“El asesinato del cuervo”, de Pep Balcárcel

El asesinato del cuervo, el nuevo libro del escritor guatemalteco Pep Balcárcel (*), consiste en una colección de 13 relatos cortos sobre la angustia, el miedo y la desesperación. A partir de esta nueva obra, Balcárcel logra retratar una parte de la sociedad guatemalteca actual.

De ágil lectura y con un estilo especialmente visual, el libro construye la historia de varios personajes incapaces de descubrirse a sí mismos, mucho menos salvarse, y que van hundiéndose a un ritmo acelerado en un mundo que no piensa protegerlos de ninguna forma.

Pep Balcárcel (Guatemala, 1993) ha publicado los poemarios Obelisco 65, Fragmentos y Olvidé decirte adiós, y el libro de relatos cortos Los ojos de lo insano.

El asesinato del cuervo, editado por Magna Terra editores, se presentará el próximo jueves 12 de octubre a las 6:30 PM en el Fondo de Cultura Económica. Habrá coctel de honor. Los comentarios estarán a cargo de Javier Payeras y Luis Pedro Villagrán.

 

(*) Pep Balcárcel es alumno de la Licenciatura en Lengua y Literatura, Departamento de Educación, UFM.

 

 

 

Caballitos, poesía que escuece el cuerpo

por Pep Balcárcel

Cuentan que por el siglo XIX, en México, cuando los hacendados salían a caballo para vigilar sus cultivos, llevaban consigo, además de agua un cuerno bovino lleno de licor y decían que era “para el tequila en el caballito”. El nombre caballito pasó más adelante a nombrar el pequeño vaso cilíndrico, que se utiliza para beber tequila.

Caballito es además el nombre del poemario de Paolo Guinea publicado por Editorial Cultura en 2014. Los textos, breves sentencias, aforismos de vida, comparten también características con el licor. La vida, como un trago que ingresa y escuece las entrañas, se retrata en cada una de sus páginas.

“El poeta no pelea por su vida, huye de ella”, decía Luis Cardoza y Aragón. Huir. Escapar de la cotidianidad que a veces duele, que, estática, se cuela por todo el cuerpo y no se detiene. Entonces clama Guinea en una de sus páginas: “No es ansiedad, sino éste corazón que pasó a vivir a mi mano”.

El corazón en la mano como metáfora; la imagen frágil. El poeta que llora. Escribir es en ocasiones un ejercicio de recordar. Abrir cada herida. Tener la memoria, el corazón, a la vista y notar cada una de sus fisuras. Eso hace quien se desnuda en versos. Y los poemas de este libro son precisamente eso, alguien que se enfrenta con la realidad, con todo lo que lleva dentro de sí y que, muchas veces, “es ajeno”.

Paolo Guinea abre los ojos y mira hacia dentro, hacia sí. “Hay un ápice de ti en todo esto que no es tuyo”. Un shot, un golpe. El ápice, según el DRAE, puede ser la parte más delicada de algo. Así, el poeta se cuestiona, dialoga consigo mismo, ve más allá de ese dolor. ¿Le pertenece? ¿Es aquello que lo rodea lo que duele?

“No se me fue la voz/ es que pasó un poema/ y mientras levitaba/ ambos hacíamos sumario de su eco”. Los textos, como disparos, construyen imágenes-espejos sobre la existencia misma. En la brevedad está el dolor, la esperanza; el poeta que lleva a cuestas sus recuerdos y, sin embargo, aún espera que “hierva el agua”.

Con un ritmo entre nostálgico pero de alguien que busca salvarse en la poesía, Caballitos se convierte en una pieza fundamental, en un trago del que podemos salir dañados, pero que nos hará disfrutar el recorrido.

La trilogía del (des)amor y la desesperación

Por: Pep Balcárcel

“Me gustan los libros que son fruto de un ajuste de cuentas, de la rabia, de una eclosión”, responde Alberto Fuguet en una entrevista realizada por El Confidencial en 2016. La pregunta era en referencia a una frase de Alfredo, personaje principal de su última novela Sudor (Literatura Random House, 2016).

Alfredo Garzón, cuarentón, editor de Santillana, pendiente a todo momento de Grindr está por vivir tres días de desbordante pasión, de miedo: toda la intensidad que el cuerpo hemofílico de Rafita Restrepo Santos, hijo del famoso escritor del boom Rafael Restrepo Carvajal, inspirado en Carlos Fuentes, durante la Feria del Libro de Santiago. Padre e hijo están allí para presentar el libro que hicieron en conjunto El aura de las cosas; y el sello Alfaguara no piensa escatimar en gastos, en cumplirles los caprichos.

