¡No llores por Helena! de Silvia Bollat y Enrique Godoy Durán

Antón A. Toursinov

Hace un mes, en abril, en el panorama literario guatemalteco apareció una nueva novela que promete ocupar un lugar digno en nuestra historia de la literatura: ¡No llores por Helena!, escrita a cuatro manos por un escritor reconocido, Enrique Godoy, y una literata que está entrando en la narrativa, aunque con cierta experiencia poética en su haber, Silvia Bollat. Esta novela desde el momento de su publicación ha llamado la atención tanto por su argumento como por la estructura y diseño del libro.

A primera vista el argumento es bastante sencillo. La historia de cuatro mujeres de cuatro generaciones que reviven un pasado que las une. Los motivos de prejuicios humanos y la justicia son predominantes en la novela. Estos motivos nos conducen desde los principios del siglo pasado, en 1914 en Antigua Guatemala, donde comienza la novela, hasta la actualidad, la ciudad de Asheville en los Estados Unidos.

Dividida en ocho capítulos, la novela narra la historia que reune en sí las vidas de las cuatro protagonistas: Helena, Valentina, Raquel y Karen. Comienza con los primeros años de vida de Helena, un niña abandonada por sus padres en Antigua, quien resulta en un convento, donde conoce a Valentina. Después ambas llegan a trabajar de sirvientas en una acomodada familia en los Estados Unidos. De un salto conocemos a Karen, nieta de Raquel, quien descubre que existe un secreto familiar y decide descubrirlo.

A partir del tercer capítulo de la novela la trama da un giro inesperado para el lector, lo que llamamos “suspenso”, cuando las dos mujeres empiezan a conocer su verdadero origen. En los capítulos posteriores, que enlazan el pasado con el presente, el lector, junto a las protagonistas, revive estas historias, a veces espeluznantes, que marcan no sólo la cultura latinoamericana y guatemalteca, sino también la esencia del ser humano.

Aparentemente, desde la primera página, nos damos cuenta que la novela es un tanto femenista. Sin embargo, los enredos del destino de los personajes y el mismo argumento, que no nos deja soltar el libro hasta llegar a la última página, nos comprueban que no es un libro para mujeres. Las mujeres y su historia es un trasfondo, la manera más cómoda (y, como vemos, justificada) de mostrar esta naturaleza humana de sufrir, de ganar, de buscar la justicia y de superar los obstáculos.

Lo impresionante de la novela no es sólo su estilo, que es homogéneo, a pesar de ser escrita por dos escritores, no sólo su lenguaje en las narraciones y diálogos, sino también este simbolismo característico de la poesía. En este sentido se revela la naturaleza poética de los dos autores. La historia comienza y termina en un ambiente de agua: la primera frase de la novela “La lluvia no ha cesado en tres días y el río Pensativo se ha salido de su cauce” da pistas simbólicas a un lector atento. Recordemos que el agua es símbolo de creación de la vida y, al mismo tiempo, de elementos destructivos. Lo mismo sucede con muchas otras señales que nos envía el narrador, sobre todo los nombres de los personajes que no son elegidos al azar: Helena (símbolo de protección), Raquel (solidez e igual de protectora de lo suyo), Valentina (la que tiene valor), Karen y Montserrat (las dos simbolizan perseverancia y amantes de lo oculto), George (símbolo del hogar y de la amistad), etc. El lector quien sabe descifrar estas características, fácilmente adivinará el carácter y el papel de cada personaje dentro de esta historia.

Llama la atención también el diseño del libro. En la portada vemos una foto artística, realizada por la fotógrafa Melanie Pinetta, que recrea el Hyde Park londinense en otoño, la época del año más bonita y, a la vez, más triste de la naturaleza boreal. En la foto aparecen dos personas alejándose de nosotros por una alameda con las hojas amarillas y casi caídas ya, rumbo al gótico Albert Memorial. Por supuesto, cada elemento de la foto está relacionado con la novela através de esta simbología.

Aunque la novela está basada en los hechos reales, sucedidos precisamente con los personajes guatemaltecos, a los que los autores cambiaron los nombres,  pero cada lector, independientemente de su origen, de su cultura, podrá relacionar la historia con su propia vida, con sus propias vivencias. Justamente por eso ¡No llores por Helena! tiene todo lo necesario para ocupar un lugar digno en la literatura guatemalteca actual.

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