El Quijote, anotaciones de un lector 20

Jorge Luis Contreras

Capítulos 51 y 52

Vencido, enfermo, sin destino cierto, amarillo… el hidalgo fue, por fin, llevado a su aldea, a su casa, al seguro mundo que los otros le preparan diligentes.  Ha habido tiempo para una historia más (un cabrero que habla con los animales), para un enemigo más (otras invenciones del hidalgo que terminan en molimientos y magulladuras), para la ignominia del caballero inconsciente trasladado al refugio.

El revuelo fue generalizado.  Cervantes, cruel, hace que el héroe vuelva a casa un día de mercado. Es hora de dar cuentas. Sancho, increpado por su mujer anuncia que lleva las manos vacías pero tiene un corazón lleno de ofrecimientos y de buenas intenciones que lo hacen sentirse el más rico de los hombres.

Mario Vargas Llosa propone en La tentación de lo imposible que Víctor Hugo es Narciso hablando de sí, mostrándose, pidiendo, con la más extrema de las sutilezas, la atención de todos, disfrazado entre sus líneas nada miserables. Cervantes vuelve a sorprendernos cuando, al término (un poco precipitado) de su obra intenta decirnos que otro ha sido el autor, que otros buscadores de tesoros pierden, encuentran y vuelven a perder páginas que cuentan la vida del Quijote.  Traductores, curiosos, suertudos, incautos… se topan con el relato encriptado, deshojado, desarmado… fascinante.

Cervantes ha fundado la gran novela moderna, ha fabricado dos personajes definitivos, ha hurgado en las profundidades para plasmar las aspiraciones que duermen en la noche de Freud.  Pero Cervantes es un soldado, y como tal está cansado de novelar, quiere acción, quiere cerrar la página, dejar en suspenso a los lectores apasionados, acabar con su Quijote, lanzar la piedra que ha de trascender tiempos y sitios para ser el asidero de teorías, desvelos, gratas desocupaciones, infames simplificaciones… eternas conjeturas.

¿Por qué debe interesarnos estudiar el idioma?

Miriam Castellanos (*)

Porque por medio de este podremos conocernos, saber quiénes somos, y hacia dónde nos dirigimos.  Y en la medida que lo logremos, conoceremos al otro… a usted, a usted y a todos, a través del uso que le demos al idioma.  Para Oliver Holmes: «Toda lengua es un templo, en el cual está encerrada, como en un relicario, el alma del que habla».

El viaje que mis compañeros y yo emprendimos gracias a este diplomado, fue uno hacia las entrañas mismas del tesoro más valioso que pudieron heredarnos… el idioma, nuestro idioma español.

El primer paso fue aguzar el oído; y aunque conocíamos los sonidos, nos familiarizamos con la dulzura y la agresividad, el énfasis y el titubeo, la pasión y la amargura de muchos de ellos.  Poco a poco danzamos con las inflexiones, que hacen de las palabras, el inicio o el fin del diálogo sonoro.  El canto de sirenas nos embrujó; y así, nos llevó a contemplar la creación de palabras, de frases, de la historia misma.

Los sonidos son uno y todos a la vez.  Se unifican y se diversifican en, y para la creación.   El océano de ecos por el que transitamos, inmenso y portentoso, nos condujo hacia tierra firme, en donde nos adaptamos a las palabras, su esencia y sus cambios.

Ya en terrenos de las voces, nos dispusimos a comprender sus relaciones.  Aprendimos más que gramática; comprendimos que las palabras son “entes sociales”, que necesitan la compañía de otras, para cumplir su misión.  También identificamos a las solitarias, que si habitan solas, es porque su carga es:  intensa, vigorosa, rotunda y completa.

Como todo ser libre, las palabras juegan diversos papeles, aunque no todos son permitidos, y el habla insista en ordenarlas a su parecer. Es aquí donde la norma se encarga de ubicarlas y explicar el porqué de su correcta disposición.  Neruda, al respecto, graciosamente dijo: «Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció». Esto significa que, aunque la lengua se apoye en la norma, el habla, rebelde, se expresa con total libertad. Está en nosotros educar al habla, para que vista galas de damisela sin perder su identidad.

Descubrir nuestra riqueza léxica nos ubicó; hizo que conociéramos y reconociéramos nuestras fortalezas y también nuestras debilidades en el uso de vocablos.  Nos enteramos, también, de los cambios que la Real Academia Española dispuso para acerca el idioma a los usuarios.

Finalmente  llegamos al encuentro del tesoro al final del arcoíris.  Pudimos palpar la historia, conocer el origen y percibir el olor de los años transcurridos.  Volvimos a escuchar a las palabras, pero esta vez, contándonos su vida, sus varios significados… los años de añejamiento.