Entre ellos, el deseo de Rafita, que Alfredo sea su acompañante durante su estadía en Chile.

—Sí. Es cierto. Sí. Claro que sí. Me gustabas. Más que eso y lo sabes.

—Lo sé.

—Me gustaba que fueras tan loser, sí… Tan vulnerable y perdido y…

—Quedemos hasta acá, Álex.

Antes de ese intenso octubre, Álex, escritor y cineasta llega a ajustar cuentas con Renzo, su amigo, con quien vivió un bromance, o un bad romance, como dice Álex. Una relación de años, un amor sin sexo, algo inacabado: el dolor porque nunca pudieron concretar. Es que Renzo insiste en que es hetero y que las noches que durmieron juntos, abrazados, no quiso que se desnudaran y recorrieran sus cuerpos.

“Voy a escribir de ti”, advierte Álex. Y así da inicio No Ficción (Literatura Random House, 2015).

En Santiago también, otro escritor, Alejo Cortés prepara su segunda novela: Caída Libre. Se la dedica a J, que se salvó. Es José, su mejor amigo. Pero en el texto autobiográfico, que podría incluso verse como una venganza de Alejo, nunca escribe sobre él.

Antes de su publicación, Alejo se suicida en la piscina de su familia. Invierno es una película que dura cinco horas; una historia sobre todo lo que deja un autor que ya no está, un hombre que, más adelante, lo sabremos en Sudor, estaba enamorado “del” José y sabía de la imposibilidad que pasara algo entre ellos.

Fuguet ha dicho que sus tres últimas obras: No Ficción, Invierno y Sudor son una “trilogía del deseo y la amistad masculina”.

El deseo y la tragedia. En orden cronológico: primero Invierno, la película más arriesgada del chileno. Dividida en tres partes y que puede encontrarse gratis en Cinépata, su archivo de cine latinoamericano que comparte de forma gratuita. El autor con miedo, enamorado, inseguro, el que confiesa todo -o casi todo- en su novela cúspide.

El enamorado que observa a su amigo con sonrisa triste. A los ojos. Y cuenta su vida entera: menos su amor.

Lo sabe nada más Garzón, cuando hablan sobre soledad, sobre desesperación, sobre todo eso que parece nunca ocurrir. Lo hablan en Sudor y, de paso, comentan que haber visto a Renzo con Álex, les parece extraño verlos junto.

¿En ese momento habrá Álex publicado ya su novela, en la que escribirá sobre su relación?

Porque Álex, el otro escritor, sí lo hace, confiesa su amor, y en un diálogo intenso; lleno de ternura, de rencor, de nostalgia convence a Renzo que lo suyo no era una amista. Que era algo más.

¿Qué pasa al final? Fuguet deja la duda abierta.

El único que no sufre por enamorarse de un hetero es Alfredo: sabe dónde buscar y cómo. Pero deja que su pasión lo haga perder la cabeza por dos millennials caprichosos: Julián y Rafita. Ambos lo usan, lo abandonan a su suerte y durante una fiesta de Halloween, Garzón los verá besarse apasionadamente frente a él.

Huirá, para en su camino recibir la trágica noticia: la muerte de Rafita durante la fiesta. Correrá. Creerá que no es cierto mientras vuelve. Y verá su cuerpo, ensangrentado, en medio de la pista de baile.

Más que una colección de literatura y cine gay, Fuguet nos ofrece recortes, fragmentos, del dolor; de personajes que viven a la deriva y que buscan, sin éxito alguno, reconstruirse a través del amor, salvarse de una u otra forma y sin embargo, caen el abismo, ese que recuerda a la canción de Joy Division: Love will tear us apart.

 

Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor

“Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora”. Proverbio hindú

Según la Organización de Naciones Unidas, el 23 de abril fue declarado como Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor porque coincide con la fecha en la que fallecieron Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega en 1616. También corresponde con el nacimiento o la muerte de otros autores prominentes, entre ellos: el francés Maurice Druon (23 de abril 1918 – 14 de abril 2009), autor conocido por la serie de novelas históricas titulada Los reyes malditos, publicada entre los años 1955 -1977; el islandés Halldór K. Laxness (23 de abril 1902 – 8 de febrero 1998), ganador del Premio Nobel de Literatura 1955 por su “poder vívido y épico que ha renovado la gran narrativa islandesa”. El ruso nacionalizado estadounidense Vladimir Nabokov (23 de abril 1899 – 2 de julio 1977), autor de Lolita, Pálido fuego y Ada o el ardor, entre otras. El catalán Josep Pla (8 de marzo 1897 – 23 de abril 1981), considerado el prosista más importante de la literataura catalana contemporánea; y, el colombiano Manuel Mejía Vallejo (23 de abril 1923 – 23 de julio 1998), periodista y escritor representante de la narrativa colombiana contemporánea.

