Sobre la ciencia lingüística

Antón A. Toursinov

conversacionesGuatemala es un país diminuto por su territorio pero enorme por su herencia lingüística y cultural, donde conviven 25 etnias de 4 orígenes diferentes: los mayas actuales que hablan las lenguas unidas por su supuesto origen común en la familia maya-quiché; los ladinos cuya lengua materna es el español que pertenece al grupo de lenguas romances – originados del idioma latín hablado en el Imperio Romano que se extendía desde el Norte de Europa hasta el Norte de África -, que a su vez pertenece a la familia indoeuropea que une, bajo el también supuesto origen común, la mayoría de las lenguas europeas y algunas asiáticas; el garífuna de origen afro-caribeño (producto de una mezcla de algunas lenguas africanas con el inglés); y el xinca, cuyo origen hasta ahora es desconocido para los lingüistas. Aclararemos que en dos casos, el de las lenguas maya-quichés y el de las indoeuropeas, se utiliza el concepto del “supuesto” origen común porque hasta ahora no se ha comprobado científicamente la existencia de sus “lenguas-madres”: del protomaya en el primer caso y del protoindoeuropeo en el segundo.

Así pues, debido a esta variedad cultural tan rica en Guatemala surge el interés de la gente, más que nada de los jóvenes, por la Lingüística. No obstante, existen muchas preguntas, muchas ideas erróneas, muchas equivocaciones, que a veces llevan a crear la imagen negativa o totalmente opuesta a los principios de nuestra ciencia. Trataremos de presentar la lingüística actual, explicar sus objetivos, sus preceptos más importantes y, quizá, dar algunas explicaciones a los que se interesen y quieran dedicar su vida personal y profesional al estudio sistemático para el bien de la comunidad lingüística. Sigue leyendo

Toma de decisiones y negociaciones

Antón A. Toursinov

negociarTarde o temprano cualquier especialista, cuyo trabajo depende de las relaciones sociales, debe pasar del análisis de las situaciones a la acción. Si esta está motivada por un análisis completo y correcto del problema, la búsqueda de las causas se reduce a simples reflexiones sobre la toma de decisiones adecuadas tanto para la empresa, como para los individuos. Es importante recordar que todas las acciones deben ser motivadas por la necesidad de la reacción adecuada sobre el problema.

La toma de decisiones es una actividad humana intelectual dirigida a la búsqueda de los caminos para lograr el objetivo propuesto, tanto en los negocios, como en la vida en general. De manera más amplia, se puede reducir la definición de la toma de decisiones a la selección de una o más variantes de acción entre todas las posibles. Como ejemplo, la administración (de negocios, pública, etc.) exige la capacidad de la toma de decisiones como la característica principal del profesional. Este proceso está presente en todas las fases de los negocios: desde la decisión de producir u ofrecer algún producto o servicio a la sociedad hasta llevar al mercado este producto o servicio. Todos los implicados en este proceso deben saber tomar decisiones: los jefes, trabajadores, analistas, expertos; la eficacia del trabajo depende de cada uno de los involucrados en el proceso económico del mercado.

En lo que se refiere a la toma de decisiones empresariales, se trata de las soluciones políticas, económicas, financieras, jurídicas, técnicas, mercadológicas, logísticas y, quizá, otras, en las que se sostiene el éxito del negocio. La mayoría de estas decisiones dependen directamente de los administradores que tienen que tratar a otras personas durante todo el proceso productivo. Así, es necesario saber explicar a otras personas (subordinados, colegas, socios, inversionistas, distribuidores, consumidores) el porqué de la solución propuesta. En este proceso se toman en cuenta las preferencias e intereses de todas las partes involucradas, aplicando no solo los meros cálculos, sino también las capacidades lógicas argumentativas.

Uno de los procesos más importantes que requiere la capacidad de toma de decisiones son las negociaciones. Las negociaciones es una actividad basada en la solución de un problema o conflicto y en la que participan como mínimo dos partes. Siempre se supone que los implicados tienen algún punto en común y por esta razón están interesados en resolver la situación de manera conveniente tanto para cada uno de los participantes, como para ambos. En caso contrario, no se trataría de las negociaciones sino de otras actividades de comunicación e interacción humana. Si los intereses coinciden por completo, se trata de la colaboración; mientras que en el caso de las divergencias totales de decisiones, se trata de la competencia, confrontación o una simple lucha de intereses.

Las negociaciones, más allá de lo empresarial, son una parte indispensable de nuestras vidas y de las relaciones interpersonales. Dicho de otra manera, es el camino más cómodo de obtener de los demás lo que uno necesita, pero sin afectar a los demás. No en vano este proceso se considera intelectual y, por consiguiente, requiere una capacidad colosal de la toma de decisiones. finalidades no menos importantes (en algunas situaciones quizá más importantes), como, por ejemplo, discutir con la contraparte un problema de mutuo interés o tomar una decisión conjunta. En cada caso concreto las negociaciones deben cumplir ciertas funciones que el especialista tiene que considerar a la hora de la preparación estratégica basada en la toma de decisiones.

La función informativa (o comunicativa) es propia del intercambio de los puntos de vista, cuando las dos partes aun no están dispuestas a actuar juntos en virtud de la conveniencia para el negocio o para cualquier actividad que estén realizando y desde la cual es importante tomar las decisiones. Esta función consiste en la presentación de los datos, hechos y, si es necesario, opiniones referentes al punto de negociación. El negociador tiene muy claro que el objetivo en este intercambio de puntos de vista no es convencer ni persuadir a la contraparte, sino presentar sus ideas y recibir las de la otra parte. Posteriormente, esta información ayudará a proceder con el análisis de las situaciones y a tomar las decisiones adecuadas.