También conocimos a las expresiones prestadas, a las heredadas, a las autóctonas, a las noveles, a las cultas, a las trilladas por el uso, a las caducas, a las técnicas y hasta las que aún no se han inventado en nuestro idioma.

Juntos, abrimos el cofre cuyo olor a conquista nos hizo escarbar.  Nos maravillamos ante la amplitud y la profundidad de los varios diccionarios que existen.  Aprendimos a ir tras la pista, a descubrir a la tatarabuela de algún vocablo o expresión, cuya procedencia o razón de existencia desconocíamos.

Nos complacimos al encontrar compiladas en un diccionario, muchas de las expresiones guatemaltecas pero también, nos entristecimos al saber, que un terreno tan fértil y basto como el de los guatemaltequismos, sea asunto que solo ha interesado a unos pocos.

Las palabras son testigos de los momentos del hombre, de sus hazañas, pero también del descuido y peor aún, del desprecio.  El idioma es nuestra carta de presentación, nuestra esencia, nuestra idiosincrasia.  El español es una lengua que tiene magia y policromía, que une pueblos, que trasciende, que crece y poco a poco va envolviendo a las naciones.

No podemos permitir que el nuestro, sea un español atropellado por el uso incorrecto debido al desconocimiento de sus normas y que esto lo lleve a perderse dentro de una nebulosa que lo condene a la putrefacción…

¡No podemos permitirlo!

El uso correcto del idioma no es una mera disposición social.  Cada vez que empleamos incorrectamente la lengua, cuando no sabemos qué vocablo utilizar y rellenamos los espacios con expresiones ambiguas e imprecisas, estamos gritando a los cuatro vientos: ¡estos son nuestros límites!

Miguel de Unamuno fue muy acertado al respecto, cuando escribió:  «La lengua no es la envoltura del pensamiento sino el pensamiento mismo».

El lenguaje también posee su ciencia… es una como cualquier otra, que requiere dedicación y esfuerzo, pero sobre todo, respeto y amor.

Leamos, investiguemos, consultemos diccionarios, escribamos, preguntemos a quienes saben y si sabemos, compartamos nuestros saberes para mantener vivo, vibrante y elocuente a este nuestro idioma, EL ESPAÑOL.

Muchas gracias.

(*) Palabras expresadas por la alumna Miriam Janeth Castellanos Salazar, durante la graduación del Diplomado en Lingüística Española el 11 de agosto, 2012, en el Auditorio Milton Friedman, UFM.

Medals and Tears: The Only Takeaways from the Olympics?

María Inés Flores

Since July 27th, I have watched as much television as I can.  I normally don’t watch a lot of tv, but this phenomena occurs every four years:  during the summer Olympic Games.

If you are a college professor, researcher, or staff member, perhaps you have not followed the Olympics news closely nor made it a priority to watch Michael Phelps, Gabby Douglas, Usain Bolt, and other world-class athletes perform.  The other Olympic athletes – the ones who perform well but do not contend medals – have probably not grabbed much of your time at all.

But don’t worry, this is not meant to be an accusation of any kind. To most people, it makes sense that many academics limit the amount of time they spend watching Olympic sports, since they have a busy schedule and derive no concrete takeaways to enrich their work.  True? False!  Watching and discussing the Olympic Games can be a wonderful learning tool, applicable to many subjects and in many different ways.

Let us consider Francisco Marroquín University in Guatemala City, whose mission is the teaching and spreading of the ethical, legal, and economic principles of a society of free and responsible people.  How are the Olympic Games relevant to this important mission?  A good example lies in how performance is evaluated and rewarded in non-racing and other sports where the results are not obvious or measured by technology.

How do you we know whether Phelps or Le Clos won the men’s 200m butterfly? That’s easy: there’s an electronic scoreboard, which is connected to highly sensitive touch pads, which tells us.  And how do we know who won the men’s high jump?  Simple:  Ivan Ukhov jumped 2.38 meters, which was 5 centimeters more than the closest competitor.  There are no opinions, there’s no confusion or controversy.  But how do we know whether the best female gymnast in the world is American Gabby Douglas, or the Russian Victoria Komova, whose beautiful and difficult floor exercise routine was expected by many to earn the 15.40 score she needed to surpass Douglas?  Even for the few of us who can identify slight performance mistakes, Komova’s floor routine was nearly perfect, her score was too low.  As good as Douglas is, Komova’s performance was superior on that event, that particular day, therefore she should have won the All-Around gold medal.

But rules mandate that the scores be awarded by the people who have chosen to be the judges.  These judges, in turn, spend years studying the Gymnastics Code of Points and building their careers, often starting at beginner level competitions and escalating until they reach Olympic level judging.  Finally, the rules delineate the amount of bonus points awarded for each skill based on its level of difficulty, as well as the points to be deducted for each type of mistake.  So theoretically, at least, there shouldn’t be confusion or controversy here, either, but since people are deciding which athletes stand on the podium instead of the height of a bar or an electronic scoreboard, reality is, of course, a bit different. Judges are biased, have personal and political interests, and can err.  On that day, many people felt that the rightful All-Around champion was Komova, but it was not our job to decide.