Vicente Clavel (Valencia, 1888 – Barcelona, 1967), escritor, traductor, periodista y editor. Se dedicó a la difusión de la cultura a través de los libros.

En España se celebró del primer Día del Libro, el 7 de octubre de 1926, tres años luego de que el escritor valenciano Vicente Clavel lo propusiera ante la Cámara Oficial del Libro en Barcelona. No fue sino hasta en 1995 cuando se convirtió en una fiesta internacional, después de que la Unidad Internacional de Lectores lo solicitara a la Organización de la Naciones Unidad para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), con el fin de fomentar la cultura y la protección de la propiedad intelectual.

La razón principal de esta celebración es motivar a las personas, especialmente a los niños y jóvenes, a descubrir el placer de la lectura y a valorar las irremplazables contribuciones de aquellos quienes han impulsado el progreso de la humanidad a través de la literatura.

Ah Eh Ih Oh Uh, Aeiouh, Aei ou, ou

Camila Fernández (*)

San Sebastian“Agarrándome una mano con otra, bailo al compás de las vocales de un grito ¡A-e-i-o- u! ¡A-e-i-o-u! Y al compás monótono de los grillos. ¡A-e-i-o-u! ¡Más ligero! ¡A-e-i-o-u! ¡Más ligero! ¡No existe nada! ¡No existo yo, que estoy bailando en un pie! ¡A-e-i- o-u! ¡Más ligero! ¡U-o-i-e-a! ¡Más! ¡Criiii-criiii! ¡Más! Que mi mano derecha tire de mi izquierda hasta partirme en dos —aeiou— para seguir bailando —uoiea— partido por la mitad —aeiou—, pero cogido de las manos —¡criiii… criiii!”.

(Ahora que me acuerdo, Leyendas de Guatemala por Miguel Ángel Asturias)

No existe, canta y baila. Se sostiene bailando en un pie; así es como no se tiene. No existe el que baila en un pie, escribe. Con sus propias manos se parte por la mitad. Con sus propias manos escribe ¡criiii… criiii!. No es la representación de una fractura. Con las manos primitivas todavía, se desgarra a sí mismo para entrar en sí mismo. Las manos desean conocer a su cuerpo.

Miguel Ángel el niño que ve las estampas de los venados y encuentra que se parecen a San Sebastián. Es el niño frente a la imagen desnuda. Es el niño que se hiere con las ramas del bosque. Es el niño herido que entra más profundo en la selva, en la que mientras el bosque cierra los caminos, él va abriendo otros.

Infinitas entradas inventadas. Se entra.
Se penetra de regreso al vientre de la madre cuando todos los machos y todas las hembras son la madre. Se penetra con la piedra sin edad. Se penetra la humedad que no envejece. “Salí del pueblo muy temprano, cuando por el camino amanecía sobre las cabalgatas. Aurora de agua y miel. Blanca respiración de los ganados. Entre los liquidámbares cantaban los cenzontles. La flor de las verbenas quería reventar”.

(*) Camila Fernández es alumna de la Licenciatura en Lengua y Literatura del Departamento de Educación, UFM)

Vlad Pavlov: sobre el cine, el teatro y cómo es un actor

En 2008, mientras yo estaba en Inglaterra por mis asuntos académicos, una revista de arte mexicana –ya extinta–, para la que solía escribir críticas teatrales, me pidió que visitara el famoso festival artístico anual The Fringe en la ciudad escocesa de Edimburgo y escribiera de alguna de las obras representadas en sus escenarios. Es así que vi la obra The Self-murder que no solo me impactó por su contenido sino también por el juego de los jóvenes actores rusos que interpretaban los papeles de los únicos dos personajes de la pieza: Valeria Koltsova y Vladislav Pavlov. No los conocía antes, supe que ambos actores eran recién graduados de una de las escuelas teatrales más antiguas y prestigiosas del mundo –la Academia Rusa del Arte Teatral (RATI-GITIS, por sus siglas en ruso). Quizá por el papel, pero el actor, en aquel momento de 24 años de edad, me impresionó tanto que yo ya sabía desde aquel momento que él ocuparía un lugar digno entre los artistas rusos más destacados.