Otros tipos de las negociaciones pueden requerir la función reguladora y coordinadora que se realizan, a diferencia de la función comunicativa, en los casos cuando ya existen relaciones de interés mutuo entre las dos partes y las negociaciones sirven para tomar decisiones basadas en los acuerdos previamente logrados.

Existen situaciones en las que una de las dos partes accede a negociar, pero sin la voluntad de resolver nada o, incluso, sin intenciones de intercambiar opiniones. Se utiliza este tipo de negociaciones, por ejemplo, para distraer la atención de la contraparte. Son comunes en el ámbito del comercio, cuando a una de las partes le interesa únicamente conocer la causa del éxito de la competencia o de la contraparte.

Existen diferentes tácticas para elaborar el esquema de las negociaciones con el objetivo de tomar  decisiones más apropiadas y de más ventaja para el negocio y para una situación concreta. El proceso de la toma de decisiones, como todo proceso intelectual, requiere una constante práctica y entrenamiento. No obstante, son cuatro puntos esenciales que ayudarán a no desperdiciar el tiempo y desarrollar de manera más cómoda las habilidades de toma de decisiones y, sobre todo, de un buen negociador.

En primer lugar, no se debe olvidar el costo de la decisión tomada. El segundo punto es la garantía del resultado de todo el proceso. A veces el camino más fácil no garantiza el resultado necesario para la empresa o para la persona. El tercer punto son las posibles pérdidas y su viabilidad respecto al resultado garantizado. Y por último, es el éxito global de las decisiones tomadas, el resultado a largo plazo que permita prosperar.

A veces se suele creer que las negociaciones son necesarias para llegar a un acuerdo. Aunque esta aseveración es correcta en general, no se puede obviar otras.

 

Publicado en revista Futuro, edición 193, año XVI, 2012, Guatemala

 

Consejos para una buena comunicación y redacción

Antón A. Toursinov

plumaLa comunicación lingüística es una de las capacidades únicas que posee el ser humano. En efecto, la gran parte de nuestras actividades se desarrollan a partir de la comunicación. Ningún ámbito social es posible sin el uso de la palabra. Además, ciertas actividades humanas se basan en la comunicación: la pedagogía y educación, el derecho, el periodismo y, por supuesto, la administración empresarial. La comunicación ayuda a organizar el trabajo; preparar, planificar y realizar distintas actividades. La capacidad de interacción verbal entre los seres humanos ha permitido avanzar en la historia, a llegar al progreso, a avanzar en la ciencia. Sin esta capacidad es imposible el desarrollo personal, la educación, la formación intelectual.

La invención de la escritura facilitó significativamente el proceso de la comunicación al permitir a la humanidad dejar los documentos importantes para las generaciones posteriores, crear la literatura, fundar los medios de comunicación, desarrollar de manera mucho más avanzada las investigaciones científicas. En el ámbito de la educación universitaria el proceso de la comunicación, sobre todo escrita, se convirtió en uno de los motores más potentes de la evolución académica y científica. Nacieron géneros académicos, tales como el ensayo, la reseña, el resumen, la tesis, etc. Y en los últimos años, con el avance de la tecnología, la capacidad de la comunicación se ha hecho primordial gracias a las exigencias de nuestros tiempos: educación a distancia, comunicación vía email y diferentes foros electrónicos educativos, clases on-line. Todo ello a menudo pone en evidencia las faltas de redacción (que en muchos casos llegan a ser bastante peligrosas) y exige el mayor cuidado del estilo de nuestros escritos. No en vano el escritor francés André Bretón dijo que el pensamiento y la palabra son sinónimos.

Es sabido que no es lo mismo hablar que escribir. La escritura obedece ciertas reglas lógicas y lingüísticas que deben ayudar a llevar la información precisa a los lectores. El lenguaje académico posee sus propias características que presentamos a continuación en forma de unos consejos que, esperamos, ayuden a crear los escritos claros, coherentes, y concisos.

Sea buen lector. Las personas que no leen, no saben expresarse por escrito. La lectura (de la literatura, de la prensa escrita, de los libros científicos y académicos) es una fuente inagotable no solo de sabiduría, sino también de enriquecimiento de nuestro lenguaje. Es triste escuchar a muchas personas incapaces de transmitir sus ideas de manera coherente por el mal uso de la lengua, por falta de las palabras y simplemente por su ignorancia.

Conozca a sus lectores. Es importante saber a quién está dirigido el texto escrito. Cuando enviamos una carta, solemos conocer al destinatario, sin embargo, en algunos escritos el lector se convierte en una figura abstracta. ¿A quién va dirigido el ensayo? ¿El artículo? ¿La tesis? No se puede olvidar que un lector especializado en la materia a la que está dedicado el texto posee más conocimientos que un lector que querrá aprender de este texto. En el ámbito académico se supone que el lector va a ser tan conocedor (o más) que el autor y esto nos permite, por ejemplo, evitar las explicaciones innecesarias, utilizar términos precisos, apelar a los datos conocidos por los especialistas.

