Ah Eh Ih Oh Uh, Aeiouh, Aei ou, ou

Camila Fernández (*)

San Sebastian“Agarrándome una mano con otra, bailo al compás de las vocales de un grito ¡A-e-i-o- u! ¡A-e-i-o-u! Y al compás monótono de los grillos. ¡A-e-i-o-u! ¡Más ligero! ¡A-e-i-o-u! ¡Más ligero! ¡No existe nada! ¡No existo yo, que estoy bailando en un pie! ¡A-e-i- o-u! ¡Más ligero! ¡U-o-i-e-a! ¡Más! ¡Criiii-criiii! ¡Más! Que mi mano derecha tire de mi izquierda hasta partirme en dos —aeiou— para seguir bailando —uoiea— partido por la mitad —aeiou—, pero cogido de las manos —¡criiii… criiii!”.

(Ahora que me acuerdo, Leyendas de Guatemala por Miguel Ángel Asturias)

No existe, canta y baila. Se sostiene bailando en un pie; así es como no se tiene. No existe el que baila en un pie, escribe. Con sus propias manos se parte por la mitad. Con sus propias manos escribe ¡criiii… criiii!. No es la representación de una fractura. Con las manos primitivas todavía, se desgarra a sí mismo para entrar en sí mismo. Las manos desean conocer a su cuerpo.

Miguel Ángel el niño que ve las estampas de los venados y encuentra que se parecen a San Sebastián. Es el niño frente a la imagen desnuda. Es el niño que se hiere con las ramas del bosque. Es el niño herido que entra más profundo en la selva, en la que mientras el bosque cierra los caminos, él va abriendo otros.

Infinitas entradas inventadas. Se entra.
Se penetra de regreso al vientre de la madre cuando todos los machos y todas las hembras son la madre. Se penetra con la piedra sin edad. Se penetra la humedad que no envejece. “Salí del pueblo muy temprano, cuando por el camino amanecía sobre las cabalgatas. Aurora de agua y miel. Blanca respiración de los ganados. Entre los liquidámbares cantaban los cenzontles. La flor de las verbenas quería reventar”.

(*) Camila Fernández es alumna de la Licenciatura en Lengua y Literatura del Departamento de Educación, UFM)

Vlad Pavlov: sobre el cine, el teatro y cómo es un actor

En 2008, mientras yo estaba en Inglaterra por mis asuntos académicos, una revista de arte mexicana –ya extinta–, para la que solía escribir críticas teatrales, me pidió que visitara el famoso festival artístico anual The Fringe en la ciudad escocesa de Edimburgo y escribiera de alguna de las obras representadas en sus escenarios. Es así que vi la obra The Self-murder que no solo me impactó por su contenido sino también por el juego de los jóvenes actores rusos que interpretaban los papeles de los únicos dos personajes de la pieza: Valeria Koltsova y Vladislav Pavlov. No los conocía antes, supe que ambos actores eran recién graduados de una de las escuelas teatrales más antiguas y prestigiosas del mundo –la Academia Rusa del Arte Teatral (RATI-GITIS, por sus siglas en ruso). Quizá por el papel, pero el actor, en aquel momento de 24 años de edad, me impresionó tanto que yo ya sabía desde aquel momento que él ocuparía un lugar digno entre los artistas rusos más destacados.

Mientras que, para los que amamos el teatro, Pavlov es un actor teatral destacado por sus papeles en la clásica Los hermanos Karamazov de Dostoyevski o su última obra El banco (Skameika), drama escrito a finales de los años 70 del siglo pasado por el dramaturgo Aleksandr Guelman, y puesto en escenas de los teatros más importantes de Moscú, San Petersburgo y de otras ciudades rusas por distintos directores. Por cierto, la obra en la que participa Vlad Pavlov – junto otra vez a la actriz Valeria Koltsova – es dirigida por el director uruguayo Raúl Rodríguez da Silva.

En febrero del 2017 Vlad se encontraba en Los Ángeles, California. Hablamos con el actor sobre su trabajo, sobre el cine y el teatro y sobre importantes aspectos del trabajo actoral que sirven de consejos para los jóvenes quienes aspiran a conquistar los escenarios y las pantallas.

