Jorge Luis Contreras
Capítulos 47 y 48
Los inquisidores murmuran y murmuran alrededor de argumentos pueriles respecto del valor de los libros de caballería. Se hacen bolas diciéndose que esos textos no valen para nada más que para entretener; pero, como fantasean, hacen falsa la realidad, y precipitan lo verdadero en el abismo de lo maravilloso. Estériles argumentos de hombres estériles, que analizan la vida de los otros con un cristal chato y ahumado. Don Quijote va enjaulado, va amarrado, va contrariado, va, como siempre, cargado de estoica mesura.
El universo caballeresco con sus ideales luminosos y sus sombras constructoras de leyendas subversivas subyuga, empero, a los hablantes que intercalan más concesiones de las que quisieran. Cuando el prójimo es un alma gigante, un corazón enorme, no se puede, ni en la crítica, dejar de verse influido. Y don Quijote, más que influjo, es un envolvente milagro avasallador de espíritus ordinarios.
Para salvarse de una existencia ordinaria don Quijote tomó la decisión de ser un héroe. Ahora Sancho va a la carga tratando de hacer que su amo razone. Intenta descubrir el engaño de los captores del hidalgo. Pero, incólume, don Quijote muestra que su mundo es coherente y ahí solo pueden cura y barbero ser el engaño de un viejo enemigo mentiroso.
Sigue preso. Viene Ahora una larga charla con su escudero. El cortejo se ha detenido.
En La montaña mágica, casi al final, se evoca al soldado inexperto que marcha sin queja hacia su destino: “¡Adiós! ¡Vas a vivir o a caer! Tienes pocas perspectivas; esa danza terrible a la que te has visto arrastrado durará todavía unos cortos años criminales…”.
Más relatos novelescos. Digo novelescos en el difundido sentido de las telenovelas del siglo XXI. Intrigas, deshonras, traiciones, amores y desamores. En escena vemos a Dorotea, casada con el traidor Fernando, huida a los bosques para sobrellevar las sucesivas traiciones de marido y guardianes amigos. El Roto se ha logrado mantener cuerdo un buen tiempo y aliados al barbero y al cura marchan engañando al hidalgo. Nada raro, puesto que tratan de salvarlo de su locura. Sin embargo, Sucede algo extraordinario: Sancho, el simple, también camina engañado. Sabe que sacan a su señor de las montañas, pero cree que lo llevan a la lucha caballeresca que, según él, debe terminar con la conquista del reino nicómino y el ansiado nombramiento de su escudero en alguna alcaldía. Sancho y don Quijote marchan hermanados por la locura. El primero a pie, el segundo en Rocinante.
Capítulos 26 y 27…
Ahora los grandes temas de la literatura desfilan. Los de abajo deben callar: don Quijote ordena al escudero que guarde silencio hasta que se le permita hablar. Esa grave sentencia se puede evadir con algo de ingenio. La Literatura dentro de la Literatura: una historia de amor se nos relata. Como buena novela moderna, el cuento queda inconcluso. Es algo de ciertos amores que en sueños don Quijote creyó tener con cierta doncella que pretendía usurpar el lugar de Dulcinea. El destino: otra vez los golpes. Como siempre don Quijote los sufre; pero esta vez hay un cambio de enfoque. El hidalgo promete que escuchará a su escudero. Al que antes ordenó callar, lo asciende a consejero. Es por cuestiones legales. Sancho cree que la Santa Hermandad les ha puesto el ojo. Deben esconderse. Bellamente replica don Quijote, pero obedece. El arte al servicio del amor: el Caballero de la Triste Figura y el Roto sostienen un diálogo que se interrumpe por desacuerdos caballerescos. El Roto, loco eventual, es poeta. Los caballeros lo son. La solidaridad: don Quijote propone buscar una cura para el Roto. Si no la hay, propone llorar con él. La soledad del héroe: Sancho va con él, pero don Quijote está solo. Algo en el mundo no funciona bien.
Bloom es muy valiente, especialmente cuando se atreve a recomendar la lectura del que para él es el mejor relato corto, de la que considera la sobresaliente novela, o de su héroe Shakespeare para mejorarnos como seres humanos. Los capítulos 21 y 22 nos confirman este poder transformador que la gran literatura tiene. Y no es que Cervantes haya creado una novela didáctica o moralizante. Creó una novela realista. Nunca se nos dice que hay ahí castillos, gigantes, encantadores, Dulcineas. Más bien se nos anuncia que no los hay en el mundo real; pero que don Quijote se ha inventado un universo propio con sus habitantes y sus normas. Entonces, y a pesar de eso, soñamos; entonces, y a pesar de eso, respetamos la manera de ser del hidalgo; entonces, y a pesar de eso, comenzamos a ilusionarnos con lograr la rendija que nos permita un mundo nuestro, y nos dé el valor para vivir en él respetando sus normas y a sus habitantes.
La construcción del héroe que todos sabemos reconocer, aunque no hayamos leído a Cervantes, continúa. Raya en la perfección. Se nos muestran brebajes que solo hacen buen efecto en caballeros andantes, más no en escuderos. Es decir que hasta la naturaleza sabe reconocer al hidalgo y distinguirlo de los seres humanos corrientes. Éstos se atreven, incluso, a cobrarle en metálico los servicios prestados al caballero. Lógico: el ingenioso hidalgo huye con donaire y sin pagar un centavo. Todos deben a los caballeros y ellos, a nadie. Como Sancho no es tan hidalgo es obligado a pagar con una burla multitudinaria. Lo lanzan y reciben en una manta hasta que la risa equivale al resarcimiento. También le quitan la comida.
Ahora se lee la canción desesperada del malogrado Grisóstomo. Marcela, la amada del muerto, hace una apología de su virtud y su inocencia. Todos quedan conformes. Se recuerda al lector que hay hermosuras que alegran la vista, pero no rinden la voluntad. Aparecen los traumas psicológicos que tanto material van a dar a novelas y películas. Grisóstomo se alejó intencionalmente de Marcela para sentir celos y luego poder morir de amor. Un círculo de cobardes que se verá mucho en las letras universales.
Don Quijote ha vencido al vizcaíno. Sancho está más feliz que su amo porque saborea el gobierno de la ínsula. Piensa que la intensidad de la batalla es directamente proporcional al premio que se obtiene. Sancho es ingenuo. Sancho aprende que las batallas tienen una sesuda clasificación, y que no todas conllevan despojos inmuebles. Algunas son de tipo encrucijada y dan heridas, cabezas rotas, pérdida de orejas, etc. El mensaje está claro para el escudero; pero el corazón insiste. Don Quijote promete grandes victorias y gobiernos para su sirviente.