¿Por qué la mayoría de personas rechaza el arte contemporáneo? (*)

Martín Fernández Ordóñez

Hirst, Damien. "The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living", 1991.

Hirst, Damien. “The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living”, 1991.

Para adentrarnos en esta serie de escritos sobre arte contemporáneo, escogí como método el planteamiento de una pregunta por artículo que intentaré responder durante el desarrollo del tema. El lector notará inmediatamente que no se trata de preguntas engorrosas, ya que algunas veces podrían llegar a parecer hasta simples; sin embargo, dar explicaciones relativamente claras presenta ciertos retos y complejidades.

Personalmente, no me interesan demasiado los cuestionamientos profundos sobre la ontología del arte[1], ni siquiera me seduce el intento de etiquetar si esta o aquella pieza específica debería considerarse como obra de arte o no. Más allá de sumarme a los esfuerzos incansables de muchos académicos por tratar de definir lo que es el arte –una de las obsesiones preferidas de los historiadores de esta disciplina–, me enfocaré en dar algunas explicaciones sencillas a planteamientos que muchos compartimos, como por qué el arte de nuestros tiempos es como es, con sus distintos matices y características que muchas veces contradicen precisamente lo que mayoría entiende como Arte (con A mayúscula).

Como hay que empezar por algún sitio, quizás sea necesario hacerlo con la aclaración de algunos términos técnicos propios de la disciplina histórico-artística. Cuando los académicos hablan de arte contemporáneo, en realidad se refieren a un grupo muy específico de manifestaciones, aunque en realidad existe cierta ambigüedad con el término. Pero sobre este asunto en particular nos ocuparemos en el siguiente artículo. [2]

Como su nombre lo indica, contemporáneo es toda manifestación cultural que existe en el momento de cada generación, es decir, todo aquello que sucede y se desarrolla a nuestro alrededor y en nuestro propio tiempo. Es justo aquí donde empiezan los equívocos respecto al término mismo. Me explico: tomemos como ejemplo alguno de los movimientos artísticos del siglo XIX. Estoy seguro de que a la mayoría se le vendrá a la mente el Impresionismo. Si pensamos, por lo tanto, en la sociedad parisina de aquella época, cuando quienes al tener la oportunidad de visitar el famoso Salón de París se toparon de pronto con las obras de Manet (¿Se acuerdan de su polémico cuadro titulado Almuerzo sobre la hierba?), [3]este tipo de pinturas representó el arte contemporáneo de su momento, acompañado del respectivo shock que causa generalmente lo nuevo y desconocido.

Me gusta citar el caso específico de los impresionistas, porque aunque estemos a más de 140 años de distancia, en nuestro contexto actual suceden situaciones de rechazo hacia el arte contemporáneo muy similares a aquellas. Si hubo artistas en la historia del arte occidental a quienes les costó sobresalir y posicionarse dentro del mundo artístico, fueron precisamente los impresionistas. Algunos, como Caillebotte o Degas, tuvieron la suerte de pertenecer a familias acomodadas que los apoyaban financieramente y algunas veces ellos mismos ofrecieron protección a sus compañeros. Pero la mayoría de ellos vivió aquellas últimas décadas del siglo XIX teniendo que enfrentar innumerables dificultades económicas, a merced de la inestabilidad política y financiera de la Francia posnapoleónica. La escritora británica Sue Roe en su libro The Private Lives of the Impressionists, relata de forma muy amena todas las peripecias y dificultades que tuvieron que superar varios de sus principales representantes; la forma en la cual tuvieron que organizarse en grupos para lograr exponer todos juntos y quiénes fueron los primeros que creyendo en ellos, consiguieron llevarlos a la notoriedad. [4]  Sigue leyendo

Mi lectura del Quijote, segunda parte 55 y 56

Jorge Luis Contreras Molina

El revelador cincuenta y cinco nos muestra un mundo pequeño. Nos invita a entender que la Tierra es redonda y que nuestros actos se muerden la cola mientras nos alumbran las consecuencias de todas nuestras acciones buenas y, especialmente, malas.