Bienvenido a nuestro continente, Vlad.

Muchas gracias.

Muchos actores de cine y de televisión, que ya son famosos y reconocidos en sus países, buscan ampliar sus posibilidades en otros lugares, sobre todo, en Hollywood. ¿A qué se debe esto? ¿Serán importantes las ambiciones para un actor?

Soy bastante realista y entiendo que en un país ajeno cuesta más trabajar. El actor debe tener no tanto ambiciones como una imaginación desarrollada. La esencia del trabajo de actor consiste en convertir la imaginación en la realidad. Es lo que estoy haciendo ahora mismo. El actor, al igual que cualquier artista, debe desarrollarse continuamente. Es necesario entrenarse y buscar nuevos caminos siempre.

¿Cómo llegaste a ser actor? ¿Con qué soñabas cuando pensabas en ser artista?

Mi sueño desde niño era ser un actor. Nunca tuve problemas con elegir la futura profesión. Cuando veía el cine, sabía exactamente a qué me iba a dedicar. Me interesan tanto los personajes dramáticos como los cómicos. La vida en general es diversa por eso quiero probar de todo.

Muchos jóvenes sueñan con ser actores, pero ¿cuáles son las características y habilidades necesarias para poder lograrlo? ¿Y qué habilidades son importantes para los propios actores?

Si uno aspira a ser actor, en primer lugar, debe estar preparado a trabajar 24 horas los 7 días a la semana. Es un trabajo muy difícil que requiere el control emocional completo. Es necesario ser muy observador, saber analizar el comportamiento de otras personas, por ejemplo, ¿por qué una persona se comporta de determinada manera en una determinada situación? Además, se debe mantener el cuerpo en óptimas condiciones porque es una herramienta muy importante para el actor. También, hay que trabajar con la voz, los movimientos, leer mucho. Y, claro que hay que soñar.

Tienes una amplia experiencia como actor tanto en el teatro, como en el cine y en la televisión. ¿Existen diferencias entre estos tres medios? ¿Cuál es tu preferido? ¿Y cuál es tu mejor papel según tu propio criterio?

Amo el teatro y amo la cámara. Todo lo que mencionas son distintos medios de existencia. En el teatro es necesario valorar el espacio real, es como considerar la distancia cuando conduces un auto. Los espectadores en la primera y en la última fila deben oírte bien. Todo ello viene con la experiencia. En cambio, en un plató de cine el actor tiene posibilidad de cometer un error, siempre se puede regrabar. Pareciera que es más simple, sin embargo, no es así cuando en invierno debes mostrar el verano o al revés. La cámara ve la mínima falsedad, es por eso que debes trabajar, por decirlo así, de la manera más realista posible. Para esto tienes que sumergirte en la vida del personaje. Si no, será un engaño que el espectador notará desde el primer segundo.

Respecto a mi mejor papel: no estoy seguro de que todavía lo haya interpretado. De otra manera, no tendría sentido seguir.

En nuestros países latinoamericanos, al igual que los EE.UU, a diferencia de Europa y de Rusia, la mayoría de los que quieren ser actores, piensan ante todo en la TV y en el cine y no en el teatro. ¿Por qué precisamente la preparación teatral es tan importante para todos los actores?

La preparación teatral es como el campo de entrenamiento militar para los soldados. Aquí los actores realmente trabajan sobre sí mismos y obtienen el resultado de inmediato. Teniendo el contacto directo con el espectador en el teatro, el actor entiende cuáles son sus posibilidades y sobre qué aun debe trabajar.

La escuela teatral rusa se considera una de las más fuertes en el mundo. El teatro, como arte, sigue viviendo y desarrollándose en Rusia a pesar de todas las crisis que atraviesa el país. Desgraciadamente, en nuestros países americanos, a diferencia de unos cuantos (Canadá, EE.UU, Colombia, Uruguay y, tal vez, Chile) el teatro clásico prácticamente no existe. ¿A qué se debe esto, desde tu punto de vista como artista? ¿Qué se puede (o se debe) hacer para desarrollar el teatro?

