Irene Carlos

El texto que presentamos a continuación fue publicado en el catálogo “delARTEalNIÑO” de la XI exposición-venta de arte contemporáneo organizada por Funsilec – Fundación para la superación integral de menores con lesión cerebral – y en la que Martín Fernández-Ordóñez, coordinador de Historia del Arte del Departamento de Educación UFM, participó como curador y museógrafo.

Irene Carlos

Fotografía publicada en la página web Panorama Noticias, http://panoramanoticias.com/wp-content/uploads/2014/08/irene.bmp

Mi primer contacto con la obra de la artista guatemalteca Irene Carlos fue durante mi época de estudiante universitario. Reinaba una euforia colectiva entre los pocos románticos que estudiábamos historia del arte como carrera profesional y ese sentimiento nos empujaba a visitar cuanta exposición se inaugurara en el momento. No estoy seguro si fue en el año 1997 ó 1998, pero recuerdo muy bien que visitamos una muestra de pintura de Irene en la desaparecida galería Plástica Contemporánea. Tengo muy presente lo mucho que me impresionó su mundo simbólico, su metafísica del origen, sus cuestionamientos existenciales. Hubo una charla antes de la inauguración oficial de la cual no recuerdo nada, pero las imágenes de aquellas obras se quedaron grabadas en mi memoria.

Hace muy poco, aproximadamente 17 años después, tuve la oportunidad de reencontrarme con Irene en su casa, en la que vive rodeada de algunos ejemplos de su largo recorrido como artista, testimonios que revelan su incansable búsqueda de respuestas que tal vez no existen, pero que ella no deja de plantearse.

Posiblemente uno de los aspectos que más llama la atención de la obra de esta polifacética artista, viéndola como un todo, es la habilidad con la que se ha sumergido en una amplia variedad de técnicas. Del trabajo con fibras a la pintura, de la pintura a la cerámica, de ésta a la fibra con pintura, al collage; de la técnica mixta sobre papel a la escultura, de todo lo anterior a la fotografía. Sigue leyendo

Un experto

Jorge Luis Contreras Molina

DespedidasConozco la noche. Nadie sabe más que yo de silencio, de negación, de oscuridad impermeable y perenne, de reflexiones absurdas, del motor que imagina nublado por ciegos seres. Me quedan veintinueve días.  Esto si aplico la inteligencia, la ley de los promedios y algo de la teoría de la probabilidad a las escuetas palabras del eminente doctor que hablaba de los plazos fatales como si viera llover. Pérdidas. De la memoria, graduales de ciertas funciones, repentinas de otras. Evadía la predicción. Si la dieta, si el clima, si los medicamentos, si el sistema inmunológico. Por fin acudió a cierta valentía que había olvidado. Entre uno y seis meses.

Sé mucho de laberintos. Nadie conoce mejor que yo la renuncia disfrazada, la esperanza poblada de inmoral rebeldía, el ir y venir montado en el péndulo de lo que quise, de lo que pude, de lo que debí ser. Hacer algo por la vida. Dejar el mundo mejor que como lo hallé cuando agosto en Totonicapán, dijo Felipe. Sucedió con cierta alegría. Varón, el primero, largo y fuerte, de piel clara, igualito a la imagen del abuelo que era casi un mito de la familia.

Memoria sensorial. Recuerdo tibias lágrimas viajeras, nobles brazos llevados al límite para resistir el embate hostil de alguna fiera imaginaria, pies perfectos deformados por el peso implacable de una labor destinada a las bestias, música feliz de un tiempo que se agosta hasta dejar de ser.

Aprendí a descifrar la vida. No toda. Solo ciertos fragmentos elegantes que conseguí en la tienda de sueños donde el porvenir se ofrece en cien cómodas cuotas. Cierto día de marzo recibí el beso que me marcó. Uno puede llevar este signo incluso cuando arrugas prematuras y parásitos hambrientos de vida han afeado un rostro que merecía un mejor destino.

