Ricardo Piglia gana el premio Rómulo Gallegos

El País

El escritor argentino Ricardo Piglia (Buenos Aires, 1941) ha ganado hoy el XVII Premio Internacional de Novel Rómulo Gallegos (el galardón más prestigioso que se concede por una obra publicada en español) por su novela Blanco Nocturno. Piglia se convierte así en el tercer argentino que alcanza esta distinción que se ha otorgado 17 veces de forma bianual.

Piglia (Buenos Aires, 1941) ha logrado el premio por «el valor estético, el compromiso literario, la universalidad y la fuerte personalidad» de su novela, ha explicado en una rueda de prensa la escritora mexicana Carmen Boullosa, ganadora de la pasada edición y miembro del jurado. Blanco Nocturno también obtuvo en abril el Premio de la Crítica español.

El Gobierno venezolano otorga desde 1967 este premio bianual (dotado con 70.000 euros) y creado en 1964 en honor a Gallegos, con el que se ha reconocido a destacadas figuras de la literatura latinoamericana como el colombiano Gabriel García Márquez (en 1972 ), el mexicano Carlos Fuentes (1977) y el venezolano Arturo Uslar Pietri (por 1991). También han sido galardonados los escritores españoles Javier Marías (1995), Enrique Vila-Matas (2001), e Isaac Rosa (2005). Un total de 194 obras de 16 países participaron en la presente edición.

¡Indignaos! Alegato contra la indiferencia

Stéphane Hessel (Berlín, 1917) se propone alentar a la indignación juvenil a través de la no-violencia y conseguir un efecto contagio por todo el mundo.  ¡Indignaos! (editorial Destino) es el «librito», como lo llama el autor, de 32 páginas que trata de despertar conciencias con la ayuda de José Luis Sampedro (Barcelona, 1917), firmante del prólogo.

«Hay que reeducarse para no ser meros productores y consumidores como pretende el sistema. Hay que razonar primero y crear después. Si hay libertad de pensamiento, habrá libertad», ha dicho Sampedro.  El economista y autor de obras como El mercado y la globalización reconoce el letargo en el que se encuentran los jóvenes  y lo justifica por el desinterés que muestran por «un sistema que, por suerte, está en decadencia».

¡Indignaos! Ha despertado un insólito fenómeno de lectura en Francia, donde ha vendido más de un millón de ejemplares y lleva tres meses en las listas de ventas. En pocas y contundentes páginas, Stéphane Hessel invita sobre todo a los jóvenes a desperezarse y a cambiar la indiferencia por una indignación activa, por la «insurrección pacífica». Hessel logró sobrevivir a la tortura y la deportación en el campo de concentración de Buchenwald y, en 1948, formó parte del equipo internacional redactor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Hoy, a sus 93 años este venerable veterano de la Resistencia ha contagiado su mensaje de esperanza y de rebeldía a millones de lectores a los que invita a «no claudicar ni dejarse impresionar por la dictadura actual de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia», porque «ya es hora de que la preocupación por la ética, por la justicia, por el equilibro duradero prevalezcan».

Para Stéphane Hessel «el motivo fundamental de la Resistencia fue la indignación». Es cierto que las razones para indignarse del mundo actual pueden parecer menos nítidas que en tiempos del nazismo. Pero «buscad y encontraréis»: la creciente distancia entre los muy ricos y los muy pobres, el estado del planeta, el tratamiento a los inmigrantes y los gitanos, la carrera del «siempre más», de la competitividad, la dictadura de los mercados financieros e incluso la liquidación de aquello que consiguió la Resistencia –jubilación, Seguridad Social…–. Para ser eficaz es necesario, hoy igual que ayer, actuar en red: Attac, Amnistía, la Federación Internacional de Derechos Humanos… son la demostración. En consecuencia, podemos creer a Stéphane Hessel y pisarle los talones cuando apela a una «insurrección pacífica».