No puedo responder a esta pregunta con 100% de seguridad. Pueden ser peculiaridades culturales de algunos países. No obstante, América Latina tendrá otras cosas que no existen en otras regiones. Es necesario inculcar el gusto por el teatro desde niños. A lo mejor es útil crear una especie de estudios teatrales para los niños. Entonces, con mayor probabilidad, algunos de ellos construirán su propio teatro cuando crezcan.

Vlad Pavlov “El banco”

Tu último trabajo teatral, El banco por Aleksandr Guelman, está dirigido por el uruguayo Raúl Rodríguez. ¿Hay alguna diferencia de los directores rusos? ¿Cómo superan un actor y un director la barrera lingüística?

Para mí fue sumamente interesante trabajar con Raúl Rodríguez. Es la persona que ama el teatro por encima de todo lo demás en la vida. Se dedica al propio teatro y no a sus ambiciones personales de director. Conocí a Raúl cuando llegó a la Academia Rusa de Artes Teatrales para dirigir la obra “Sábado de vino y gloria” en la que yo interpretaba uno de los papeles. Nos hicimos amigos. “El banco” es el segundo trabajo que hacemos juntos. Raúl vio en esta pieza algo que, tal vez, no verían mis compatriotas. Llevó a la obra una partecita de su cultura. Y los espectadores, sin temor a equivocarme, aman nuestra obra. En cuando a la barrera lingüística, durante el trabajo nos solía ayudar una intérprete, sin embargo, a veces estaba ausente. Nosotros, los actores, no hablamos español, Raúl no habla ruso, pero nos entendemos a un nivel más profundo. Resultó que el idioma no es tan importante cuando se comparte el objetivo.

No se puede estar más que de acuerdo con todo esto. También es interesante saber quién es tu actor favorito que te guía.

Tengo muchos actores favoritos. Cada uno me ha impresionado durante distintas etapas de mi vida. Trato de observar las técnicas de interpretación de mis colegas. Lo más interesante lo guardo para tomarlo en cuenta. También es parte de nuestro trabajo. Me interesan las interpretaciones de Tom Hanks y de Javier Bardem. Ambos combinan los importantes rasgos masculinos como tranquilidad, dignidad y carisma.

Además de los EE.UU, ¿qué países de nuestro continente has visitado?

Nunca he ido a América Latina, aunque, cuando niño, veía con interés las novelas latinoamericanas. Me maravillaban los enredos de las intrigas, característicos para estas novelas. Estoy planeando una gira por América Latina para conocer más de cerca su cultura y para compartir la mía.

Encontrar poesía en los lugares comunes

Pep Balcárcel (*)

“Encontrar poesía en lugares comunes”. La frase la dijo el poeta Walter González, del Poetry Slam, hace ya cinco años. Aquella vez, nos encontrábamos en una librería de la zona 10 de la Ciudad de Guatemala y comentábamos el poemario del autor hondureño Frank Pineda. Casi siempre, para presentaciones, lecturas y demás, nos reuníamos allí o en un café de la zona 1. Alguno que otro bar nos abría las puertas.

 

poesiaLos espacios para literatura eran mínimos. Muchas puertas estaban cerradas. Editoriales como Vueltegato o Catafixia organizaban lecturas de poesía. Las Lecturas Urbanas, en el extinto Café Urbano son un recuerdo que siempre llevaré conmigo. Allí conocí a autores y autoras como Daniela Castillo, Luis Pedro Villagrán, Juan Pensamiento, Alina Kummerfeldt, Julio Prado y demás. A Pablo Bromo, editor de Vueltegato y gestor de estos eventos, también le debemos las Poeclécticas; en las que aprendí que la música y la poesía se llevan muy bien.

Pero los espacios eran reducidos. Mínimos. Siempre leían los mismos. Siempre llegaban las mismas personas. No sé cómo sea en el resto del país, pero en Guatemala, no salíamos de las mismas cosas. También, hago la acotación, la época de la que hablo es 2011 y 2012, poco más o menos.