Elija bien el estilo del escrito. No es el mismo estilo en una carta personal, en un anuncio o en una solicitud que en un ensayo, un artículo o en una tesis. Como ejemplo recordemos el uso de los pronombres que se refieren al autor y al lector. Si en una carta suena perfecto el “yo” y el “vos”, el “usted” o el “tú” (según la persona a la que se dirige), en un texto académico hay que evitar estas referencias. En lugar de “llegué a la conclusión” o “creemos”, es más conveniente el uso de los verbos impersonales (se llegó a la conclusión, se cree, se investigó) debido a que es más abstracto y la acción abarcará tanto al autor como a los posibles lectores y así los argumentos llegarán de manera más sutil a los destinatarios. Está de más recordar que hay que evitar las referencias directas al lector en un texto académico.

Evite las palabras y frases rebuscadas y no existentes. La palabra es el espejo de la acción o, como bien dijo Séneca: “Háblame para que te conozca”. El uso de palabras innecesarias, rebuscadas y hasta cursis no habla muy bien de los que las utilizan. No existe ninguna razón para escribir “me dirijo a su persona” en lugar de “le escribo”; y mucho menos “mi persona” en lugar de “yo”. Es más, estropean la lectura y no permiten entender bien el mensaje. Algunas palabras aparecen porque a alguien se le ocurrió que suenan más inteligentes. Pero el resultado es contrario. Por ejemplo, no existe “aperturar” en lugar de “abrir”, no hay “conversatorios” sino son “charlas”, “mesas redondas” o “coloquios”. Pero tampoco ayuda usar las mismas palabras o construcciones varias veces en una misma oración. Para evitar este error acudamos a los diccionarios: de la Lengua Española, de sinónimos, de antónimos y otros que ahora, incluso, están disponibles en la web. Y, recordando el primer consejo, sea buen lector.

No olvide la ortografía. Las reglas de escritura en español no son capricho de nadie sino fueron creados para facilitar la comunicación y mantener la lengua unida. En el mundo la ortografía española se considera una de las más sencillas, lógicas y amigables y la ponen como ejemplo para muchas lenguas cuyas reglas de redacción no se actualizan desde hace varias décadas si no siglos.

No se puede olvidar de muchos otros principios para que la comunicación sea verdaderamente una ayuda. Tener un buen plan de la estructura del documento puede ser un punto de partida para el éxito a alcanzar, en esto la lógica y el razonamiento son indispensables. Y quizá el consejo más importante de todos: leer nuestros propios trabajos (inclusive las cartas y mensajes electrónicos) antes de enviar o entregar: si uno mismo no entiende lo que escribe, nadie más lo entenderá.

 

Publicado en revista Futuro, edición 189, año XVI, 2012, Guatemala

Resumen y síntesis de los textos académicos

Antón A. Toursinov

ilustracion-lecturaEn la vida universitaria nos vemos obligados a someternos a ciertas reglas que, antes de entrar en la Universidad, no conocíamos o nos parecían lejanas de la realidad. Una de estas reglas es procesar una cantidad enorme de lecturas que dejan los profesores para sus clases. Tomando en cuenta que los catedráticos no consideran que también haya muchas lecturas para otras clases, la preocupación de los estudiantes es totalmente válida y legítima. Sin embargo, esta regla es inapelable en muchos casos. ¿De qué manera es posible leer tantos textos en un tiempo corto y cómo se puede retener en la memoria toda la información que contienen estas lecturas? Resulta que sí se puede y uno de los caminos más cómodos es desarrollar nuestra capacidad de abstracción.

La madre de todas las ciencias, la filosofía (y concretamente la lógica), demostró las ventajas de la abstracción en el razonamiento y en la argumentación. Los filósofos de la Grecia Antigua entrenaban su mente a través de esta capacidad de abstraer las ideas y la utilizaban en sus coloquios silogísticos donde tenían que argumentar alguna idea por medio de los juicios bien estructurados.

En la actualidad la capacidad de abstracción es necesaria, si no obligatoria, para cualquier persona intelectual. Es la única manera de poder procesar toda la información importante en un mundo donde la ciencia y la tecnología avanzan rápidamente. Tres conceptos de la abstracción son claves para el éxito intelectual de los universitarios: saber resumir, saber sintetizar y saber analizar. Quizá en muchos casos la falta de estas capacidades sea la razón del fracaso, no obstante, una vez concientizados estos conceptos, podemos aprovechar al máximo no sólo la información, sino también el tiempo que se gasta en las lecturas. Veamos en qué consisten el resumen y la síntesis.

El resumen consiste en la extracción de las ideas principales de un texto (un artículo, un libro e, incluso, de una conferencia) y en la presentación de estas ideas con las palabras del propio autor. Dicho de otro modo: se subrayan o se anotan las oraciones que contienen las ideas más importantes de un escrito, pero tal como las presenta el autor. Resulta que el proceso de realizar un resumen es una de las prácticas más comunes en las universidades y, además, es uno de los ejercicios más efectivos para desarrollar la memoria y las capacidades de abstracción y de argumentación. Aunque parezca que la búsqueda de las ideas principales pueda ser un trabajo cansado y hasta aparentar ser una pérdida de tiempo, en realidad es todo lo contrario. El proceso de resumir un libro o un escrito de gran extensión ayuda a ahorrar el tiempo si sabemos cómo hacerlo.

En los escritos académicos y científicos, al igual que en los periodísticos, la correcta estructura formal de las ideas es imprescindible. Cada autor elige la manera de presentar sus pensamientos y los resultados de sus investigaciones, sin embargo, hay unas normas comunes. Por ejemplo, cada párrafo debe contener solo una idea principal que no puede ser expresada en más de una oración. Al detectar el tipo de párrafo que utiliza el autor, la lectura y el resumen de ella resultarán muy cómodos. Las ideas principales pueden estar en la primera o en la última oración de cada párrafo.