Un auténtico manifiesto, con proclamas breves, contundentes y de valor universal, que llegan a amplios sectores de nuestra sociedad y que han despertado en España el movimiento de los Indignados.

¿Está usted no-muerto?

BORJA BAS, El País

La respuesta, en ‘Filosofía zombi’, finalista del Premio Anagrama, de Jorge Fernández Gonzalo. Una reflexión sobre la ‘zombificación’ posmoderna.

En su obra maestra, Las palabras y las cosas, Michel Foucault abordó el problema del lenguaje como signo de identificación. Un signo que había ido mutando a lo largo de los tiempos hasta desmontar el significado de las ideas y los conceptos. Atisbaba así el vacío al que se abocaba el hombre posmoderno. Su publicación, en la Francia de 1966, suponía un revulsivo más frente a una cultura en descomposición que acabaría derivando en las revueltas de Mayo del 68. No es tan casual que justo ese mismo año un joven estadounidense estrenara en supurante blanco y negro La noche de los muertos vivientes. La cinta, por encima del alegato antibelicista, manifestaba ese miedo al otro que ha alimentado tantos estudios filosóficos en el siglo XX.

Con la obra de George A. Romero y de Foucault como puntales indispensables, Jorge Fernández Gonzalo (Madrid, 1982) ha elaborado Filosofía zombi, finalista del Premio Anagrama de Ensayo 2011. A diferencia de la mayoría de compendios sobre el zombi como llamativo habitante de la cultura pop, el autor propone una filosofía-lego «o un contagio de ideas» sobre los mecanismoszombificados de la sociedad actual. «Estoy convencido que tanto los fieles seguidores del Premio Anagrama, que se mostrarán reticentes en un principio, como quienes busquen el zombi en su condición de fenómeno mediático se van a llevar sorpresas. Se puede conectar con su lectura a ambos niveles», garantiza. Y asegura: «Me congratulo de haber escrito un ensayo duro partiendo de un tema popular, porque uno de los modelos con los que tengo que bregar es esa moda de libros donde se habla de filosofía y superhéroes, teleseries, vampiros o los Simpson; en los que, más que interés por desarrollar un concepto filosófico, se cae en un didactismo casi infantil».

Lo que comenzó como un chiste privado acabó en una redacción febril a lo largo de un mes tras presentar su tesis sobre la poesía de Claudio Rodríguez. «En principio, parece que no tiene mucho que ver, pero había tenido que consultar la obra de muchos filósofos del lenguaje, como Derrida, Deleuze o el propio Foucault, cuyos pensamientos resultaban perfectamente aplicables a una teoría de lo zombi».

Para comprender en qué consiste la filosofía zombi basta con asomarnos a nuestra realidad cotidiana. O mejor dicho, a su espejo deformado. «El muerto viviente representa a la horda moderna», clarifica su autor. «Nos plantea, a la vez, cierto miedo y atracción. Yo no parto de la idea del no-muerto como agente pernicioso. Esa es la metáfora de hace unos años: el zombi como ser descerebrado. Yo creo que sirve como representación de todos nosotros».

Y nada mejor para ejemplificar la pandemia que el desarrollo voraz de Internet, ese no-espacio donde «estamos todos conectados y a la vez separados. Eso es la horda zombi: la suma de individuos que no forman una comunidad. De ahí el miedo irracional que puede llegar a despertar la Red, porque representa una especie de plaga bíblica en la que nosotros no somos el personaje, sino parte de la plaga. Maurice Blanchot lo resumía muy bien con el término irrelación: lo que nos une a través de Internet es nuestra falta de relación».