Mientras que, para los que amamos el teatro, Pavlov es un actor teatral destacado por sus papeles en la clásica Los hermanos Karamazov de Dostoyevski o su última obra El banco (Skameika), drama escrito a finales de los años 70 del siglo pasado por el dramaturgo Aleksandr Guelman, y puesto en escenas de los teatros más importantes de Moscú, San Petersburgo y de otras ciudades rusas por distintos directores. Por cierto, la obra en la que participa Vlad Pavlov – junto otra vez a la actriz Valeria Koltsova – es dirigida por el director uruguayo Raúl Rodríguez da Silva.

En febrero del 2017 Vlad se encontraba en Los Ángeles, California. Hablamos con el actor sobre su trabajo, sobre el cine y el teatro y sobre importantes aspectos del trabajo actoral que sirven de consejos para los jóvenes quienes aspiran a conquistar los escenarios y las pantallas.

Bienvenido a nuestro continente, Vlad.

Muchas gracias.

Muchos actores de cine y de televisión, que ya son famosos y reconocidos en sus países, buscan ampliar sus posibilidades en otros lugares, sobre todo, en Hollywood. ¿A qué se debe esto? ¿Serán importantes las ambiciones para un actor?

Soy bastante realista y entiendo que en un país ajeno cuesta más trabajar. El actor debe tener no tanto ambiciones como una imaginación desarrollada. La esencia del trabajo de actor consiste en convertir la imaginación en la realidad. Es lo que estoy haciendo ahora mismo. El actor, al igual que cualquier artista, debe desarrollarse continuamente. Es necesario entrenarse y buscar nuevos caminos siempre.

¿Cómo llegaste a ser actor? ¿Con qué soñabas cuando pensabas en ser artista?

Mi sueño desde niño era ser un actor. Nunca tuve problemas con elegir la futura profesión. Cuando veía el cine, sabía exactamente a qué me iba a dedicar. Me interesan tanto los personajes dramáticos como los cómicos. La vida en general es diversa por eso quiero probar de todo.

Muchos jóvenes sueñan con ser actores, pero ¿cuáles son las características y habilidades necesarias para poder lograrlo? ¿Y qué habilidades son importantes para los propios actores?

Si uno aspira a ser actor, en primer lugar, debe estar preparado a trabajar 24 horas los 7 días a la semana. Es un trabajo muy difícil que requiere el control emocional completo. Es necesario ser muy observador, saber analizar el comportamiento de otras personas, por ejemplo, ¿por qué una persona se comporta de determinada manera en una determinada situación? Además, se debe mantener el cuerpo en óptimas condiciones porque es una herramienta muy importante para el actor. También, hay que trabajar con la voz, los movimientos, leer mucho. Y, claro que hay que soñar.

Tienes una amplia experiencia como actor tanto en el teatro, como en el cine y en la televisión. ¿Existen diferencias entre estos tres medios? ¿Cuál es tu preferido? ¿Y cuál es tu mejor papel según tu propio criterio?

Amo el teatro y amo la cámara. Todo lo que mencionas son distintos medios de existencia. En el teatro es necesario valorar el espacio real, es como considerar la distancia cuando conduces un auto. Los espectadores en la primera y en la última fila deben oírte bien. Todo ello viene con la experiencia. En cambio, en un plató de cine el actor tiene posibilidad de cometer un error, siempre se puede regrabar. Pareciera que es más simple, sin embargo, no es así cuando en invierno debes mostrar el verano o al revés. La cámara ve la mínima falsedad, es por eso que debes trabajar, por decirlo así, de la manera más realista posible. Para esto tienes que sumergirte en la vida del personaje. Si no, será un engaño que el espectador notará desde el primer segundo.

Respecto a mi mejor papel: no estoy seguro de que todavía lo haya interpretado. De otra manera, no tendría sentido seguir.

En nuestros países latinoamericanos, al igual que los EE.UU, a diferencia de Europa y de Rusia, la mayoría de los que quieren ser actores, piensan ante todo en la TV y en el cine y no en el teatro. ¿Por qué precisamente la preparación teatral es tan importante para todos los actores?

La preparación teatral es como el campo de entrenamiento militar para los soldados. Aquí los actores realmente trabajan sobre sí mismos y obtienen el resultado de inmediato. Teniendo el contacto directo con el espectador en el teatro, el actor entiende cuáles son sus posibilidades y sobre qué aun debe trabajar.

La escuela teatral rusa se considera una de las más fuertes en el mundo. El teatro, como arte, sigue viviendo y desarrollándose en Rusia a pesar de todas las crisis que atraviesa el país. Desgraciadamente, en nuestros países americanos, a diferencia de unos cuantos (Canadá, EE.UU, Colombia, Uruguay y, tal vez, Chile) el teatro clásico prácticamente no existe. ¿A qué se debe esto, desde tu punto de vista como artista? ¿Qué se puede (o se debe) hacer para desarrollar el teatro?