Sancho también cae en una sima. Igual que el descenso mágico que don Quijote padeció hidalgamente en la de Montesinos. El otrora gobernador sufre por su suerte, prisionero en un hoyo que pareciera la tumba; lo agobian dos sentimientos: el recuerdo de su antigua vida de prominente funcionario, y, más, que su destino esté atado al de su asno que tan bien le ha servido. Le pesa que la muerte atrape también al inocente y fiel rucio. La amistad, como vemos, es uno de los grandes temas del Quijote.

El capítulo se cierra con el designio circular de que don Quijote está del otro lado de la caverna en la que ha caído Sancho. Así se encuentran los amigos y hacen el recuento de momentos gratos y tristes que han vivido en esta cortísima separación.

Sancho Panza y el burroAl duelo. Cosas de honor. Don Quijote está en el campo de batalla. La broma lleva a la lucha. Mil vecinos quieren circo. El hidalgo quiere honrar a la mujer burlada por el hombre mentiroso. No triunfan las lanzas. El ingenio y el amor son los señores del campo. El falso contendiente está enamorado de verdad. Decide declararse vencido para que la deshonrada mujer reciba el resarcimiento del altar. Todos en paz menos don Quijote y Sancho que quieren entender por qué los encantadores no los dejan en paz. Ya trocaron a Sansón Carrasco en caballero, a Dulcinea en campesina hombruna. Ahora convierten a un lacayo del duque en deshonesto ofensor. Hay un enemigo en cada sombra. Pero don Quijote sabe qué hacer con ellos.

Mi lectura del Quijote, segunda parte 53 y 54

Jorge Luis Contreras Molina

QuijoteySanchoEs la hora de decir adiós . Sancho es llevado a la orilla. Con mala comida, con poco sueño, con grandes conflictos y pocos apoyos no puede más.

La broma final es un asalto a la sede de gobierno. El vestir ridículo es ahora una propiedad de Sancho. Hay batalla. Solo se tiene a sí mismo y a su rucio. Si don Quijote estuviera en la escena otro sería el destino de los malévolos asaltantes. Don Sancho parece ahora una tortuga gigante que gira para e2100vitar la muerte.

El gobernador se va. No lo pueden detener los llamados a la conciencia. La tiene limpia como un ángel. Llegó sin dinero y se marcha sin dinero. El mundo pudo tener noticia de que un gobierno limpio y transparente es posible.

El gobernador ha recuperado, con una decisión intempestiva, su libertad preciosa y largas horas añorada.

En el cincuenta y cuatro se asoma la amistad. Un respiro. Los muchos sufrimientos y pesares de dos amigos son compartidos y contados a la sombra de un recuerdo.

Un morisco de los exiliados viaja disfrazado de alemán. Intenta recuperar su tesoro escondido. Comen y beben los fugitivos. Uno huye de su condición de musulmán expulsado, el otro de la ínsula pesarosa.

Hay un instante para la charla franca. La camaradería es la moneda corriente. Se discuten los términos de una posible alianza. Nada. Sancho solo quiere llegar con su señor.

Mi lectura del Quijote, segunda parte 51y 52

Jorge Luis Contreras Molina

Sancho y Don QuijoteCartas. El asombro de la vida. Riqueza y pobreza materiales y espirituales conviven en un gobierno desvirtuado por la broma, pero enderezado por un ingenio genuino muchas veces probado. Ante una paradoja solo cabe la humildad. Ante un dilema sin solución es más grande el triunfo celestial de la clemencia (que años más tarde coronaría, a manera de moraleja, la fábula de fray Matías de Cordova) y el triunfo de la vida.

Licurgo palidece ante la salomónica manera de legislar de Sancho. Norma y su legado viven aún hoy.

A don Quijote lo aburre la inmovilidad. Lo mueve su sentido de aventura. A punto está de irse cuando se lo enfrenta a grandes decisiones que, para él, son del todo naturales. Se apresta a un duelo. Se busca reparar el mancillado honor de una dama.

Los capítulos cincuenta y uno y cincuenta y dos muestran que los humanos somos hijos de la esperanza. Teresa espera remesas. Sanchita añora un marido. El criado equis está enamorado de una imagen apenas atisbada. Don Quijote anhela que Sancho gobierne rectamente. Sancho quiere un poco de comida para que acompañe sus periplos de regente que debe vandearse a dieta.