In sports like gymnastics and diving, are the scores always fair? Probably not, but there is a set of regulations in place, and these ought to be followed. There is a system whereby some people make (and change) rules, other people interpret rules, and others enforce rules. This is how a law professor introduces a lecture to his students, how it happens every day in court, and how it happens or at least should happen, at the Games in London right now.

In gymnastics competition, as in life, we may often root for the underdog, whether it is the first Chilean gymnast to ever qualify for event finals, or the employee charged with falsifying information and fired just two years away from retirement. For many reasons, it would be inspiring and wonderful for the Chilean gymnast to receive a medal for his great performance, but by the judges’ evaluation, he did not earn one of the top three spots. Therefor, there was no medal for him.  Law professors would state that the rule of law applies.  Likewise, we may sympathize with the 54-year-old supervisor who inadvertently did not report information on the manufacturing plant’s problems and lost his job, with no severance package and a sickly wife, but since he was contractually obligated to disclose all relevant information to management and failed to do so, immediate termination was the outcome.  Once again, the rule of law applies … in the Olympic Games, in labor law, in life.

Another important takeaway from the Olympic Games is the International Olympic Committee’s  sanction of the athletes who lost on purpose.  Chinese, South Korean, and Indonesian badminton doubles players were losing on purpose, in order to compete with the desired team in the following match.  Despite being booed by the audience and receiving a warning from the referee, the players continued with this behavior, until they were disqualified. [i]Olympic athletes who are representing their countries are obligated to put in their best effort… but is it a legal obligation as well as a moral one?  We do know that athletes are sworn in by their home country’s Olympic Committee before departing for the Games, and everyone agrees that at minimum, this was poor sportsmanship, conduct unbecoming of the Olympic values.  The IOC has mentioned the possibility of reimbursing the spectators who paid good money to see real badminton matches. In addition, both the Badminton World Federation and the IOC have committed to investigating the matter and taking further action, since they have declared that this is a very serious matter.  I’m sure that my friends in academia will agree that this case, and many others throughout the Olympic Games, can help to teach the ethical and legal principles of a society of free and responsible people.

My favorite 2012 Olympics moments so far have been Kirani James trading name tags with legendary Oscar Pistorious, Aly Reisman putting her gold medal around her coach’s neck in symbol of their victory, Félix Sanchez sobbing on the podium as the national anthem of Dominican Republic played, and the most special of all, Eric Barrondo’s second place finish in the men’s 20 km Walk, which made him the first Guatemalan athlete in history to win an Olympic medal.

I don’t need to justify watching the Olympic Games… I simply love doing it!  But medals and tears are not the only takeaways.  I invite the super smart people in the academic world to consider watching, too: they could take away important lessons as well as contribute to passionate classroom discussion and learning!

Guatemala City, August 7th, 2012


[i] http://aol.sportingnews.com/olympics/story/2012-08-01/olympics-2012-badminton-players-lose-on-purpose-throw-the-game-kicked-out

El Quijote, anotaciones de un lector 19

Jorge Luis Contreras Molina

Capítulos 49 y 50

Cacofonías. Y la voz de Sancho es la del inocente ambicioso que se ha ido transformando gracias a la cercanía del hidalgo Quijote.  Ya argumenta, ya anuncia que también el caballo está triste porque su amo no quiere entender que no hay encantamiento, que lo llevan a la mala, que le quieren vedar el derecho de ser, que le mueven el destino hacia la cordura indigna.

Y Sancho no es bueno para argumentar; pero es un hombre práctico que logra llevar al soñador hacia el terreno de la comprobación.  Si el hidalgo fuera de la jaula hace lo que todos los humanos, entonces ha sido engañado. Y sucede.  Don Quijote sale y vive su condición de normalidad; pero solo para anunciar que el hechizo es muy poderoso, tanto que hasta le permite actuar como todos.

El canónigo sigue espantado por el género de locura del caballero. Los libros son culpables del permanente delirio del héroe.  Lejos y volando está el Quijote que ahora arremete, con ciertísimos argumentos, contra falsas apariencias del canónigo.  Como la canción, Amadís es más verdad que la verdad. Falso el negador de hazañas, falso el obtuso horizonte del letrado, falsa la prisión, falsas las voces, falso el mundo que se rebela contra el único que vive de verdad.

Los libros de caballería, y más esta parodia magistral, nos hacen mejores seres humanos, destierran la melancolía, sanan, nos hacen valientes, diligentes, de buena sangre, generosos, corteses, atrevidos, sensibles, estoicos, caballeros, quijotes.