No puedo responder a esta pregunta con 100% de seguridad. Pueden ser peculiaridades culturales de algunos países. No obstante, América Latina tendrá otras cosas que no existen en otras regiones. Es necesario inculcar el gusto por el teatro desde niños. A lo mejor es útil crear una especie de estudios teatrales para los niños. Entonces, con mayor probabilidad, algunos de ellos construirán su propio teatro cuando crezcan.

Vlad Pavlov “El banco”

Tu último trabajo teatral, El banco por Aleksandr Guelman, está dirigido por el uruguayo Raúl Rodríguez. ¿Hay alguna diferencia de los directores rusos? ¿Cómo superan un actor y un director la barrera lingüística?

Para mí fue sumamente interesante trabajar con Raúl Rodríguez. Es la persona que ama el teatro por encima de todo lo demás en la vida. Se dedica al propio teatro y no a sus ambiciones personales de director. Conocí a Raúl cuando llegó a la Academia Rusa de Artes Teatrales para dirigir la obra “Sábado de vino y gloria” en la que yo interpretaba uno de los papeles. Nos hicimos amigos. “El banco” es el segundo trabajo que hacemos juntos. Raúl vio en esta pieza algo que, tal vez, no verían mis compatriotas. Llevó a la obra una partecita de su cultura. Y los espectadores, sin temor a equivocarme, aman nuestra obra. En cuando a la barrera lingüística, durante el trabajo nos solía ayudar una intérprete, sin embargo, a veces estaba ausente. Nosotros, los actores, no hablamos español, Raúl no habla ruso, pero nos entendemos a un nivel más profundo. Resultó que el idioma no es tan importante cuando se comparte el objetivo.

No se puede estar más que de acuerdo con todo esto. También es interesante saber quién es tu actor favorito que te guía.

Tengo muchos actores favoritos. Cada uno me ha impresionado durante distintas etapas de mi vida. Trato de observar las técnicas de interpretación de mis colegas. Lo más interesante lo guardo para tomarlo en cuenta. También es parte de nuestro trabajo. Me interesan las interpretaciones de Tom Hanks y de Javier Bardem. Ambos combinan los importantes rasgos masculinos como tranquilidad, dignidad y carisma.

Además de los EE.UU, ¿qué países de nuestro continente has visitado?

Nunca he ido a América Latina, aunque, cuando niño, veía con interés las novelas latinoamericanas. Me maravillaban los enredos de las intrigas, característicos para estas novelas. Estoy planeando una gira por América Latina para conocer más de cerca su cultura y para compartir la mía.

Encontrar poesía en los lugares comunes

Pep Balcárcel (*)

“Encontrar poesía en lugares comunes”. La frase la dijo el poeta Walter González, del Poetry Slam, hace ya cinco años. Aquella vez, nos encontrábamos en una librería de la zona 10 de la Ciudad de Guatemala y comentábamos el poemario del autor hondureño Frank Pineda. Casi siempre, para presentaciones, lecturas y demás, nos reuníamos allí o en un café de la zona 1. Alguno que otro bar nos abría las puertas.

 

poesiaLos espacios para literatura eran mínimos. Muchas puertas estaban cerradas. Editoriales como Vueltegato o Catafixia organizaban lecturas de poesía. Las Lecturas Urbanas, en el extinto Café Urbano son un recuerdo que siempre llevaré conmigo. Allí conocí a autores y autoras como Daniela Castillo, Luis Pedro Villagrán, Juan Pensamiento, Alina Kummerfeldt, Julio Prado y demás. A Pablo Bromo, editor de Vueltegato y gestor de estos eventos, también le debemos las Poeclécticas; en las que aprendí que la música y la poesía se llevan muy bien.

Pero los espacios eran reducidos. Mínimos. Siempre leían los mismos. Siempre llegaban las mismas personas. No sé cómo sea en el resto del país, pero en Guatemala, no salíamos de las mismas cosas. También, hago la acotación, la época de la que hablo es 2011 y 2012, poco más o menos.

Ya en 2014, con Pato/Lógica –mi editorial– y el apoyo de la música Mabe Fratti y el Ale R, de Chiribisco, nació Poetas en el Chiri; que originalmente se llamaba Poesía a Verga (por la maña que teníamos de emborracharnos antes de pasar a leer). Durante casi tres años, un grupo, algunos constantes, otros no tanto, nos reunimos un miércoles al mes para leer poesía y narrativa en ese bar, con acompañamiento musical.