Veintinueve. Ojalá no supiera contar. Ojalá soñara. Ojalá el mareo que produce ver y no al horizonte cotidiano fuera únicamente uno más de esos días informes que moldean las vidas. Quizá no nací en agosto, quizá ella no me besó, quizá los cien estudios y tratamientos falsos fueron un mal sueño, quizá tenga tiempo de visitar otra vez al que mira la lluvia, quizá este grito es un sordo reflejo que el espejo de los sonidos deforma con cierta malicia.

Adiós parcial

Jorge Luis Contreras Molina

 

grandma

Su mirada había aprendido a ser vaga desde hacía mucho tiempo. Seis hijos, dos pérdidas, tres nietos promedio por hijo, cuatro operaciones, algunas enfermedades reales, una voz que siempre fue de mujer, siempre apagada, siempre en sordina.  Cierta clase de vida que pasó de repente de la opresión paterna a la de un falso segundo padre que fue todo lo bien que pudo ser. Un trabajo de medio día, un corre-corre de todo el día, un querer criar, querer vivir, querer trascender de cierta indefinible manera. Una vida normal llena de ruido, llena de pequeños viajes siempre cerca, siempre para conseguir un ocio que la hacía un poco superior a las otras.  Una vida llena de voces cotidianas que sembraban rutina, responsabilidad, acciones mecánicas obligatorias y casi dignas. La mujer se hizo vieja mientras rezaba un Dios bendiga los alimentos.  De repente había canas, pocas energías, muchos prejuicios, y un mundo que se le había escapado.

María está ahora con su mirada vaga de siempre. Espera al nieto número cinco.  Entraron juntos a este restaurante moderno que no sabe de sentimentalismos. Él fue a comprar la comida rápida.  Él recibió una llamada de cierta mujer condenada al ciclo. Él salió sin pensar. Una llanta, un pequeño choque sin trascendencia, un susto menor, un te quiero aquí ahora que estás de vacaciones. Él no lo hizo por maldad porque tiene el alma buena. Solo salió a su compromiso inmediato. Solo olvidó a una vieja de mirada vaga que se dice abuela suya.

 

Sábado de gloria: día de Judas

 

Mario Rodolfo Morales (*)

judasEra sábado de gloria. Ese día hicimos, Romelio y yo, romería desde San Felipe de Jesús hasta el Parque Central. Con curiosidad y socarrona alegría observamos los judas colgados de los postes de madera, que entonces solían usarse, para alumbrado eléctrico, a la orilla de la carretera. Eran unos judas estrafalarios, que se iniciaban con unos sombreros de fieltro, sombríos de media copa y enguatados de satín. La cabeza consistía en una pantimedia de mujer, canela oscura, rellena con aserrín. Un bigote espeso sobresalía en el rostro del judas, y una mirada perdida desdibujaba el intríngulis de los vecinos que apedreaban al judas colgado de una soga, quizás robada de algún tendedero que luego alguna ama de casa reclamaría. Completaba al estrambótico personaje un saco viejo y roto, y unos pantalones, también rellenos de aserrín, que colgados parecían dos salchichones, que remataban en sendos zapatos, viejos y desgastados, que bailaban por el aire a cada pedrada que los chiquillos le lanzaban con vehemente puntería.

Pero lo que más nos llamaba la atención era el afiche pegado a la espalda del judas, que insinuaba las consabidas puyas dirigida a los vecinos que habitaban los alrededores, a quienes señalaban de groseros, malgestos, e iracundos, especialmente con los patojos a los que regañaban durante todo el año cuando estos se ponían a hacer travesuras por las vecindades. Esta era la hora de la venganza, la del “a todo coche le llega su sábado” con la cual disfrutaba la muchachada vecinal.