Los párrafos que comienzan con la idea principal se llaman deductivos. En efecto, la deducción en la lógica es la construcción de unas ideas específicas (secundarias) que salen de una generalización (idea principal). Para el resumen se seleccionará, entonces, la primera oración de estos párrafos. Normalmente este tipo de presentación de las ideas es común para los libros de texto, para algunos escritos académicos y para el periodismo.

Por el contrario, si la idea principal se coloca al final, será un párrafo inductivo. El concepto lógico de la inducción consiste en que se llega a una generalización (idea principal) a partir de las especificaciones (ideas secundarias). Este orden de la presentación formal es propio de la mayoría de los textos científicos, de las conferencias, etc.

Además de estos dos tipos más comunes de la organización de las ideas, existen otros, menos usados: por ejemplo, hay párrafos de causa y efecto, comparativos, de secuencia y de conclusión, cuya estructura lógica se explica en sus nombres. En muchos textos se combinan varios tipos de párrafos siendo solo uno el más utilizado. Pero siempre hay que tener en cuenta la importancia de ubicar las ideas principales para el resumen. Como un pequeño ejercicio podemos resumir este artículo donde las ideas se presentan en forma deductiva. Al leer solo lo principal (las primeras oraciones excepto el primer párrafo en el que coloqué la idea principal al final), se darán cuenta de que el resumen presenta lo esencial para comprender el planteamiento del artículo. Con la práctica obtendremos esta capacidad de leer un texto académico fijándonos en lo principal y deteniéndonos en lo secundario solo en casos necesarios, esto nos ahorrara el tiempo y ayudará a retener la información en la memoria a largo plazo sin memorizar.

A diferencia del resumen, la síntesis consiste en presentar lo principal de un texto o de una conferencia con nuestras propias palabras. La técnica es muy parecida a la descrita para hacer un resumen, pero en lugar de extraer todas las ideas principales, en la síntesis presentamos lo esencial de manera reducida, condensándolo y, a veces, simplificándolo, con nuestro propio estilo.

La correcta utilización del resumen y de la síntesis también son base del pensamiento crítico y de la capacidad argumentativa, necesarios, por ejemplo, en un ensayo. Es conveniente repetir un pensamiento del clásico maestro de redacción Martin Vivaldi quien considera que “resumir no es tan fácil como pudiera parecer a primera vista. En general se corre el peligro de escamotear lo esencial y de caer en lo accesorio”[1], por eso la práctica de estas técnicas es necesaria. Eso sí, tenemos que ser constantes y consecuentes en esta tarea, realizarla siempre que se nos pida por los profesores y a base de cualquier texto académico o científico que leamos.

Publicado en revista Futuro, edición 188, año XVI, 2012, Guatemala

 



[1]Martin Vivaldi, Gonzalo (1982). Curso de redacción. Del pensamiento a la palabra. Madrid, editorial Paraninfo, p.325

Saber estudiar

Antón A. Toursinov

books1En las últimas décadas la historia ha acelerado el paso del desarrollo de tal manera que las cosas se vuelven obsoletas en un abrir y cerrar de ojos. La era de la tecnología, en la que estamos viviendo, permite gozar de los aspectos de la vida que antes eran difíciles de conseguir o eran accesibles solo para un círculo selecto de la población. Uno de estos aspectos es la educación superior que, basada en estas nuevas tecnologías, ya no es un dinosaurio rígido de antes, ahora podemos acceder a ella desde cualquier lugar y a cualquier hora. En la actualidad la educación universitaria se ha convertido en una verdadera inversión a largo plazo que vale la pena considerar para mejorar la calidad no solo de la vida personal y profesional, sino del desarrollo del país y del mundo.

Al comenzar los estudios, nos suelen surgir las preguntas: ¿Quién será responsable del éxito o fracaso de nuestra calidad educativa? ¿Cuáles son los beneficios de las clases individuales, a mi ritmo y mi manera, y por qué se nos recomienda asistir a las clases presenciales? Y las preguntas más importantes: ¿qué tan segura es la inversión del tiempo y del dinero en la educación universitaria en la época de la tecnología y cómo combinar el tiempo de trabajo con el de estudios?

Comencemos con la respuesta a la última pregunta. Al entrar en la universidad, es normal y lógico que se nos surja esta duda, tomando en cuenta que la mayoría de los estudiantes de ahora deben combinar su tiempo y saber dividirlo entre el trabajo, la familia, los estudios y, por qué no, la vida social. Es importante en este sentido la correcta planificación del horario basada en nuestras posibilidades reales. Desde el principio, antes de tomar la decisión de estudiar una nueva carrera sin dejar de trabajar, tenemos que contar con las posibilidades reales y considerar que el estudio debe ser constante, diario, planificado y en este proceso no puede haber excusas de ningún tipo.

A menudo se oye a los estudiantes disculparse con el pretexto de “tener que trabajar”, “problemas familiares”, etc., sin embargo, la correcta planificación y la toma de conciencia de que el avance de nuestra educación es nuestra responsabilidad, permiten evitar estos problemas. Además, en uno de los primeros lugares de las prioridades debe considerarse también la inversión económica. Si bien es cierto que se puede tener acceso a las bibliotecas online, a las consultas con el profesor y los compañeros de estudios vía email o chats, a la información digital de cualquier tipo (ya es inversión porque para todo esto hay que pagar la conexión a internet y tener computadoras más potentes), no es posible obviar la compra de mucha literatura tradicional (impresa), los materiales de laboratorio, etc. Todo esto es una inversión, a menudo a largo plazo, pero que vale la pena, y los gastos correctamente calculados, a los que debemos recurrir, ayudan a evitar los contratiempos.