La idea era descentralizar la poesía, que no leyéramos siempre los mismos, pero terminamos convirtiéndonos en otro grupo. Siempre agradeceré el espacio, a los autores constantes, a quienes en verdad pusieron empeño en la literatura, pero no se cumplió el objetivo real. Las lecturas del Chiri seguirán, pero no mensuales, y con una mecánica distinta.

Pero vamos al punto. Y lamento la introducción de cinco párrafos. Tengo la maña de extenderme. El punto de esta columna son las Noche en Verso, organizadas por Para Contarla. Sucede que el sábado cuatro de enero fui a una, la edición de su aniversario, y del (des)amor, en el Mercadito de Lola, en la zona 15 de la ciudá. Quedé encantado.

No necesariamente porque haya escuchado a las mejores voces de esta generación. Peco de honesto y así como escuché voces que valían la pena, hubo otras a las que se les nota la falta de lectura. Eso sí, el evento me parece fundamental, un esfuerzo importantísimo y ahora lo explico.

Primero que nada, esas personas, a las que les falta lectura, encontrarán un espacio dónde conocer a personas que ven, en el ejercicio de hilvanar versos, una necesidad. Podrán compartir libros, hablar de sus intereses y, si es su intención, comenzar a construir una carrera literaria; cosa difícil no en Guatemala sino en todo el mundo.

Por otro lado, las voces que empiezan a madurar, que empiezan a encontrar su intención poética, podrán darse a conocer. Y en un espacio que, para sorpresa mía, estaba lleno, llenísimo. Sorpresa porque en 2011, cuando leí por primera vez, éramos tres escritores y un señor (sí, uno, solo uno) como espectador. Parece que ahora las personas empiezan a interesarse más en las letras.

Además, la mecánica de la Noche en Verso es un micrófono abierto constante; abre las puertas. Un modelo arriesgado, sí, pero que no prioriza en ciertas personas. Da voz a quien la pide; será la persona frente al micrófono la que lo aproveche o no.

Detrás de este evento están las escritoras Eugenia Cruz y Paulina Méndez. Dos chicas muy talentosas y con un futuro muy prometedor. A Eugenia la he leído varias veces y lo que escribe me parece bellísimo, el ritmo con que plantea todo te atrapa y no podés evitar perderte en sus letras. A Paulina la escuché por primera vez el sábado: quedé con muchas ganas de leer más de ella.

El evento en sí me pareció distinto a todos los que he asistido. Noche en Verso y edición de amor: vaya lugar común que resultó no serlo. Encontré verdadera poesía; un chico que le hablaba a la nada y le temblaban las manos y la voz, pero que me dijo tanto en la brevedad de su texto. Tanto.

Quizá sea que la verdadera poesía está en blogs, en micrófonos abiertos, en los lugares comunes donde no esperás encontrarla. Está en estos eventos a los que, sin dudas, seguiré asistiendo. Finalizo aquí, porque aún queda mucho por escribir sobre lo que Eugenia y Paulina están creando.

Publicada originalmente en el Diario de Los Altos.

 

(*) Pep Balcárcel es estudiante de la Licenciatura en Lengua y Literatura del Departamento de Educación, UFM.

Las etapas de Juan Ramón Jiménez

Armando Diéguez Mérida (*)

juanramonjimenez2La crítica especializada ha afirmado que la obra de Juan Ramón Jiménez se divide en tres etapas que marcaron la evolución del poeta y su poesía. Al repasarlas surge la posibilidad de plantear una premisa, más una hipótesis, o si no al menos, una forma de interpretar el paso del poeta de un estadio al siguiente. Parece claro que Juan Ramón desfiló las transiciones clásicas de la vida del hombre en general, que en él por ser un poeta, y de gran talla, se acentúan, y hacen que surja la posibilidad de asistir como testigo a ellas para contemplarlas, para verlas plasmadas y así meditar en torno a ellas de una manera más bella que si las viviésemos en carne propia. Esas etapas son las de la juventud, en las que el modernismo por ejemplo simboliza esa soberbia del joven que cree saberlo todo, y que si se admite la analogía, esta encarnada por el uso de adjetivos ornamentales y grandilocuentes, y de una poesía muy personalista enfocada en el amor, en la mujer, que se expresa con el arrojo y el vigor propio de los jóvenes.