Cuando llegamos al Manchén, ya nos esperaba, atroz, Bényamin, el Atila de los insulsos de corazón. Sus chantajes, para el sábado de gloria se arreciaban para el nuevo amigo que se unía a la banda. Arreciaban precisamente ese día, que, para Bényamin, parecía ofrecerle disculpas al escarnio, a la chanza, a la burla, a la humillación. ¿La banda?, éramos los de siempre, pero nunca faltaba algún ingenuo que se nos uniera, sin saber a qué atenerse. Ese era el chivo expiatorio, el judas traicionero, al que martirizaba todo el día nuestro enjundioso Bényamin. Esa vez le tocó a Maco, a quien conocí por primera vez ese sábado de gloria. Con aquel calor endemoniado, de pleno verano, Maco exhibía una gorra nueva que le calaba hasta los ojos. En un descuido Bényamin se apoderó de ella y corrió hacia el judas que ya casi a medio caer, se mecía a medio metro del empedrado. Todos rieron a carcajadas, al ver al judas caído, con la gorra medio puesta en la cabeza, ya sin rostro, sin expresión alguna, destripado a fuerza de tanta pedrada.

En la primera intentona, Maco retrocedió sin comprender el ataque directo de que fuera objeto por parte de Bényamin, a quien apenas conocía por su nombre. Amedrentado no estaba. Avispado debía ponerse. No preguntó nada. Solo esperó el próximo ataque, sin demostrarlo, ni siquiera agazapado.

El sol lamía las piedras grises de la calle que lleva a la Merced. Ya Bényamin preparaba la trampa a su prójimo. Muy próximo a la fuente, en la plazoleta atiborrada de gente, que soslaya al frontispicio de la iglesia, yacía otro judas, más energúmeno nos parecía, tuerto, manco, pisoteado con furia, aplastado hasta la inmoralidad, este Iscariote, calumniado, de quien nadie supo si era alto o bajo, gordo o flaco, rubio o negro, embozado o desembozado se convirtió en el proyecto de la disidencia de nuestro querido Bényamin, el más pequeño entre nosotros, el perdonado, a quien le aceptábamos sus más conspicuas hazañas, a costillas de nuestros más genuinos dolores, porque él también era un dolor en carne propia, en su efigie truncada, en su cabeza de cíclope, en sus lastimeros llantos nocturnos, que a mí como su hermano, tocábame vivir.

Las risas saltaron con desquite del rostro, hasta hace poco indiferente, de Maco, eran risas que decían que este judas era el idéntico reflejo de nuestro Bényamin. En principio quedé como estatua de hielo, con pies de plomo, con una carga en los hombros que no soportaba. El llanto fluyó, como un río escandaloso. Dentro de la fuente, casi ahogándose, pataleaba Bényamin. Unos turistas, con lástima que en verdad lastima, sacaron al pequeño Iscariote del agua, quien se defendía a manotazos de sus salvadores. Nadie dijo nada, el muchacho temblaba de frío en pleno verano de abril. Callados nos dispersamos. Secretamente sé que esto lo hubiera querido hacer yo, hace mucho tiempo atrás. Marcos resultó un rocadura, casi la piedra filosofal, la transmutación de las joyitas que como Bényamin, andaban a la deriva en espera de la horma de sus zapatos. Así que después de ser una garrapata entre los dedos, un blanquillo entre los más cojonudos, tuvo que abdicar a su reinado, y sufrir como un judas en pleno, llano y rotundo sábado de gloria.

 

(*) Mario Rodolfo Morales Morales es alumno del Diplomado en Lingüística Española. Preparó esta narración para ejemplificar el uso de sinónimos, antónimos, parónimos, homónimos, homófonos y otros aspectos semánticos del idioma.

 

Mi lectura del Quijote, segunda parte 36

Jorge Luis Contreras Molina

SanchoEl peso de los acontecimientos se ha trasladado a Sancho que toma, desde algunos capítulos atrás, papel protagónico.  Los ingenios siguen poniéndose al servicio de la burla, y la candidez vuelve penitente, sin quererlo, al escudero.

Cervantes se vale de una moderna técnica para hacer lo que los modernos. Nos da un resumen de lo actuado puesto en una sentimental carta del dueño del rucio a su señora esposa. Un escrito lleno de enclíticos que el analfabeto dictara y que ahora escudriña la señora duquesa.