La burla empieza a ceder. No en su sentido formal porque nuestros héroes están sitiados por el escarnio. Sí lo hace en una línea práctica. Esto a causa del tino, desenvoltura, diligencia y don de mando que muestra Sancho, y el afecto, nobleza, valentía y sensatez que emanan del hidalgo.

 Hay tráfico de influencias. Los oportunistas hacen antesala. Los de doble cara tiran piedras con apenas tiempo para esconder una mano manchada de burla.

Sabemos que el héroe no puede ni podrá ser derrotado por encantador alguno ni por brazo bruto que salga de alguna tiniebla socarrona. Solo partirá a la desdicha de la cordura guiado por su propia hidalguía y decoro. Ya se menciona a los actores de la parte trágica de esta comedia magna.

Mi lectura del Quijote, segunda parte 49 y 50

Jorge Luis Contreras Molina

Quijote49Sancho come, gobierna, ronda, se muestra rígido, hace una referencia a su rucio, e imparte justicia tan sabiamente que asombra hasta a los que saben la broma.

Ahora un jugador mezquino, más tarde un parásito que cree tener derecho al dinero de otros, y luego una mujer vestida de hombre.  El gobernador trabaja largas jornadas.

El viajero, mala planta, que frente a Sancho es presentado por sospechoso sirve a Cervantes para presentarnos, una vez más, el tema de la libertad. El capturado puede, incluso, ser puesto en la cárcel; pero solo él puede decidir si ahí duerme o no.

La doncella vestida de hombre es también una apología de la libertad. Sancho resume. Con pocas palabras se pudo entender que nadie puede negarle a otro la posibilidad de ver mundo y el placer de ver la vida de noche.

Del suceso y la impresión Sancho piensa que a futuro su hija puede casarse con el joven fugitivo que ha sido devuelto a la casa.

El cincuenta redondea la broma. Ahora un diligente siervo del duque viaja con la carta que el ahora gobernador dirigiera a su esposa. Va a donde Teresa. Le lleva obsequios de la duquesa. También otra misiva escrita deferentemente por la dama bromista.

El pueblo se revuelve. Unos creen, otros envidian. Como siempre conviven en las páginas quijotescas lo mejor y lo peor que los hombres podemos ser. Solo nos queda sonreír reflexivos ante tamaña invención. La fábula está montada.

Mi lectura del Quijote, segunda parte 47 y 48

Jorge Luis Contreras Molina

Quixote_lindoLeer El Quijote es una experiencia salvadora. Te deja fuera de la vulgaridad de la imprecisión que conlleva la pobreza ética que es moneda corriente en estos y muchos otros tiempos.

La interfaz burlesca hace que algunos desatinados se queden en las afueras de un monumental testimonio de fe, de perseverancia y de ingenio para ser bueno.

Hay en los capítulos cuarenta y siete y cuarenta y ocho dos planos. En uno Sancho prosigue su gobierno. Esta vez el intento de almorzar se le vuelve un infierno. Resulta que toda comida le está prohibida. Todo disfrute del paladar le resulta ajeno. Además de que no es por carestía, pues todo lo tiene. Entonces la reflexión declina en la abstinencia que para los enfermos puestos a dieta es una condición de vida. La abundancia es una maldición para quien, por salud, debe decir no. Sancho no quiere negarse a comer, pero el universo que le crearon se burla de él una y mil veces. Casi renuncia.

Hay un doctor sabelotodo y un viajero inoportuno que acentúan lo mal que Sancho la está pasando.

Don Quijote (en el otro plano) intenta el celibato, el espíritu de monje. Pone tranca, deja la habitación oscura. El Diablo, por supuesto, logra colarse vestido de mujer. Y de mujer penitente con una historia larga que contar. Nada logra mover al hidalgo que sigue preso, porque quiere, del amor que ha creado y que alimenta con cada nuevo personaje que pretende trocarlo por la hojarasca del disfrute momentáneo.

Tal como dice en la breve descripción del cuarenta y ocho, los hechos que se describen pasarán (lo han hecho de sobra) a la eternidad.

