extranjeras, todos podemos aprender más de una.

Está comprobado por los psicolingüistas que una persona que habla su propia lengua, es capaz de aprender otras. ¿Ejemplos? Japón. Es sabido que el 100% de los japoneses, además de una de sus lenguas nacionales, hablan perfectamente, como mínimo, una lengua extranjera – el inglés. Aunque la mayoría de los habitantes de aquella isla exitosa también dominan otras lenguas. No se puede decir que los japoneses en su totalidad sean más inteligentes que los demás. Más aplicados, más disciplinados, más metódicos sí, tal vez. Pero respecto a las capacidades lingüísticas, no. Nos dan un claro ejemplo de que todos somos capaces no solo de aprender una o más lenguas extranjeras, sino de saber utilizarlas.

Sabemos que es más fácil y cómodo empezar a aprender los idiomas cuando niños. La mente infantil es como una tabula rasa, capaz de percibir y arraigar cualquier tipo de información y conocimiento más rápido que la mente de un adulto. Esto tampoco significa que los adultos no puedan estudiar y aprender otras lenguas. Con más esfuerzo sí, se puede. Asimismo, la tecnología actual, el acceso a la información y la actualización constante del conocimiento universal ayudan de sobremanera a este proceso de adquirir un nuevo medio de comunicación y a ponerlo en práctica.

La tecnología nos permite agilizar el mismo proceso de aprendizaje, pero también, seleccionar el método cómodo para cada uno, adecuado a sus necesidades, su tiempo (o su falta), sus conocimientos previos (a una persona quien ya domina una o más lenguas, sean extranjeras o nacionales, le es más fácil aprender cualquier otro idioma), su edad, y a otros factores. Los principiantes, que se sumergen por primera vez en este universo de culturas ajenas a la nuestra, los que hacen su primer esfuerzo, suelen acudir a los métodos tradicionales de aprendizaje: ir a una escuela de idiomas (que son muchas) o estudiar con un maestro particular, seguir los pasos metodológicos, consejos del profesor. Y es válido. Otros, por tener más experiencia, prefieren estudiar solos, utilizando las herramientas disponibles tanto en internet como otras, a saber: viajar, chatear con la gente que habla el idioma a aprender, ver programas de televisión sin doblaje ni subtítulos, etc. En fin, con el mundo tan abierto y de posibilidades ya no hay pretextos para no poder ampliar el camino al éxito.

Con todo ellos se abrirán los horizontes nunca antes imaginables. Por ejemplo, se puede viajar de turista al país del idioma aprendido y conocer toda la información de primera mano, leer la literatura, obtener nuevas amistades. Igualmente, es muy difícil imaginarse a un hombre o una mujer de negocios que no aprecie su tiempo y sus recursos. El beneficio será mucho mayor: comenzando con el económico, porque se ahorra en los intermediarios-interpretes; beneficio del tiempo, porque se acortan los plazos de las conversaciones, de las negociaciones y otros aspectos importantes, gracias a que no vamos a esperar que un traductor termine de traducir todos los documentos (donde podría cometer un error o una falta significativa); y, por fin, el beneficio del trato directo con nuestras contrapartes en el extranjero.

Además de todo lo mencionado, no se puede olvidar de que el estudio de las lenguas extranjeras es un ejercicio cómodo e imprescindible para desarrollar y mantener la memoria y el razonamiento, entre otras habilidades, que tanta falta hacen en un mundo competitivo. La gente que usa más de una lengua en su vida diaria no padece de ciertas enfermedades actuales, como, por ejemplo, el mal de Alzheimer. En fin, las lenguas extranjeras ya no es un lujo, es algo habitual en nuestra vida.

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