La buena literatura se aleja de moralismos y ríe desde su nicho de ironía que lo salpica todo.  Ahora la lectora indica al dictador que suena avaro e impreciso.  Sancho se defiende, pero no mucho.

Cuando Sancho se ve enfrentado a la penitencia y a la renuncia en pro del bien de otros, se muestra muy humano y dispuesto al sacrificio si este lo catapulta a su gobernatura y al reconocimiento.

Para tiempos difíciles es necesario que los hombres tengan asideros de valía.  Aquí nos reímos todos, pero entre esta burla podemos observar la más firme de las honras, el más elevado de los espíritus, y al más inocente de los valientes.  Don Quijote cree que se le busca por su nombre.  Hoy sabemos que su nombre es inmortal e inspirador.

“Estilística de percepción en el análisis del texto literario: Estudio semiótico del texto literario”, Antón A. Toursinov

 

 

AToursinovEstudioSemioticoLa estilística literaria es una materia que se preocupa por la búsqueda de los métodos más completos de la interpretación de la obra artística. La diferencia entre el método estilístico de otras escuelas consiste en que aquél parte del lector o receptor del mensaje (obra literaria) y no del escritor. A la estilística de la obra no le preocupa tanto la intención, que el propio autor supone al crear su obra, como lo que llega al lector. La hipótesis central planteada en el trabajo es la idea de la necesidad de la decodificación de un mensaje artístico (texto) desde el punto de vista de lector. Se aplican también los alcances de las investigaciones de otras materias no filológicas (teoría de información, matemáticas) y sus conceptos, además de ofrecer la posibilidad de incluir los métodos de la estilística de decodificación en otros tipos del análisis literario y semiótico del texto artístico y, como ejemplo de aplicación se presenta el análisis estilístico del cuento “Entonces” de Mario Calderón.

Puedes adquirir este libro en la tienda Amazon.

“Formas pronominales de tratamiento en el español de Guatemala”, Antón A. Toursinov

AToursinovFormasPronominalesEn esta obra, el doctor Toursinov describe el funcionamiento de las formas pronominales de tratamiento (vos, tú, usted y ustedes) en el español actual de Guatemala en las situaciones comunicativas y desde la perspectiva de distintos aspectos funcionales (pragmático, sociolingüístico y estilístico).

Disponible en la tienda Kindle.

“Saber estudiar” por Antón A. Toursinov

AToursinovSaberEstudiarEste volumen recopila los artículos sobre educación que ha escrito el autor y los divide en dos partes. En la primera parte el Dr. Toursinov da consejos a quienes estudian en la universidad; y en la segunda, presenta sus ideas sobre la educación en general y acerca de algunas carreras en particular.

 

El texto se divide en los siguientes capítulos:

PARTE 1. CONSEJOS

  • Saber estudiar
  • Resumen y síntesis de los textos académicos
  • Consejos para una buena comunicación y redacción
  • Saber argumentar
  • Toma de decisiones y negociaciones
  • Los puntos básicos de diversidad cultural en la empresa
  • Las lenguas extranjeras y el éxito
  • La manipulación en la comunicación
  • Planificación y los principios de la organización del tiempo

PARTE 2. OPINIONES

  • Soñar y estudiar
  • El peligro de la sobrecarga informativa
  • Aprender de nuestros errores
  • Creatividad e inteligencia
  • Patrioterismo, globalidad e individuo
  • Libertad, emprendimiento y planificación
  • La importancia de la administración empresarial en la sociedad
  • Sobre la ciencia lingüística

 

La publicación estará disponible en librerías próximamente y, si desean agregarla a su colección de libros electrónicos, pueden descargarla en la tienda Kindle de Amazon.com.