El capítulo termina en desconcierto. Uno así como el de El beso de Chejov. Alguien ha entrado. Azota a la mujer que se confesaba con nuestro héroe. Pellizca y desenrolla al convaleciente hidalgo. Quizá más tarde sepamos quién es el encantador.

Mi lectura del Quijote, segunda parte 45 y 46

Jorge Luis Contreras Molina

quijoteSor Juana Inés de la Cruz, la prodigiosa barroca experta en decir a para que parezca b, bien podría haber aprendido algunos juegos ingeniosos de palabras en las salomónicas tareas que emprende Sancho gobernador de la Barataria.

Los que no saben, pero también los que sí, ríen asombrados por las luces del escudero.  Es que lo ponen a prueba una y otra vez con la exposición de agudos conflictos entre vecinos. Es hora de reír. Intensamente. Como será de llorar cuando toque. Por ahora “don” Sancho nos regala un hermoso minuto para dejarnos claro cómo deberían ser nuestros gobernantes: sabios, humildes, pródigos para dar, diligentes, laboriosos…

Mientras el escudero gobierna, don Quijote sufre. Acecha el formidable enemigo hecho, primero, mujer insinuante, y luego encantador gatuno.

Como tantas veces se recalca en El principito, para que no olvidemos se repiten las líneas aquellas del amor invencible que el hidalgo decidiera depositar en su Dulcinea, los dobleces de los moralmente pobres que tienen la ligereza de pensar que están humillando al hidalgo. Mientras lo hacen pasar malos ratos llenos de burlas y vejámenes, el hombre no se dobla. Su ética no está en venta. Su honor es la piedra de toque para todos los tiempos, no solo para los sonrientes y bonachones.

Un hombre, en el centro de un corro de burla, con un gato enquistado en su nariz tiene tanta dignidad que inunda todo el escenario sin que quede espacio para la insana manera de ser de los que ríen pensando que dominan la situación.

Mi lectura del Quijote, segunda parte 42-44

Jorge Luis Contreras Molina

don-quijote-leyendo-libros-de-caballerc3adasConsejos para el alma, consejos para el cuerpo. Como toda buena literatura, el Quijote no moraliza. Al menos no directamente. Estamos al inicio de uno de los pasajes más famosos. Sancho está a un paso de ser el gobernante de una ínsula. Cosas de duques bromistas. La parodia caballeresca capturó, gigante, a Cervantes quien no es más el creador de esta historia; porque se ha vuelto su primer y más respetado seguidor.

Sancho nos arranca una risa reflexiva. Afirma que mientras volaba sobre Clavileño, el caballo de madera, vio la insignificancia de la humanidad. Luego no quiere gobernar nada terrenal. Aunque fuere un pedacito de cielo, afirma. Nada de gobernar fragmentos de cielo. Se le prometió gobierno de ínsula y solo eso estará disponible.

Don Quijote quiere cuidar el alma de su amigo y le pide que gobierne con honor, con humildad, valientemente, con sabiduría. Además lo invita a tener un cuerpo limpio, sano, estandarte de buenas costumbres.

La gran obra no puede menos que parodiar sobre sí misma. Cervantes juega con la pasión que Sancho nos ha manifestado por los refranes. El hidalgo le intenta hablar de los beneficios del lenguaje directo o del silencio sabio como sustitutos del refranero descompuesto e impertinente.

Sancho ni sabe leer ni tiene buena memoria para guardar consejos. Entonces el hidalgo le escribe el decálogo para que algún sirviente del gobernador se lo lea. El instructivo cae en manos del duque. Una vez más se admiran los bromistas esposos de la cordura de este hombre impresionante que parece todo menos un desquiciado. Lúcido hasta los extremos, siempre que esos extremos no sean la mención de asuntos de caballeros. Entonces surge el héroe invencible perseguido por encantadores y subyugado por una figura difusa de mujer que en alguna parte espera.

