Libertad, emprendimiento y planificación

Antón A. Toursinov

empresarialidadLa mayoría de los graduados de las carreras de administración de empresas y de economía – aunque no exclusivamente, por supuesto – sueñan con abrir sus propios negocios después de graduarse o, incluso, durante la carrera. En efecto, las universidades del país suelen ofrecer programas de ayuda al joven empresario que, en su mayoría, consisten en el apoyo logístico para los emprendedores, en la elaboración de los planes de negocios y en el aval de la planificación empresarial sin la que no es posible comenzar un nuevo negocio.

Por suerte, vivimos en un país lleno de libertades y posibilidades empresariales y comerciales. De hecho, como muestran múltiples encuestas, más del 40% de los jóvenes administradores de empresas logran este sueño de trabajar por cuenta propia, bien asociándose con otros emprendedores, bien de manera individual. Claro que el éxito de estas empresas es menor al porcentaje indicado pero casi siempre gracias a la correcta planificación y al prometedor plan de negocios. Este indicador es mucho más alto incluso que en los países del así llamado primer mundo donde los graduados suelen llenarse de experiencia en las empresas ajenas.

No es de extrañar que tantos jóvenes intenten – muchos con éxito – ser empresarios en Guatemala, tomando en cuenta que las pocas empresas estatales que existen son ineficientes, llenas de burocracia y convertidas en el freno del desarrollo económico y social del país. Es una de las razones del porqué los países con las características semejantes al nuestro (por el tamaño, tipo de economía, estructura social, etc.), requieren con urgencia de los emprendedores jóvenes, dinámicos, con educación correspondiente y con un criterio empresarial amplio y abierto.

Este camino hacia el libre mercado y la cooperación social lo construyen, en primer lugar, los empresarios. Los empresarios exitosos, además de ser personas precavidas y sagaces, son previsores y cautos. Su éxito en gran medida se construye sobre una correcta planificación a corto, mediano y largo plazo.

Para que una actividad empresarial marche de manera fluida y provechosa, es preferible realizar previamente un pronóstico que determinaría los objetivos del desarrollo de la empresa y los caminos para alcanzarlos. El mismo proceso de la planificación dentro del libre mercado es una tarea bastante compleja por que, además de los aspectos propios de la administración interna, debe abarcar los fenómenos económicos globales, tales como la inflación, las contingencias de las crisis y los eventuales fracasos y los riesgos que conllevan, las aptitudes y posibilidades de la competencia que siempre existe (y debe existir). No se puede olvidar de los asuntos jurídicos en la materia no solo comercial sino también laboral.

Son diferentes los tipos de la planificación. Según el factor de tiempo puede ser planificación estratégica, a largo plazo, y planificación operativa, es decir, a corto plazo. El objeto de la primera es la inversión del capital, la capacidad de producción, las necesidades financieras y la estructura organizacional de la empresa. Mientras que el objeto de la planificación operativa en la gestión empresarial es el gasto del negocio, el cálculo de los ingresos y egresos, es decir, toda la actividad comercial corriente.

Hay que tomar en cuenta que prácticamente no existen negocios capaces de evitar el crédito para su funcionamiento. En el mundo globalizado no se puede prosperar sin recurrir a los préstamos externos. Para la prueba de la factibilidad de estos tipos de financiación sirve el plan de negocios tanto para el propio empresario como para los acreedores (un banco, una empresa o, incluso, los familiares o amigos) que deben asegurar su inversión y minimizar las posibles pérdidas en caso de un eventual fracaso de la empresa-deudora. En caso de apelar a los bancos o empresas que financian a los jóvenes empresarios, su decisión puede ayudar a mejorar el plan de negocios o, inclusive, descartarlo. Los financistas pueden servir de árbitros con los ojos más objetivos que los cercanos al aspirante.

Por ejemplo, un banco-acreedor puede tomar uno de tres tipos de decisiones que deben ser tomadas como una evaluación del futuro negocio: rechazar la solicitud del prestamos por falta de competitividad o la rentabilidad insuficiente de la empresa; otorgar el crédito pero con la condición de una garantía o fianza de parte del empresario debido al riesgo de los objetivos de la empresa; u otorgar el préstamo sin fianza ni garantía material pero con la participación del acreedor en la empresa en calidad del socio.

El plan de negocios de un empresario, sobre todo si es novato, debe reflejar con la precisión exacta la viabilidad y la rentabilidad de su actividad comercial. Y, quizá, lo más importante: debe dar respuesta a la pregunta si esta actividad, este trabajo es lo que realmente llena al aspirante, si de verdad es lo que él quiere y desea que sea la misión de su vida. Y, tal vez, no solo la suya, sino de los que rodean al futuro empresario, dependen de él moral y económicamente (no solo los familiares y parientes sino los trabajadores con los que compartirá este sueño).

También, es necesario recalcar que, a pesar de todas las libertades empresariales de las que goza Guatemala como pocos países de Latinoamérica y capacidad de sus emprendedores jóvenes, no podemos hablar del libre mercado ni del capitalismo hasta que en el país reine el Estado de Derecho, el pleno respeto a las leyes por parte de todos los ciudadanos (o, por lo menos, de los empresarios) y desaparezca el mercantilismo que nos caracteriza. Es un proceso bastante largo y doloroso que exige el esfuerzo de todos y en el que cada uno debe comenzar con sus propias acciones.

Publicado en la revista “Futuro”, número 206, Guatemala, 2014

“La libertad y los libros”, por Mario Vargas Llosa

Discurso de Mario Vargas Llosa en la 37º Feria del Libro de Buenos Aires. 

 
Agradezco a las organizaciones de la Feria del Libro de Buenos Aires honrarme con la invitación a ocupar esta tribuna el día de la inauguración.  He tenido ya ocasión de participar en ella hace algunos años y me alegra saber que ha ido creciendo y atrayendo cada vez a más editores, libreros y lectores hasta convertirse en una de las ferias de libro más importante en todo el ámbito de nuestra lengua.
 
No me extraña nada que haya ocurrido así.  Desde la primera vez que pisé Buenos Aires, hace de esto cerca de medio siglo, advertí que esta ciudad y los libros tenían una afinidad recóndita, comparable a la que sólo había advertido antes en París, y que, al igual que esta última, Buenos Aires era una ciudad de librerías -modernas y anticuarias-, de cafés literarios, de escribidores y lectores, donde todo letraherido se sentía inmediatamente en su casa.  No es por eso nada raro que uno de los más grandes creadores de nuestro tiempo, Jorge Luis Borges, fuera un porteño y que se pueda decir de su extraordinaria obra que toda ella es como la exhalación imaginaria emanada de una biblioteca, institución en la que Borges, recordemos, en uno de sus más bellos textos, materializó el Paraíso.
 
Agradezco también a los organizadores de este certamen haber resistido las presiones de algunos colegas y adversarios de mis ideas políticas, para desinvitarme. Y extiendo mi agradecimiento a la Presidenta, señora Cristina Fernández de Kirchner, cuya oportuna intervención atajó aquel intento de veto. Ojalá esta toma de posición en favor de la libertad de expresión de la mandataria argentina se contagie a todos sus partidarios. Este episodio, me parece, más allá de lo anecdótico, plantea un asunto interesante y actual al que no me parece inadecuado abordar en el marco de este certamen con una breve exposición que se podría titular: “La libertad y los libros”.

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