Ya en 2014, con Pato/Lógica –mi editorial– y el apoyo de la música Mabe Fratti y el Ale R, de Chiribisco, nació Poetas en el Chiri; que originalmente se llamaba Poesía a Verga (por la maña que teníamos de emborracharnos antes de pasar a leer). Durante casi tres años, un grupo, algunos constantes, otros no tanto, nos reunimos un miércoles al mes para leer poesía y narrativa en ese bar, con acompañamiento musical.

La idea era descentralizar la poesía, que no leyéramos siempre los mismos, pero terminamos convirtiéndonos en otro grupo. Siempre agradeceré el espacio, a los autores constantes, a quienes en verdad pusieron empeño en la literatura, pero no se cumplió el objetivo real. Las lecturas del Chiri seguirán, pero no mensuales, y con una mecánica distinta.

Pero vamos al punto. Y lamento la introducción de cinco párrafos. Tengo la maña de extenderme. El punto de esta columna son las Noche en Verso, organizadas por Para Contarla. Sucede que el sábado cuatro de enero fui a una, la edición de su aniversario, y del (des)amor, en el Mercadito de Lola, en la zona 15 de la ciudá. Quedé encantado.

No necesariamente porque haya escuchado a las mejores voces de esta generación. Peco de honesto y así como escuché voces que valían la pena, hubo otras a las que se les nota la falta de lectura. Eso sí, el evento me parece fundamental, un esfuerzo importantísimo y ahora lo explico.

Primero que nada, esas personas, a las que les falta lectura, encontrarán un espacio dónde conocer a personas que ven, en el ejercicio de hilvanar versos, una necesidad. Podrán compartir libros, hablar de sus intereses y, si es su intención, comenzar a construir una carrera literaria; cosa difícil no en Guatemala sino en todo el mundo.

Por otro lado, las voces que empiezan a madurar, que empiezan a encontrar su intención poética, podrán darse a conocer. Y en un espacio que, para sorpresa mía, estaba lleno, llenísimo. Sorpresa porque en 2011, cuando leí por primera vez, éramos tres escritores y un señor (sí, uno, solo uno) como espectador. Parece que ahora las personas empiezan a interesarse más en las letras.

Además, la mecánica de la Noche en Verso es un micrófono abierto constante; abre las puertas. Un modelo arriesgado, sí, pero que no prioriza en ciertas personas. Da voz a quien la pide; será la persona frente al micrófono la que lo aproveche o no.

Detrás de este evento están las escritoras Eugenia Cruz y Paulina Méndez. Dos chicas muy talentosas y con un futuro muy prometedor. A Eugenia la he leído varias veces y lo que escribe me parece bellísimo, el ritmo con que plantea todo te atrapa y no podés evitar perderte en sus letras. A Paulina la escuché por primera vez el sábado: quedé con muchas ganas de leer más de ella.

El evento en sí me pareció distinto a todos los que he asistido. Noche en Verso y edición de amor: vaya lugar común que resultó no serlo. Encontré verdadera poesía; un chico que le hablaba a la nada y le temblaban las manos y la voz, pero que me dijo tanto en la brevedad de su texto. Tanto.

Quizá sea que la verdadera poesía está en blogs, en micrófonos abiertos, en los lugares comunes donde no esperás encontrarla. Está en estos eventos a los que, sin dudas, seguiré asistiendo. Finalizo aquí, porque aún queda mucho por escribir sobre lo que Eugenia y Paulina están creando.

Publicada originalmente en el Diario de Los Altos.

 

(*) Pep Balcárcel es estudiante de la Licenciatura en Lengua y Literatura del Departamento de Educación, UFM.

Benvenuto Chavajay: un “chunchero”

María José Prado Marroquín (*)

Mis padres me enseñaron a tratar de vivir de estas conexiones, a hablar con la piedra, bañar en el lago, tratar de que ese árbol tenga su sentido y tratar de que esa bolsa plástica negra que está volando arriba del pueblo pueda ser como un pájaro… Es lo más lindo tener una conexión. Todo lo que hago es una forma de sentir.1

Benvenuto Chavajay (Sololá, 23 de marzo de 1978)

Benvenuto Chavajay (Sololá, 23 de marzo de 1978)