Una etapa intelectual, en la que esa transición hace que el hombre se convierta en un ser más serio, que se toma su tiempo y que está interesado en el conocimiento, en asumir retos y lecturas más complejas. En la poesía ello se manifiesta cuando se opta por leer a poetas “intelectuales”, y en la fabricación de una poesía pura, más elaborada. Y finalmente una etapa suficiente o verdadera, que apunta a un conocimiento que podría denominarse espiritual o metafísico, en el que el hombre busca entender su condición y prepararse para lo que vendrá, la muerte, y en esa preparación gira hacia Dios. La idea de Dios y la creación comienza a ser central, y en la poesía podría manifestarse en la exploración de lo divino, en la introspección del poeta, en un individualismo que dista mucho de tener las mismas motivaciones que tuvo en la primera etapa. De manera que con este atrevimiento en mente, el presente ensayo procurará describir de manera breve algunos de los rasgos que caracterizaron cada una de las etapas de la poesía de Juan Ramón Jiménez.

La etapa sensitiva es una fase marcada por la afición al modernismo, por una influencia innegable tanto de Rubén Darío, como de Gustavo Adolfo Bécquer. En los poemas de esta época son evidentes también los rasgos del simbolismo y el romanticismo que permean la poesía de Juan Ramón Jiménez. Predomina en su poesía el amor, la mujer, la sensualidad y la muerte, pero todos ellos como un desafío. Ejemplo de esta etapa es el poema de Jardines galantes y su obra en prosa, Platero y yo.

En ambas se utiliza un lenguaje modernista en el que se valora la naturaleza, y en el que el ánimo del poeta se proyecta en lo natural, el paisaje y los colores reflejan fielmente los sentimientos del yo poético. En cuanto a los aspectos formales, podría decirse que es una poesía muy rígida, en el sentido de que se utilizan estructuras específicas, como el verso corto, el romance o la copla.

La etapa intelectual esta inmediatamente influida por su primer viaje a América y por su matrimonio con Zenobia Camprubí Aymar, quien lo introduce a los poetas de habla inglesa, entre los que predominan Yeats, Keats, Whitman y Shelley. Se le ha acercado también en esta etapa al novecentismo, movimiento literario y estético español que se relaciona con las vanguardias tan influyentes durante el siglo XX, y cuyo principal exponente en España fue José Ortega y Gasset. Es en esta etapa en la que el poeta fija al mar como motivo de su obra, un devenir continuo y eterno que está siempre presente. Con esta etapa comienza evidentemente, el tránsito hacia esa evolución metafísica que concretará más adelante. La obra cumbre de esta fase la constituye el Diario de un poeta recién casado, obra ya despojada de todo resabio modernista. Es una poesía mucho más reflexiva que se estructura además en verso libre, o bien en prosa. Es decir que se deja lo formal y se apunta más a concepciones profundas de reflexión.

Y finalmente se llega a la etapa suficiente o verdadera. Un Juan Ramón ya exiliado y que ha sido testigo de la Guerra Civil Española. Lleno de profunda tristeza por lo que acontece en su país, una cruenta guerra y una dictadura franquista que llegará hasta mucho más allá de su fallecimiento. Además hacia el final de esta etapa vivirá la muerte de Zenobia, cuestión que lo marcará mucho más que haber sido galardonado con el Premio Nobel, noticia que le comunicó precisamente Zenobia en su lecho de muerte. En esta fase Juan Ramón escribe poesía mística que busca tanto a Dios como a lo absoluto. De esta época es Espacio, en la que escribe un poema en prosa de gran longitud sin que predomine un tema central, caracterizado por un análisis introspectivo del yo como conciencia y del yo como parte constitutiva de la historia.

En suma son estas tres las etapas que configuran al hombre y que se expresan en la voz del poeta. Juan Ramón Jiménez obtuvo el Premio Nobel en su edición de 1956, pero no fue por ello que se convirtió en una notable influencia en muchos jóvenes poetas, especialmente en los que conformaron la denominada generación del 27. Su estela sigue siendo importante en el estudio de la literatura en general, y de la poesía en particular, y se ha dicho que su obra se puede estudiar o dividir de distintas formas, no sólo en las aquí descritas, si bien son las más extendidas y aceptadas por la crítica.

 

Fuente: Rocío Fernández Barrocal. Etapas de la obra de Juan Ramón Jiménez.

(*) Alumno de la Licenciatura en Lengua y Literatura, Departamento de Educación, UFM.

Eleázar Adolfo Molina, premiado en el concurso interuniversitario Juan Fernando Cifuentes 2016

Eleázar Adolfo Molina (Quetzaltenango, 1990)

Eleázar Adolfo MolinaEstudiante de la Licenciatura en Lengua y Literatura, Departamento de Educación, Universidad Francisco Marroquín. Ha escrito un libro de poesía titulado Pesadillas de un espantapájaros. Actualmente trabaja para la Asociación para la Creatividad y el Desarrollo en Guatemala, administra su librería Owls en la ciudad de Quetzaltenango. Miembro fundador del colectivo literario Testosterona Literaria. Ha dado conferencias en colegios y universidades del país. Gestor cultural en la ciudad de Quetzaltenango. En el ambito de la literatura, escribe su primer novela y publica en su blog personal.