Don Quijote es vulnerable. Está sin escudero. Ningún ofrecimiento puede quitarle del sol que es su Dulcinea. Prefiere la soledad. Ahí es presa de mujeres que hablan de un enamoramiento hacia el hidalgo que entiende su condición de caballero como una maldición. Las mujeres lo ven y lo quieren conquistar. Broma. Hoy sabemos que cualquiera que se encuentre con las líneas quijotescas lo querría conquistar para tener algo de Quijote.

Mi lectura del Quijote, segunda parte 37-41

Jorge Luis Contreras M.

QuijoteLa broma continúa. Quijote y escudero son arrastrados hacia la vorágine de un caballo que aparenta volar. El corcel es de madera. Sancho habría querido no ir, pero lo convenció el ímpetu del hidalgo que no está dispuesto a dejar a ninguna mujer abandonada a la suerte de encantamientos y merlines cínicos.

Los condes fabricaron una Aventura memorable. Montaron un teatro de ensueño. Fueron capaces de transportar a los heroes a tiempos y espacios lejanos. El futuro gobernador quiso descifrar el asunto, pero su ambición lo encerró. Don Quijote está cegado desde hace mucho tiempo por un honor que funciona como piedra de toque.

Hay mujeres barbudas, hay historias lejanas de amores malogrados, hay maldiciones que solo se pueden deshacer si hay valor para vendarse los ojos e ir hacia lo desconocido.

El ingenioso hidalgo, crédulo noble, sigue su instinto. Nos inspira. Nos bendice con su extrema valentía y arrojo.

Hay que tomar partido. Quedarse al margen, “inmóvil al borde del camino“, o subir al caballo que promote la aventura incierta. El motivo es el de siempre, sembrar la vida de valores eternos que no pueden comprarse con pesos ni pueden heredarse con nombramientos estériles.

Ríen los asistentes al teatro ignominioso. No importa. Don Quijote ha cumplido su deber y ha vuelto.

Miente Sancho. Dice que vio maravillas mientras consiguió una rendija en su vendaje. Don Quijote sabe que miente. A menos, claro, que sea capaz de creer que lo increíble también ocurrió en la Cueva de Montesinos.

La única forma de traer al loco de vuelta consiste en que los mortales y comunes cuerdos vivan el mundo de la caballería. Desde ahí pueden vencer al de la triste figura.

Irene Carlos

El texto que presentamos a continuación fue publicado en el catálogo “delARTEalNIÑO” de la XI exposición-venta de arte contemporáneo organizada por Funsilec – Fundación para la superación integral de menores con lesión cerebral – y en la que Martín Fernández-Ordóñez, coordinador de Historia del Arte del Departamento de Educación UFM, participó como curador y museógrafo.

Irene Carlos

Fotografía publicada en la página web Panorama Noticias, http://panoramanoticias.com/wp-content/uploads/2014/08/irene.bmp

Mi primer contacto con la obra de la artista guatemalteca Irene Carlos fue durante mi época de estudiante universitario. Reinaba una euforia colectiva entre los pocos románticos que estudiábamos historia del arte como carrera profesional y ese sentimiento nos empujaba a visitar cuanta exposición se inaugurara en el momento. No estoy seguro si fue en el año 1997 ó 1998, pero recuerdo muy bien que visitamos una muestra de pintura de Irene en la desaparecida galería Plástica Contemporánea. Tengo muy presente lo mucho que me impresionó su mundo simbólico, su metafísica del origen, sus cuestionamientos existenciales. Hubo una charla antes de la inauguración oficial de la cual no recuerdo nada, pero las imágenes de aquellas obras se quedaron grabadas en mi memoria.

Hace muy poco, aproximadamente 17 años después, tuve la oportunidad de reencontrarme con Irene en su casa, en la que vive rodeada de algunos ejemplos de su largo recorrido como artista, testimonios que revelan su incansable búsqueda de respuestas que tal vez no existen, pero que ella no deja de plantearse.

Posiblemente uno de los aspectos que más llama la atención de la obra de esta polifacética artista, viéndola como un todo, es la habilidad con la que se ha sumergido en una amplia variedad de técnicas. Del trabajo con fibras a la pintura, de la pintura a la cerámica, de ésta a la fibra con pintura, al collage; de la técnica mixta sobre papel a la escultura, de todo lo anterior a la fotografía. Sigue leyendo