Con todo, la cultura popular reciente nos ofrece abundante material para elaborar nuestra propia lectura zombi del mundo, desde los carnavales de vísceras de serie B hasta la espectacularidad de los videojuegos y películas de Resident Evil, pasando por el cómic de Robert Kirkman The walking dead y su exitosa traslación a la televisión. Su creciente presencia se debe a que, según razona Fernández Gonzalo, «es una figura ficticia que da una cobertura eficaz a un conglomerado de experiencias incómodas reales: el miedo a la masa, a la pérdida de identidad… Transforma nuestro desasosiego en formas de violencia simbólica expresadas a través de la situación conflictiva a la que se ven abocados los supervivientes. Casi siempre vuelven a un cierto estado de animalidad y en algunas ocasiones, como en The walking dead, esa lucha se expresa más de una manera interna que contra los infectados».

Si atendemos a Baudrillard, esas imágenes se construyen para producir una catarsis. La realidad ya no nos sirve de mucho, queremos hiperrealidad. «Por eso en estos tiempos importa el zombi, importa la pornografía -que es una hiperrealidad del sexo- e importa la política como espectáculo televisivo, no como programa electoral. Vivimos una especie de deontología hipermediática que nos desvincula del acontecimiento», concluye.

Vargas Llosa en el Festival Internacional de Poesía de Granada

«El género literario supremo y excelso, de una perfección inigualable, es la poesía, el más antiguo que existe y donde la lengua se transforma en algo verdaderamente rico y esplendoroso» – Mario Vargas Llosa.

El acto principal del Festival Internacional de Poesía de Granada fue protagonizado por el Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, quien fue entrevistado por el poeta madrileño Benjamín Prado, en el Auditorio Manuel de Falla de la capital Andaluza.  El festival se realizó del 9 al 12 de mayo, 2011.

Benjamín Prado incitó al autor de  El Sueño del Celta a hablar de su relación con la poesía, al mencionar que en muchas de sus novelas aparecen poetas que frecuentemente son personajes frustrados y no muy brillantes.  Vargas Llosa entre risas confesó que así era y aclaró que eso que dicen de que en todo prosista hay un poeta frustrado es probablemente cierto: «Yo no soy una excepción y mi relación con la literatura también empezó con la poesía, mamá tenía en su mesita de noche Veinte canciones de amor y una canción desesperada y como tenía prohibido leer ese libro, ejercía sobre mí una atracción irresistible, sabía que era algo pecaminoso, pero no entendía el qué, aunque aquellos versos con lo de El cuerpo del amigo salvaje…me desasosegaban sobremanera, así que para mí la poesía empiezó con la idea de transgresión, prohibición y pecado», confesó mientras el público reía abiertamente.

A la pregunta de ¿Qué autor le habría influido más de haber sido poeta? respondió: «Neruda habría sido uno de ellos, un autor al que leía con entusiasmo y me gustaba el Neruda juvenil, épico, romántico, surrealista, porque es uno de mis poetas de cabecera», indicó.  Vargas Llosa desveló que leer a Luis de Góngora le sirvió de terapia durante su campaña electoral a la presidencia de Perú, porque «fue mi tabla de salvación cuando hice política, un poeta profundo y que mejor encarna lo que tiene la poesía de misterio».

«La función de la literatura es hacernos vivir aquello que en la vida real no podemos vivir, tenemos la imaginación y los deseos para vivir otras muchas vidas, además de aquella pobrecita que tenemos, y las vivimos a través del hechizo y la magia esas otras existencias que la vida real no nos permite. Cuando leemos o vamos al teatro incorporamos experiencias que jamás podríamos haber vivido en la realidad y así es como podemos ser El Quijote o Madame Bovary, así es como cuando salimos de esas actividades nuestra vida se ha enriquecido con esas experiencia, por eso la literatura es inmortal» – Mario Vargas Llosa.

Australia más cerca

Nicholas Birns, publicado en el diario El País

La literatura de un país hecho con partes de todo el mundo protagoniza un fenómeno global y multilateral. Escritores de prestigio cuyas obras han alcanzado un registro intelectual posmoderno.