En el transcurso de la carrera universitaria surgen algunos obstáculos. Como dice un refrán, si no tuviéramos problemas, la vida sería aburrida. Por muchas causas el proceso de aprendizaje se ve dificultado y los seres humanos solemos buscar a los culpables de nuestros fracasos, mientras que nos atribuimos a nosotros mismos los éxitos. Pero en la educación universitaria no es así la cosa.

A diferencia de un colegio o una escuela, donde el maestro y los padres son realmente educadores responsables de que el niño haya aprendido algo nuevo, en la universidad el papel del profesor es diferente. Es un guía, un orientador, un tutor quien nos dirige y nos enseña el camino, y nuestra obligación como estudiantes universitarios (gente con conciencia y con cierta experiencia en la vida) es seleccionar y elegir lo que realmente queremos aprender. Es por eso que no hay malas universidades, sino hay malos alumnos quienes creen que solo se aprende tratando con los profesores. Es la razón por la que las clases no pueden ser suficientes para un estudiante emprendedor quien buscará en ellas las referencias a lo que realmente necesita para saber a través de las discusiones y los diálogos.

Algunas veces se puede escuchar o leer las falacias basadas en la idea de que todo se aprende en la práctica y por eso el título universitario es nada más que un papel. Parece que solo a la gente fracasada o perezosa se le ocurren semejantes ideas. El profesionalismo y la preparación de un especialista con el título universitario se basan en la capacidad de argumentación e investigación.  Precisamente las discusiones en las clases son una fuente de la verdad y de la sabiduría. A pesar de los avances de la tecnología que nos permiten estudiar a nuestro ritmo desde cualquier lugar, sea nuestra casa o el trabajo, las clases presenciales en las universidades nunca se descartarán por ser el único camino lógico de aprender a argumentar y a investigar a través de las discusiones y los diálogos. Por esta razón es útil asistir a todas las clases presenciales que se nos propongan, evitar buscar las excusas de faltar a ellas y así aprovecharlas al máximo. Son un ejercicio insuperable del desarrollo de la aptitud de liderazgo y competencia a través de la presentación de ideas y del progreso del talento de superación y actualización de nuestros conocimientos en el futuro.

Estudiar en la universidad nunca ha sido fácil, es un trabajo extra. Tampoco es un derecho sino un privilegio intelectual, al que tienen acceso solamente las personas con criterios establecidos y metas fijas, capaces de ir abriendo el camino para poder cambiar sus propias vidas y a través de ellas la vida de sus familias, sus comunidades y el país en general. Como bien dijo Albert Einstein, nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber. Tomemos este aforismo como nuestra meta y así la aventura del saber nunca será un camino lleno de piedras.

 

Publicado en revista Futuro, edición 186, año XVI, 2012, Guatemala

Las lenguas extranjeras y el éxito

Antón A. Toursinov

Los medios de comunicación modernos están orientados a las personas que dominan una o varias lenguas extranjeras. Por eso, en la actualidad, el dominio de las lenguas extranjeras se ha convertido en una necesidad principal no solo para los viajeros, empresarios que quieres expandir sus negocios, aficionados a la lectura, sino para cualquier persona que aspira a ser intelectual. Las lenguas extranjeras es uno de los componentes más importantes de una persona exitosa que no se limita a encerrarse en su propia cultura y en su propio entorno de la vida.

Es evidente que cada persona razonable quiere tener éxito en su área trabajo o de estudio. No hay duda alguna de que cada emprendedor sueña con ampliar sus proyectos y sus negocios. En este caso el dominio de las lenguas extranjeras es un paso inevitable. En primer lugar, esto trae conocimientos adicionales que nunca son demás; en segundo lugar, un especialista quien domina una o varias lenguas es mucho más cotizado a la hora de conseguir trabajo. Aun así, todo esto no es lo más importante. La posibilidad de conocer otros mundos, otras maneras de vivir y trabajar, otras mentalidades, todo esto hace de las lenguas extranjeras un verdadero camino al éxito.

No se sabe con exactitud cuántas lenguas existen en el mundo actual. Se calcula que son de 3 a 6 mil. Sin embargo, cada época histórica impone una o dos lenguas realmente universales e internacionales, sin las que un especialista en cualquier área de conocimiento o un emprendedor no puede desempeñarse al cien por ciento de sus capacidades. Ni siquiera puede aspirar a ello. En la actualidad, el inglés es un idioma sumamente útil para el mundo globalizado. No obstante, eso no significa que las demás lenguas tengan un papel menor. El inglés, entonces, podría considerarse la primera opción para el estudio, pero es interesante no detenerse allí, aprender otros idiomas, y junto con ellos, otras culturas.

Algunas personas podrán oponerse a esta idea argumentando que no todos son capaces de aprender idiomas. Es el primer error que suele cometer la gente sin fuerza de la voluntad o como pretexto para su pereza o falta de interés. Claro está que no todos tenemos las mismas capacidades, no todos somos iguales en el proceso de la adquisición de los nuevos conocimientos. A pesar de ello, en lo que se refiere a las lenguas extranjeras, todos podemos aprender más de una.

