Soñar y estudiar

Antón A. Toursinov

En los últimos años la historia se ha desarrollado de tal manera que las cosas se vuelven obsoletas en un abrir y cerrar de ojos.  El progreso es positivo desde todos los puntos de vista: solo basta recordar que los que estudiamos las carreras hace más de 10 años íbamos a la biblioteca a consultar libros para la clase, dominábamos las técnicas de resumir la información (y con todo esto nos daba tiempo ir a parrandear) y otras tantas “barbaridades” que ahora ya se nos olvidan.

Ahora nos metemos en internet en las bibliotecas virtuales unos minutos antes de la clase, sacamos copias de libros, etc.  En fin, el progreso es muy práctico.  Sin embargo, como dicen por ahí, no hay que pecar por defecto ni por exceso porque hace daño.  El precio del progreso es caro: la falta de los sueños en los estudios.  ¿Cuántos estudian la carrera con la que soñaron de adolescentes?  A primera vista esto no tiene nada que ver con el progreso, pero sí, junto con la tecnología, se pierde el interés hacia el futuro.

La mayoría de los estudiantes eligen (o eligen sus padres) las carreras que permiten muy rápida remuneración en un futuro: contabilidad, derecho, etc. Pero se gradúa al terminar la carrera un mínimo grupo que de veras está enamorado de lo que estudia. Hay carreras que son nuestro sueño pero no todas existen en nuestro país. La pasividad, producto del progreso, no nos permite ampliar el horizonte y luchar por una beca en el extranjero.

¿Cuántos saben que casi todos los gobiernos “primermundistas” ofrecen becas a los guatemaltecos?  Nos asusta el esfuerzo que hay que hacer para obtenerlas. En fin, vamos a aprovechar lo bueno del progreso para alcanzar el sueño, la vida es una y hay que disfrutarla.