Eleázar participó en el concurso interuniversitario “Juan Fernando Cifuentes 2016”, organizado por la Universidad Rafael Landívar y obtuvo Mención Especial en la rama cuento, categoría estudiantes. Será premiado el lunes 7 de noviembre por el cuento Amatitlán, que les compartimos a continuación. Esta es la segunda ocasión en la que Eleázar es reconocido, pues en el año 2011 fue premiado en la rama de poesía por el mismo concurso.

Atitlán

«Y Él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre
de tu hermano clama a mí desde la tierra».
Génesis 4:10.

-¡Corre hijo, corre!-

Llegó sudando hasta la cima de la montaña, desde donde se miraba el lago por la parte baja, era azul como el cielo; pero él recordaba que aquella madrugada lo había visto teñido de rojo sangre.

-¡Nunca te detengas! ¡Por el amor del cielo!-

Abrió la pequeña caja que llevaba al hombro, le quitó los lazos negros y empezó a desempacar los paquetes forrados de papel periódico; las candelas ordenadas religiosamente y por color; cada paquete de media libra estaba atado por un lazo.

Colocó las candelas en ese orden sobre el papel periódico extendido en el piso, las separaba del tanate y las colocaba en orden secuencial: del color rojo, al azul, negro, verde, blanco y amarillo. Luego organizo el copal, cuilco, los aromas; buscó la azúcar blanca y le quitó los pétalos a los claveles.

-¡Sigue y no voltees a ver!-

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Pep Balcárcel (*) presenta su nuevo libro de poesía, “Fragmentos”

Fragmentos de Pep BalcárcelPep Balcárcel (Guatemala, 1993)

Escritor, editor y gestor cultural. Ha escrito para medios de Guatemala, México, Honduras, Nicaragua y Estados Unidos. Estudia Lengua y Literatura en la Universidad Francisco Marroquín. Ha publicado los libros: Obelisco 65 (poesía, Letra Negra, 2012), Canto esquizofrénico (poesía, Chuleta de Cerdo Editorial, 2012), Ángeles de heroína (microrrelatos, Letra Negra, 2012) y Los ojos de lo insano (cuento, Editorial X, 2014). Además, aparece en las antologias LOS 4X4 (poesía, Vueltegato Editores, 2012), ¡Meter goool! (microrrelatos, Letra Negra, 2013) y Deudas de sangre (poesía, Anamá Ediciones, Nicaragua, 2014). Actualmente trabaja para una oenegé, dirige Pato/Lógica Editores y es codirector de Bitviu.

La presentación del nuevo trabajo se realizará el miércoles, 26 de octubre, de 8:00 p.m. a 11 p.m. en Chiribisco Bar (17 Av. 19-70, zona 10 Edificio Torino, local 103.

A continuación, como un avance, compartimos con los lectores un poema de su nueva publicación.

1.

manifiesto de ausencias

el tabaco colocado sobre mis labios

me duelen los ojos

pero afuera cae la lluvia y un hombre corre

lo deja la camioneta

alguien gime

en una pantalla

que es el universo

grito

porque tengo miedo

entra el whisky y quema mi garganta

incontables días

silencios

el absurdo perdió significado

Sísifo decidió suicidarse

ayer consumí otra vez LSD

fue para sobrevivir

pero alguien deseaba aniquilarme

y me durrumbé

Peter Pan no existe

querida

y un muerto sonríe

dame unas horas

arrullá mis pesadillas

descifrá la nada entre mis manos

besá mis ojos

en tu pelo queda mi mundo perdido

“la gente se suicida porque está triste”

y el espejo no responde

la vida se encuentra escondida entre tus labios

pero yo

escribo una elegía para todo lo que nunca fui

2.

cuando éramos niños

quisimos ser astronautas

pero el tiempo puto

se encargó de enseñarnos

que las estrellas son una idea

demasiado cursi para nuestras vidas

 

ahora el cielo

llora cada noche

lágrimas ácidas

que nos hacen añorar

algo que nunca fue nuestro

 

vemos el suelo manchado

con nuestra propia miseria

la recogemos

y siempre

la llevamos de la mano

 

(*) Pep Balcárcel es alumno del Departamento de Educación de la UFM.