Está comprobado por los psicolingüistas que una persona que habla su propia lengua, es capaz de aprender otras. ¿Ejemplos? Japón. Es sabido que el 100% de los japoneses, además de una de sus lenguas nacionales, hablan perfectamente, como mínimo, una lengua extranjera – el inglés. Aunque la mayoría de los habitantes de aquella isla exitosa también dominan otras lenguas. No se puede decir que los japoneses en su totalidad sean más inteligentes que los demás. Más aplicados, más disciplinados, más metódicos sí, tal vez. Pero respecto a las capacidades lingüísticas, no. Nos dan un claro ejemplo de que todos somos capaces no solo de aprender una o más lenguas extranjeras, sino de saber utilizarlas.

Sabemos que es más fácil y cómodo empezar a aprender los idiomas cuando niños. La mente infantil es como una tabula rasa, capaz de percibir y arraigar cualquier tipo de información y conocimiento más rápido que la mente de un adulto. Esto tampoco significa que los adultos no puedan estudiar y aprender otras lenguas. Con más esfuerzo sí, se puede. Asimismo, la tecnología actual, el acceso a la información y la actualización constante del conocimiento universal ayudan de sobremanera a este proceso de adquirir un nuevo medio de comunicación y a ponerlo en práctica.

La tecnología nos permite agilizar el mismo proceso de aprendizaje, pero también, seleccionar el método cómodo para cada uno, adecuado a sus necesidades, su tiempo (o su falta), sus conocimientos previos (a una persona quien ya domina una o más lenguas, sean extranjeras o nacionales, le es más fácil aprender cualquier otro idioma), su edad, y a otros factores. Los principiantes, que se sumergen por primera vez en este universo de culturas ajenas a la nuestra, los que hacen su primer esfuerzo, suelen acudir a los métodos tradicionales de aprendizaje: ir a una escuela de idiomas (que son muchas) o estudiar con un maestro particular, seguir los pasos metodológicos, consejos del profesor. Y es válido. Otros, por tener más experiencia, prefieren estudiar solos, utilizando las herramientas disponibles tanto en internet como otras, a saber: viajar, chatear con la gente que habla el idioma a aprender, ver programas de televisión sin doblaje ni subtítulos, etc. En fin, con el mundo tan abierto y de posibilidades ya no hay pretextos para no poder ampliar el camino al éxito.

Con todo ellos se abrirán los horizontes nunca antes imaginables. Por ejemplo, se puede viajar de turista al país del idioma aprendido y conocer toda la información de primera mano, leer la literatura, obtener nuevas amistades. Igualmente, es muy difícil imaginarse a un hombre o una mujer de negocios que no aprecie su tiempo y sus recursos. El beneficio será mucho mayor: comenzando con el económico, porque se ahorra en los intermediarios-interpretes; beneficio del tiempo, porque se acortan los plazos de las conversaciones, de las negociaciones y otros aspectos importantes, gracias a que no vamos a esperar que un traductor termine de traducir todos los documentos (donde podría cometer un error o una falta significativa); y, por fin, el beneficio del trato directo con nuestras contrapartes en el extranjero.

Además de todo lo mencionado, no se puede olvidar de que el estudio de las lenguas extranjeras es un ejercicio cómodo e imprescindible para desarrollar y mantener la memoria y el razonamiento, entre otras habilidades, que tanta falta hacen en un mundo competitivo. La gente que usa más de una lengua en su vida diaria no padece de ciertas enfermedades actuales, como, por ejemplo, el mal de Alzheimer. En fin, las lenguas extranjeras ya no es un lujo, es algo habitual en nuestra vida.

Creatividad e inteligencia

Antón A. Toursinov

La creatividad es propia para todas las personas, pero tal parece que la mayoría ni siquiera sospecha de sus capacidades y nunca piensa en ellas. Sin embargo, una persona inteligente es capaz de despertar estas aptitudes para poder utilizarlas en su vida tanto personal, como académica y profesional. Esto no significa que cada uno de repente pueda ser músico o poeta pero sí puede aprender a encontrar las maneras creativas y no tradicionales de resolver distintos tipos de problemas que se planteen. Este proceso intelectual creativo se llama razonamiento divergente.

El desarrollo de la creatividad depende directamente de la personalidad y de la preparación: cuanto más sabe la persona, le es más fácil analizar el problema desde varias perspectivas. La persona creativa se encuentra en un constante proceso de aprendizaje e intenta conocer no sólo lo que se refiere a su ámbito de actividades sino trata de ampliar sus intereses. Así, una persona creativa es alguien que piensa y razona de manera original y es capaz de tomar decisiones originales.

Para definir el proceso del pensamiento divergente, el sicólogo estadounidense Joy Paul Guilford define seis aptitudes que acompañan la creatividad: fluidez (capacidad para dar muchas respuestas ante un problema, elaborar más soluciones, más alternativas); flexibilidad (capacidad de cambiar de perspectiva, adaptarse a nuevas reglas, ver distintos ángulos de un problema); originalidad (se refiere a la novedad desde un punto de vista estadístico); redefinición (capacidad para encontrar funciones y aplicaciones diferentes de las habituales, agilizar la mente, liberarnos de prejuicios); penetración (capacidad de profundizar más de ir más allá, y ver en el problema lo que otros no ven) y; por último, elaboración (capacidad de adornar, incluir detalles).

Otro sicólogo estadounidense, Ellis Paul Torrance, considera que la creatividad incluye una alta sensibilidad ante los problemas, ante la falta de conocimientos o ante los conocimientos contradictorios; ante las acciones que se deben tomar para determinar los problemas, encontrar las soluciones a base de las hipótesis. La interpretación y la valoración de la creatividad requieren distintos tipos de los exámenes del razonamiento divergente, los cuestionarios sobre la personalidad y el análisis de la propia actividad creativa.