Rodin, a través de Rilke

Magalí Villacorta de Castillo (*)

Imagen publicada en el blog "A year with Rilke" http://1.bp.blogspot.com/-QQmvqvWMFn4/TrgHJLQnWeI/AAAAAAAARiM/V-Z1hG3O7tk/s400/Rilke+%2526+Rodin.jpg

Rilke y Auguste Rodin en Meudon. Fotógrafo desconocido. Imagen publicada en el blog “A year with Rilke”, http://bit.ly/1uisp2s

La influencia que Rodin ejerció sobre Rilke fue decisiva en su evolución, desde el momento en que el profesor Richard Müther de la Universidad de Breslau le pidió a Rilke que hiciera un trabajo sobre el gran escultor. El encuentro de esas dos grandes figuras del arte, probablemente las más grandes en su rama, significó para ambos un punto de enriquecimiento personal mutuo.

Podemos comprender que la diferencia de edad entre ellos fue un factor determinante para que el gran escultor, ya un hombre en la madurez de su vida, cargado de experiencias, tanto positivas como negativas, influyera en la personalidad del joven poeta, aunque ya en su corta vida este hubiese publicado varios libros que le habían dado cierto prestigio.

Rilke hablaba de él como “mi Maestro” –este era un joven de 27 años y Rodin tenía más de 60–, en una de sus cartas escribió: “No fue solo para escribir un estudio que vine hacia usted. Llegué para preguntarle: ¿Cómo se debe vivir? Y usted respondió: trabajando.  Lo comprendo.  Bien comprendo que trabajar es vivir sin morir”.[1]

Rodin opinaba que en la vida era necesario trabajar, nada más que trabajar, buscarse hasta encontrar un medio de expresión personal, y luego trabajar y tener paciencia.

En otra de sus cartas mencionaba los milagros de las manos de Rodin y los de su vida como una riqueza que perduraría en él para siempre.  Su influencia estaría con Rilke  en cada trabajo que habría de realizar: “Espero que podrá reconocer cómo su obra y su ejemplo me han obligado a progresos definitivos; si un día se me nombra entre los que han seguido humildemente a la naturaleza, será porque yo fui, de todo corazón, su discípulo obediente y convencido”.[2]

Aunque la relación personal entre los dos artistas, durante el tiempo en que Rilke fue secretario de Rodin, no duró mucho, Rilke aprendió del escultor a tener una actitud permanente de entrega al arte, un deseo de buscar siempre la grandeza que las cosas más pequeñas encierran.  Rilke repetía el pensamiento formulado por Rodin, la belleza no es un punto de salida sino de llegada, y una cosa solo puede ser bella si es cierta.

El influjo de Rodin llevó a Rilke a intentar, a través de la escritura, lograr el predominio de la forma, independientemente del material con el que el arte se enfrente, logrando en sus poemas que el lector pudiera palpar la forma que el poeta imaginó antes de plasmarla en sus escritos.

Rilke pudo en su trato con el escultor, observar su posición intermedia entre el Impresionismo y el Expresionismo, lo que lo llevó a una nueva estética poética que logró madurar en  años posteriores, como resultado del acercamiento que Rodin realizó del impresionismo pictórico a la escultura.

Influido por el arte de Rodin, Rilke logró superar en sus escritos la temporalidad, dando a sus obras una sensación de permanencia inspirándose en lo duradero de las artes plásticas.

Como lo hacía el escultor con sus obras, el escritor empezó a proponer poemas independientes, encerrados en sí mismos, como si de una escultura se tratara, dejando a la posteridad una obra literaria diferente que podríamos denominar escultórica.

El escritor, siguiendo a su maestro, empezó a situarse ante las cosas como un escultor ante su modelo, así dio forma a sus poemas desarrollando una gran capacidad de expresión, pero sin excluir los detalles de la realidad.

 

[1] R.M. Rilke (1980), pp. 47-48

[2] Ibidem p. 138

 

(*) Magalí Villacorta de Castillo es alumna del Diplomado en Arte del siglo XIX del Neoclasicismo al Posimpresionismo, Departamento de Educación – UFM.

¡Hasta siempre, Don Pancho!

Antón A. Toursinov

Imagen publicada en Siglo Veintiuno.

Imagen publicada en Siglo Veintiuno.