¿Volverá alguna vez otro australiano, después de Patrick White en 1973, a ganar el Premio Nobel de Literatura? Hay varios autores a tener en cuenta, sin olvidarnos de que el nacido en Sudáfrica, J. M. Coetzee, residente ahora en Australia, puede ser considerado como otro australiano galardonado. Las inteligentes, sofisticadas y a menudo sumamente divertidas novelas de Peter Carey no sólo han escarbado en los oscuros rincones de la historia, sino que han planteado ciertas cuestiones cruciales sobre su propio tiempo, siempre referido a Australia y, en su reciente obra maestraParrot and Olivier in America, a Estados Unidos. Carey ha mostrado en esta novela una habilidad, lograda también por otros escritores australianos, para analizar otros países y otras culturas antiguas desde una nueva y revitalizada perspectiva. Ransom, la más reciente novela del compadre de Carey, David Malouf, hace lo mismo: a partir del último libro de La Ilíada, rehace la pasional escena de Aquiles devolviendo el cuerpo del guerrero muerto a su padre de una forma totalmente novedosa. Un poco más difícil es el escritor Gerald Murnane, un experimentalista en la onda de Borges o Calvino. Su última novela, Barley Patch, le coloca en la cima de su más pura idiosincrasia. Y no podemos olvidarnos del coloso de la poesía australiana, Les Murray, cuyo análisis del hombre común, su sorprendente erudición y su exultante lenguaje le convierten en una de las mayores figuras literarias mundiales.

Todos los escritores arriba mencionados han destacado al desplegar lo que la crítica Maeghan Morris ha llamado «escasa originalidad positiva», tomando temas e historias de otras partes del mundo occidental y proyectando sobre ellos una novedosa y singular perspectiva. No obstante, los escritores australianos también han sabido explorar la historia de su propio país. Las últimas novelas de Kate Grenville exponen la cara oscura del asentamiento del hombre blanco en Australia, mostrando la crueldad con que fue tratada la población indígena a la que no ofrecieron ni la más mínima dosis de respeto humano. El tema de lo aborigen emerge ahora como un polo de atracción incluso para los autores blancos, sobre todo tras la decisión legal de 1992, la Mabo, que reconocía a los indígenas tierras y derechos. Autores accesibles y entretenidos como Andrew McGahan han explorado el renovado interés de este asunto.  Los propios indígenas australianos han comenzado a producir con generosidad, desde la sabia y satírica literatura posfeminista de Anita Heiss hasta el realismo mágico de Alexis Wright o la meditación autoconsciente de Kim Scott. Sigue leyendo

Ernesto Sabato, un clásico de la literatura argentina

La literatura despide a uno de sus íconos populares. El escritor Ernesto Sabato murió la madrugada del 30 de abril, a los 99 años, en su casa de Santos Lugares.  Autor de «El túnel», «Sobre héroes y tumbas» y «Abaddón el exterminador», entre otras obras, también fue uno de los rostros emblemáticos del regreso democrático en Argentina, al encabezar la Conadep (Comisión Nacional de Desaparición de Personas).

Lejos de asumir un rol incontrastable, el autor de la trilogía de novelas «El Túnel» (1948), «Sobre héroes y tumbas» (1961) y «Abbadón el exterminador» (1974) fue un escritor y un ser humano polémico, cruzado por sus propias contradicciones, presentes en algunos de sus personajes literarios.

«Nunca me he considerado un escritor profesional, de los que publican una novela al año.  Por el contrario, a menudo, en la tarde quemaba lo que había escrito a la mañana», declaró una y otra vez para referirse a esa obra que marcó las generaciones del 60 y 70 y se desdibujó cuando sus ojos comenzaron a fallar, para ser reemplazada por la pintura.

En 1984 recibió el premio Miguel de Cervantes, máximo galardón literario concedido a los escritores de habla hispana.  Fue el segundo escritor argentino en recibir este premio, luego de Jorge Luis Borges en 1979.  En 1975 obtuvo el Premio de Consagración Nacional en Argentina y un año más tarde se le concedió el Premio la Mejor Novela Extranjera en Francia, por Abaddón el exterminador.  Luego, en 1977 Italia le otorgó el premio Medici y al año siguiente le otorgaron la Gran Cruz al mérito civil en España, y en 1979 fue distinguido en Francia como Comandante de la Legión de Honor.