Uno de los especialistas en el razonamiento divergente, el consultor británico Andy Green, pone en práctica distintas técnicas del desarrollo de la creatividad y subraya que estos ejercicios deben corresponder a, por los menos, uno de los siguientes criterios: ayudar a detener temporalmente el análisis crítico; estimular la generación de ideas múltiples; permitir enfocarse en los detalles de la situación o en los problemas; ayudar a combinar los elementos heterogéneos; estructurar la información, elaboración de la idea y la valoración de la situación; apoyar la dirección creativa de los pensamientos; evitar la preocupación; asegurar el tiempo adicional para la creatividad.

A continuación se presentan, de manera resumida, algunas de las técnicas del desarrollo de la creatividad, propuestas por Green. Sigue leyendo

Patrioterismo, globalidad e individuo

Antón A. Toursinov

El siglo XXI a menudo lleva el nombre de la época de globalización. En efecto, ya no es posible que cada país, cada pueblo o, inclusive, cada persona, vivan aislados del resto de la humanidad, sobre todo cuando de los aspectos académicos, económicos y laborales se trata.

Durante la primera mitad del siglo XIX tanto en las artes como en la política nace un movimiento con fuertes raíces nacionalistas conocido como Romanticismo. Su idea central consistía en la independencia de los pueblos, el rechazo al multiculturalismo y la superioridad de una sola etnia en la composición social de la nación. Este patrioterismo es conocido ahora como chauvinismo. Sin ninguna base lógica se establecía que cada pueblo y cada raza tienen sus propios rasgos que les son característicos y que los diferencian de los demás pueblos y de las demás razas. La idiosincrasia se arraigó de tal manera en estos dos siglos de la historia de la humanidad que hasta ahora una gran parte de la población suele apelar a ella en todo el mundo.

Si es latino, es impuntual; el guatemalteco es trabajador, el gringo es emprendedor, el japonés es reservado, el inglés es prepotente, los franceses son buenos amantes, a los italianos les gusta hablar mucho, los suecos son callados, y un largo etcétera. Todos estos prejuicios no tienen ninguna razón lógica sino se basan o en la autopresentación o en las ideas que dominaron las mentes de muchas personas con poca sabiduría por distintas causas.

En el concepto del patrioterismo solo existe la imagen de lo colectivo, lo general, lo colectivo mientras que el centro de atención debe ser un individuo concreto. No hay que ser psicólogo para deducir que cada persona tiene su carácter diferente de los demás, no existe la tal cultura nacional que, en realidad, está compuesta por las culturas que a cada uno de nosotros nos inculcan primero los padres que nos educan y después los centros de enseñanza con sus maestros. La irresponsabilidad tanto de algunos padres como de algunos maestros es creer que el estado (los políticos) hará este trabajo de convertir a un individuo en la parte de una cultura colectiva. ¡Grave error!

¿Cuántas veces se puede escuchar las frases como “el profesor es un europeo y no entiende nuestra cultura” o “el fulano vino acá y nos impone las normas que son buenas en su país pero acá no funcionan”? Detrás de estas frases se ocultan las autojustificaciones del mal actuar y de la incompetencia real de los que se quejan y se hace creer que el profesor, el jefe o el “extranjero” es mala persona y nos está haciendo la vida imposible solo porque somos diferentes. Con la mentalidad basada en la idiosincrasia no es posible prosperar debido a que se buscan las razones que justifiquen nuestros rasgos negativos y rechacen lo verdadero positivo.

Si ponemos como ejemplo dos países tan lejanos pero a la vez históricamente parecidos como los EE.UU y Australia, veremos que el individuo (y no una etnia o un pueblo predominante) es la base de la sociedad. Eso significa que la educación se centra en la persona y no en lo colectivo. Quizá por eso nunca escucharemos allá sobre “nuestra cultura estadounidense” o “cultura australiana” sino las características individuales de cada persona. Hay quienes refuten diciendo que son estados jóvenes por eso no crearon su cultura y su idiosincrasia, pero es otra idea falsa. 200 años (más que muchas naciones latinoamericanas, africanas y europeas) es más que suficiente para crear la idiosincrasia. No obstante, en lugar de ella lo que se creó allá y les ayudó a prosperar no es la idea de una integración cultural o religiosa sino la integración personal e individual en la sociedad y el valor del individuo.

Es demás recordar el nacismo y el fascismo alemán, italiano, japonés cuyos orígenes no solo están en el Romanticismo europeo sino en complejos personales de sus ideólogos. La idea de la supremacía de una nación en el mundo, de un grupo étnico dentro del propio país, su papel “histórico” en la humanidad y, por ende, sus “derechos” sobre los demás es tan carente del sentido común como enfermizo. Estas pseudoideas estaban destinadas al fracaso desde su concepción.

La era en la que vivimos exige la globalización. No es una elección, es un hecho. Los que se oponen a ella, buscan arraigarse en el pasado. Pero hay que recordar que la historia (en griego “cuestionar”) enseña a no cometer los errores del pasado y progresar. El progreso es marcha adelante, en el tiempo no es posible retroceder, solo queda asumir lo negativo (y lo positivo) y sacar conclusiones para un futuro. Sin embargo, como vemos en la actualidad, esta capacidad de razonamiento no le es dada a todos. Por eso resurgen y renacen las ideas descabelladas del nacismo, del chauvinismo y otras tantas.