El lunes pasado se fue uno de los intelectuales más grandes de Guatemala, doctor Francisco Albizúrez Palma. La noticia de su partida nos entristeció a todos: sus colegas, alumnos, amigos y, por lo que se lee en la prensa internacional, a todos los miembros del mundo de filología hispánica en el que, con justa razón, el doctor Albizúrez se considera uno de los especialistas más importantes de la actualidad. Ya ni hablar de su papel entre los escritores guatemaltecos: era cofundador del grupo Rin78 y del Instituto de Estudios de la Literatura Nacional en su alma mater, Universidad de San Carlos de Guatemala. 

Sin embargo, todos los que lo conocíamos, sabemos que su verdadera pasión científica era la lingüística. Es por eso que tuve el honor de conocer a Don Pancho en mi primer viaje a Guatemala, en 1999. En aquel entonces yo realizaba mi tesis doctoral sobre el español guatemalteco, razón por la que tenía que venir al país a realizar el trabajo de campo. Antes del primer viaje desde Rusia contacté a la Academia Guatemalteca de la Lengua donde me presentaron al doctor Albizúrez. Al enterarse de mi tema de investigación, se emocionó mucho y me confesó que la lingüística era su pasión. Así, me apoyó y me ayudó en mi trabajo en todos los años posteriores.
Antes de volver a mi país, a la Universidad en los Urales del Sur, donde yo trabajaba en aquella época, Don Pancho me regaló varios libros de y sobre la literatura guatemalteca. Pero el mayor tesoro tanto para mí como para mis alumnos rusos que estudiaban letras hispánicas eran tres investigaciones del propio doctor Albizúrez que aún guardo en mi biblioteca: Diccionario de autores guatemaltecos, Antología de narrativa hispanoamericana y los tres tomos de la Historia de la literatura guatemalteca (escrito junto con Catalina Barrios y Barrios). Poco a poco, al visitar varias universidades del mundo, me venía enterando de que estas investigaciones son de lectura y consulta obligatorias de cualquier estudioso de letras hispanoamericanas en el mundo.
No se puede obviar la labor docente del doctor Albizúrez, donde su aportación en la formación de los filólogos nacionales tiene un valor incalculable para la historia de Guatemala, comparable únicamente con el del doctor Salvador Aguado, cuyo alumno fue Don Pancho, y de la doctora Luz Méndez de la Vega. No en vano la época dorada del Departamento de Letras de la USAC fue cuando lo dirigió el doctor Albizúrez. Una pléyade de críticos literarios y escritores guatemaltecos son “descendientes” directos de aquella época dorada.
Pero la vida y el trabajo de Don Pancho no se centraban en la Universidad de San Carlos. Nunca negó el apoyo a nadie. La Universidad Rafael Landívar puede presumir de la participación del doctor Albizúrez en la formación de los estudiosos de letras en la Licenciatura y Maestría en Literatura Hispanoamericana, mientras que la Universidad Francisco Marroquín tiene en sus planes de estudio el Diplomado y la Maestría en Lingüística, organizados en colaboración y con un apoyo incondicional de Don Pancho.
Los últimos años, a pesar del deterioro de su salud, Don Pancho no dejaba de trabajar y de ayudar a los que acudíamos a él. Como miembro del consejo directivo de la Academia Guatemalteca de la Lengua (correspondiente de la Real Academia Española), el doctor Albizúrez organizó en 2012 en Guatemala la asamblea de la Asociación de Academias de la Lengua, dedicada al 125 aniversario de la AGL a la que asistieron los investigadores de los 22 países de habla hispana y donde recibió el reconocimiento de parte de los académicos. Además, en esta asamblea presentó su última investigación dedicada a la lexicografía guatemalteca. También tuvo tiempo de leer y darme valiosos consejos y observaciones sobre mi último libro.
Por todas estas aportaciones y por el legado que nos deja Francisco Albizúrez Palma, quedará para siempre en la historia de Guatemala y del mundo hispano. El hombre de una humildad extraordinaria quien supo trascender. El maestro, compañero y colega quien siempre estuvo para apoyar y aconsejar. El académico de talla universal. ¡Hasta siempre, Don Pancho!
Artículo publicado en el diario digital República.GT