Ernesto Sabato sufrió durante años una fuerte depresión y pasó sus últimos días recluido en su domicilio, sin escribir prácticamente pero pintando, su segunda vocación artística, que siempre supo compaginar con la literatura. «La razón no sirve para la existencia», afirmaba. No quería que se le encasillara en ninguna tendencia literaria: «Tengo con la literatura la misma relación que puede tener un guerrillero con el ejército regular».  Sabato afirmaba creer en el hombre, «a pesar de ser el animal más siniestro».  «La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, hay que morirse», se quejaba.

Con información de: Diario El Clarín, El País y Escritores.org

Carlos Valenti, arte y su círculo

Carlos Mauricio Valenti Perrillat fue un pintor nacido en Francia en 1888.  A la edad de tres años se trasladó con su familia a Guatemala, país en el que vivió la mayor parte de su vida.

Artista dotado de innegable talento quien, a pesar de las represiones morales y los convencionalismos de una época guatemalteca perfilada por la dictadura de Manuel Estrada Cabrera, llegó a desarrollar en su corta vida una de las obras más importantes para la historia del arte del siglo XX.

Considerado como el primer expresionista de la pintura guatemalteca, a través de su obra transmite el deseo de investigar los conflictos que suscita la existencia.  En 1912 viajo a Paris, Francia, junto con el pintor Carlos Mérida para continuar sus estudios de pintura.

Su final fue trágico, como lo ha sido el de muchos otros artistas.  Al no poder entregarse totalmente a su pasión –el arte- un 29 de octubre de 1912, con dos balazos en el pecho segó su vida.  Fue enterrando en el Cementerio Montparnasse en una fría y lluviosa mañana de noviembre de 1912.

El Departamento de Educación de la UFM y el Museo Ixchel han preparado un programa cultural dedicado a este gran artista de la plástica.  En el enlace que aparece a continuación, podrán conocer en detalle las actividades del evento http://carlosvalenti.org/pages/eventos.php

Participación convencional contra participación no convencional

Eduardo Fernández Luiña

La participación es uno de los rasgos característicos de la democracia. Para muchos da sentido al plebiscito y hace que la democracia sea lo que es. No es raro escuchar a nuestros representantes decir que unas elecciones han sido buenas si el porcentaje de participación ha sido alto.

Sin embargo, debemos decir que la participación incluye dentro de sí varios tipos. Para la mayoría de las personas hablar de participación política es hablar del número de personas que han votado en unas elecciones, este es al significado al que estamos más acostumbrados. Pero desde hace tiempo “participación” es un concepto que engloba más cosas. Uno puede participar en política si forma parte de una “ONG”, si va a manifestaciones de diverso tipo, o simplemente si está involucrado en una banda de música que se dedica a la “canción protesta”. Todo lo anterior muestra que el significado de la participación se ha ampliado y esta se ha desmarcado de los cauces tradicionales para abarcar más aspectos de la vida cotidiana de los ciudadanos. Actualmente se diferencia entre participación convencional- básicamente el acto de votar en unas elecciones- y la participación no convencional -relacionada con la acción directa-.  Parece que la frase de Lenin “la política no lo es todo pero la política está en todo” es hoy día más actual que nunca.

Premio Cervantes a Ana María Matute

Javier Rodríguez Marcos, El País

Hay un malicioso aforismo que dice que, entre ellos, los escritores no se leen, se vigilan. De ahí la imbatible popularidad en el gremio plumífero del apócrifo autor griego Teleo Melees. Hay, sin embargo, acontecimientos que ponen, y de buena fe, de acuerdo a todo el mundo. Por ejemplo, el Premio Cervantes a Ana María Matute. Pocas veces como ayer (27 de abril) en Alcalá de Henares se ha visto a tantos escritores encantados con un galardón que no les ha tocado directamente a ellos. «Estamos muy contentos», resumía la novelista y académica Soledad Puértolas tirando espontáneamente del plural.