Los ámbitos académico y empresarial no pueden existir sin la globalización, sin la universalidad y sin la integración de todos los implicados en ellos, sin importar su origen étnico, racial, cultural y nacional. El conocimiento es universal por naturaleza por ello es sumamente provechosa la globalización para generar las nuevas ideas, los nuevos conocimientos, los nuevos modelos de producción y, al final, los nuevos mercados. Al fin y al cabo todo esto trae beneficio para todos: para cada individuo, para sus países y para la humanidad en general.

No se puede olvidar de que el bien común no es otra cosa sino la suma de los bienes individuales.  Es la razón por la que la idiosincrasia y las ideas nacionalistas son carentes de sentido.  El éxito de un individuo lleva al éxito de una comunidad y no es al revés.  La integración consiste en buscar los nuevos horizontes personales, laborales, académicos para el provecho personal lo que al final significa que será beneficioso para la familia y para la sociedad.  Abogar a las características culturales significa buscar excusas para el retroceso, estancamiento y mediocridad.

Publicado en revista Futuro, edición 196, año XVII, 2013, Guatemala.

El peligro de la sobrecarga informativa

Antón A. Toursinov

Al destacar una idea concreta de todo el abanico de pensamientos, imágenes visuales, sonidos que rodean nuestra vida, solemos aplicar una de las capacidades más importantes para cualquier persona: la capacidad de análisis. Esta se basa en la división de una idea grande en varias pequeñas. El análisis va de la mano con otro aspecto de suma importancia, con la síntesis, que se basa en la combinación de cierta cantidad de información asentada en algún principio determinado.

A estas alturas de la historia de la humanidad, con el predominio de la tecnología, la dificultad de procesar toda la información obtenida a diario, a cada momento, puede resultar frustrante. Tratamos de categorizarla, priorizarla a partir de nuestra experiencia de vida y de trabajo.

Todas las profesiones que requieren preparación universitaria exigen la capacidad de análisis. Una persona intelectual sabe a qué tiene que prestar atención. Así, el que no está acostumbrado a entrenar su mente, no se fija en los detalles cuando ve un objeto, obvía su importancia. Precisamente los detalles, su clasificación mental a partir de ciertos criterios, su integración y su relación con el objeto de estudio en su totalidad, permiten producir las ideas y, en general, ser productivo.

La pereza mental es un peligro para cualquier persona. Uno de sus efectos es la simplificación y limitación analítica que sustituyen el análisis por el “me gusta” o “no me gusta”. Estos efectos eliminan la verdadera valoración de los objetos, procesos, ideas y no permiten tomar las decisiones justificadas. Una de las causas que llevan a estos efectos es la sobredosis informativa a la que estamos sometidos en las últimas décadas.

Los especialistas psicólogos afirman que cada día es más difícil lidiar con el exceso de la información. El escritor estadounidense Alvin Toffler en su libro Future Shock (1970) predijo este efecto y le puso el término de “sobrecarga informativa”. Resulta que con la gran cantidad de la información que debemos procesar, el cerebro comienza a fallar y a negarse a analizar todos los datos y esto nos dificulta tomar decisiones en general o tomar decisiones correctas y precisas en particular. Aun si la persona logra tomar una decisión, inicia el martirio psicológico de obsesionarse con la idea de si la decisión es correcta o no.

La doctora estadounidense Sheena Iyengar, profesora e investigadora en la Columbia Business School, una de las especialistas en la toma de decisiones de más autoridad en el mundo, en su libro The Art of Choosing, analizó el proceso de la búsqueda del trabajo por los estudiantes universitarios. El resultado comprobó la hipótesis expuesta arriba: cuánta más información procesaban los estudiantes, cuánto más se enteraban sobre la compañía donde querían trabajar, los sueldos, su ambiente corporativo; menos estaban contentos con su elección. La duda carcomía a los postulantes: ¿acaso es un buen trabajo?, ¿qué tal si el trabajo que rechacé para aceptar este habría sido mucho mejor?

Es difícil si no imposible localizar la verdad en este huracán informativo. La situación es semejante a las redes sociales en internet donde cada uno habla de lo que le da la gana, lo que siente, presenta “su verdad”, sus versiones, sus valoraciones, y, sin embargo, es un trabajo mental titánico separar la verdad de lo imaginario, de lo falso o de lo exagerado. Este fenómeno, denominado por los especialistas “twitterización de la cultura” (o “facebookización”), ha revolucionado la mente de millones de las personas en todo el mundo, los ha vuelto adictos a los dispositivos electrónicos móviles para estar al tanto de lo que pasa en la internet casi 24 horas al día. No obstante, reconozcamos que también ha traído bastante beneficio tanto económico (más producción de estos aparatos significa más puestos de trabajo y más impuestos), tanto político (las últimas revoluciones en el mundo árabe, las manifestaciones en varios países, cuando la gente ha sido convocada en pocos minutos, y los demás han podido seguir en vivo estos acontecimientos vía redes sociales), como educativo (a través de la tecnología la educación a todos los niveles ahora es universal, las distancias no existen y la calidad ya no depende solo de qué tan lejos está la escuela o la universidad del “centro de la civilización).

Pero, en este flujo de datos contradictorios perdemos los detalles, perdemos el tiempo tratando de enfocarnos en las cosas de poca importancia y, como resultado, se nos olvida el objetivo de la búsqueda.  En lugar de desarrollar la memoria y las capacidades analíticas, el cerebro trabaja solo para percibir la información y “se recalienta”, absorbiendo más información de la que es capaz de procesar.  Todo ello lleva a las consecuencias cognitivas desastrosas. Sigue leyendo