La manipulación en la comunicación

Antón A. Toursinov

manipulacióndemediosEl ser humano por su naturaleza es manipulador por un lado y proclive a ser manipulado por el otro. La manipulación es parte de la comunicación cotidiana, sin embargo, tal parece que en los discursos de interacción social es una estructura esencial. Surge la pregunta: ¿es ético el uso de la manipulación en tales ámbitos de la vida como el académico, empresarial y otros?

En primer lugar, es necesario definir qué es la manipulación en la comunicación, cuáles son sus características. Se considera manipulación discursiva la influencia que ejerce el manipulador (emisor de un mensaje) para motivar al manipulado (receptor del mensaje) a comportarse o tomar decisiones necesarias para el propio manipulador. Esta es la razón por la que la manipulación se considera un proceso coercitivo.

Entre las características principales de la manipulación hay que destacar su naturaleza implícita, sugestiva y sutil. El intento de manipular al interlocutor-destinatario será exitoso siempre y cuando este no se dé cuenta de tal acción por parte de manipulador-destinador, y por consiguiente no le es conocida su finalidad. Es importante que el manipulado crea y esté seguro de que todas estas ideas, pensamientos, sentimientos y decisiones son suyas, tomadas por él mismo voluntariamente.

Otra condición necesaria de la manipulación radica en las debilidades humanas aprovechadas por el manipulador quien a menudo elige como blancos de la persuasión los sentimientos como el orgullo, el amor propio, el sentido de la propiedad, el éxito financiero y económico, el poder, el profesionalismo, la fama y, sobre todo, los sentimientos negativos hacia un “enemigo” (real o virtual) común. Nadie desea ser visto como pusilánime, cobarde, mezquino o ignorante, es por eso que estos sentimientos son con los que suele jugar el manipulador.

Y la tercera peculiaridad de la manipulación consiste en las capacidades lógicas y lingüísticas del manipulador, es decir, selección de los medios de lenguaje utilizados para la finalidad específica en la que se utiliza la manipulación. En este caso se suele partir del concepto de persuasión en la que se apoya la manipulación. A diferencia del convencimiento, la persuasión utiliza el proceso pasivo de razonamiento (o mejor dicho, proceso irracional e irreflexivo o hasta la supresión del razonamiento) lo que se logra a través de las apelaciones a los sentimientos y no a las razones.

En la teoría de la comunicación la manipulación se opone a la argumentación y es una de las estructuras de razonamiento habituales si no únicas en ciertos tipos de discurso: en el político, en el religioso, en la publicidad. En efecto, cuando se trata de las promesas y de las acciones no realizadas todavía pero proyectadas para el futuro, la argumentación es poco eficaz y la manipulación comunicativa forma bases de las estrategias muy convenientes.

Además, la manipulación constituye una estructura importante en el ámbito empresarial y de negocios y puede ser constructiva tanto en las relaciones interpersonales en esta esfera de la acción humana como en la práctica gerencial: desde la creación de la imagen de una empresa hasta el proceso de lograr el objetivo común o colectivo.

Por ejemplo, un empresario en vez de la coacción puede (y debe) utilizar la sutileza en la dirección del trabajo de sus subordinados, creando así una idea ilusoria de cierta independencia y libertad en las acciones de los implicados. Al mismo tiempo, un buen empresario debe ser atento y evitar que los subordinados lo dirijan y lo manipulen a él. Asimismo, todas las estrategias manipulativas que se utilizan en la comunicación empresarial (en las discusiones, en las disputas, los debates, etc.) pueden ser divididas en tres clases: manipulaciones organizacionales, psicológicas y lógico-lingüísticas.

La manipulación organizacional es típica para las negociaciones, discusiones y tomas de decisiones. Está orientada a la suspensión de las discusiones por un lado o, por el otro, al choque de los puntos de vista contrarios de los participantes. Todo ello tiene un único objetivo: llevar las negociaciones y las discusiones por el camino perjudicial para el oponente. Algunos ejemplos de este tipo de estrategias manipulativas son dar la primera palabra a alguien respetable cuyo punto de vista es beneficioso para el manipulador debido a que la primera intervención suele formar la percepción posterior; la entrega de los documentos necesario a última hora, lo que evita que la parte manipulada no conozca los detalles de las negociaciones y discusiones, etc.

Mientras tanto, la manipulación sicológica se fundamenta en el empleo de los métodos arteros que permiten jugar con los sentimientos del manipulado. Entre ellos se puede mencionar la burla y el reproche que, al irritar al manipulado, lo hacen cometer errores en sus comunicaciones y acciones; el uso excesivo de las palabras desconocidas para el interlocutor-manipulado quien no se atreverá a aceptar su ignorancia y así hacerlo creer ser inferior; el uso de la generalización (“todos saben”, “todos están de acuerdo”, “nadie ha podido”, etc., que, con el empleo repetitivo, hacen que el manipulado tome las decisiones cómodas para el manipulador); apelaciones a la autoridad en la materia a discutir y muchos otros.

Por su parte, las manipulaciones lógico-lingüísticas consisten en la violación consciente de las leyes y reglas del razonamiento o, por el contrario, en la habilidad de su aplicación con el objetivo de la persuasión del interlocutor inexperto: violación del principio de razón suficiente cuando los argumentos y las pruebas son correctas pero insuficientes; el uso constante de todo tipo de falacias de causas insuficientes y de razones irrelevantes en las que las conclusiones salen de las causas y razones incorrectas, etc.

La capacidad comunicativa de una persona razonable no solo permite utilizar la manipulación donde sea necesaria, sino detectarla a tiempo para contrarrestarla. Es imprescindible subrayar que las manipulaciones se convierten en destructivas cuando el abuso (comunicativo) sobre el interlocutor supera el nivel admitido por la actividad específica. De esta manera, partiendo de lo moral y, por consiguiente, lo ético, se puede deducir que las estructuras manipulativas en la comunicación son aceptables hasta que lleguen al límite de lo moral (se vuelven engaño, mentira, estafa, etc.)

 

Publicado en la revista Futuro, número 202, 2013