El Cervantes premiaba tantas cosas en la persona de la Matute -como muchas veces se llama ella a sí misma- que en la medalla que le entregó el Rey había un trozo para todo el mundo. Aunque el mayor galardón de las letras hispanas reconoce una obra literaria y no un símbolo sociológico, la autora de obras ya canónicas como Primera memoria, Los hijos muertosOlvidado rey Gudúes también, a sus 85 años, la tercera mujer en 35 años que obtiene el Cervantes, una niña de la guerra -cumplió 11 años en julio de 1936- y una defensora de tres cosas con reputación de menores y blandas: la literatura infantil, los cuentos y la felicidad.

«¿Por qué tenemos tanto miedo a esa palabra?», dijo de esta última al comienzo de un discurso que arrancó una de las ovaciones más largas que se recuerdan. Matute, que no pudo subir al púlpito del paraninfo, lo leyó desde la silla de ruedas que empujaba su hijo Juan Pablo, que al final sintetizó los sentimientos de su madre: «Los nervios se le pasaron al empezar. Es como tirarse en paracaídas; una vez que te lanzas…». Sabe de qué habla. No solo ha sido el objeto de todos los afanes de su madre, sino que, además, fue legionario paracaidista en la propia Alcalá antes de ser piloto de aviación civil en Estados Unidos.

Alineadas en la mesa presidencial, las autoridades escucharon la alocución de la ganadora con una sonrisa que les duró 20 minutos, un tiempo en el que entre el público no se oyó una mosca y, al contrario que en otros momentos de la ceremonia, nadie dejó sonar el móvil ni trasteó con el iPhone, la BlackBerry o el programa de mano (analógico).

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«La libertad y los libros», por Mario Vargas Llosa

Discurso de Mario Vargas Llosa en la 37º Feria del Libro de Buenos Aires. 

 
Agradezco a las organizaciones de la Feria del Libro de Buenos Aires honrarme con la invitación a ocupar esta tribuna el día de la inauguración.  He tenido ya ocasión de participar en ella hace algunos años y me alegra saber que ha ido creciendo y atrayendo cada vez a más editores, libreros y lectores hasta convertirse en una de las ferias de libro más importante en todo el ámbito de nuestra lengua.
 
No me extraña nada que haya ocurrido así.  Desde la primera vez que pisé Buenos Aires, hace de esto cerca de medio siglo, advertí que esta ciudad y los libros tenían una afinidad recóndita, comparable a la que sólo había advertido antes en París, y que, al igual que esta última, Buenos Aires era una ciudad de librerías -modernas y anticuarias-, de cafés literarios, de escribidores y lectores, donde todo letraherido se sentía inmediatamente en su casa.  No es por eso nada raro que uno de los más grandes creadores de nuestro tiempo, Jorge Luis Borges, fuera un porteño y que se pueda decir de su extraordinaria obra que toda ella es como la exhalación imaginaria emanada de una biblioteca, institución en la que Borges, recordemos, en uno de sus más bellos textos, materializó el Paraíso.
 
Agradezco también a los organizadores de este certamen haber resistido las presiones de algunos colegas y adversarios de mis ideas políticas, para desinvitarme. Y extiendo mi agradecimiento a la Presidenta, señora Cristina Fernández de Kirchner, cuya oportuna intervención atajó aquel intento de veto. Ojalá esta toma de posición en favor de la libertad de expresión de la mandataria argentina se contagie a todos sus partidarios. Este episodio, me parece, más allá de lo anecdótico, plantea un asunto interesante y actual al que no me parece inadecuado abordar en el marco de este certamen con una breve exposición que se podría titular: «La libertad y los libros».

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