Benvenuto Chavajay (1978-…) es un artista guatemalteco oriundo de San Pedro la Laguna, Atitlán, y en su obra se ha definido como un artista –no, no un artista sino un “chunchero”, un observador e interventor de objetos, de “chunches”– que busca alejarse de las convenciones, que son colonialidad; que busca alejarse de los esquemas impuestos por un pensamiento colonial y moderno, “occidental”. No obstante, Chavajay, aunque alineado a la lógica conceptual descolonizadora, explica que no se define a sí mismo como tal: “no sabía que existía una teoría sobre la descolonialidad en el arte, lo que yo quería era sanar una herida colonial y lo que tiene que ver con lo oscuro de la modernidad.”2

Y “sanar una herida” es una idea en la que Chavajay insiste: en concreto, sanar esa herida del ostracismo, del ver de menos lo que no va con las corrientes del gran mundo: tachar de analfabeto, de ignorante a quien se rige por un sistema de valores distinto; en concreto, al indígena guatemalteco, subestimado como ser humano pero también como artista. Es por lo último que Chavajay no solo se inserta dentro del campo de una estética contemporánea basada en el arte objeto, en la intervención más que en la creación –como reacción a los convencionalismos y academicismos–, sino que se aleja –siempre “se aleja”, que es otra idea central en su obra3– del folklorismo de los artistas, los pintores de su localidad. Su visión del “arte” busca ese alejamiento también de lo que convencionalmente llamamos arte. Su obra, que es retorno a la tierra –“al ombligo”, como lo explica él a veces–, se enfoca más en el concepto que en su cultura tz’utujil se relaciona más con “arte”: lo “sagrado”.

“En el pensamiento tz’utujil los objetos, las piedras, ya son sagradas porque son parte de la naturaleza (…) hablé mucho de los ‘chunches’ porque son objetos tirados en el suelo, entonces esos objetos yo quiero recuperar y dar esa alma como cuando mi papá me decía “mira hijo esa piedra tiene alma, tiene vida”. Uno no lo ve, pues el mundo occidental solo tiene esos dos ojos, pero el mundo de nosotros tenemos todavía el tercer ojo que tal vez no está colonizado todavía.”4

“Hay que regresar al ombligo”. La obra de Chavajay mueve a regresar a descubrir lo de nosotros, en esta tierra de Guatemala, a enfrentar esa “colonialidad-modernidad que anestesió (…) otras formas de estar y sentir.”5 Por ello, se define a sí mismo más como “un “chunchero” que retorna, se aleja, propone y manifiesta otras sensibilidades (…) se trata de dignificar los objetos (…) todo tiene alma, hasta una bolsa plástica tiene sentido. Entonces ya no hay nada qué hacer. Sino que hay que reconocer, identificar, multiplicar y dignificar. Es dar una segunda oportunidad a los objetos, a través de una fotografía, a través de un chunche.”6

 

1 “La dignidad de los chunches. Benvenuto Chavajay”, Revista Gimnasia, Guatemala, 23 de enero de 2015; disponible en: https://revistagimnasia.com/2015/01/23/bchavajay/
2 “Identidad, descolonialidad y resistencia, un acercamiento al pensamiento de Benvenuto Chavajay”, Salazar Ochoa, Diario La Hora, Guatemala, 30 de enero de 2015: disponible en: http://lahora.gt/identidad- descolonialidad-y-resistencia-un-acercamiento-al-pensamiento-de-benvenuto-chavajay/
3 “Por eso siempre le digo a los chicos que hay que vernos pero para ver hay que alejarse (…) también el arte es una forma de colonizarnos, y es mejor alejarnos un poco pero acercarnos más a lo más importante, a nosotros mismos, a la tierra, a nuestra cultura, y a la espiritualidad.”. (“Desobediencia visual: Una entrevista con Benvenuto Chavajay y Kency Cornejo”, en Decolonial Gesture, Issue 1, Volume 11, New York University, Hemispheric Institute E-Misférica, 2014.

(*) María José Prado Marroquín es alumna del Diplomado en Historia del Arte Guatemalteco y Curaduría

Las etapas de Juan Ramón Jiménez

Armando Diéguez Mérida (*)

juanramonjimenez2La crítica especializada ha afirmado que la obra de Juan Ramón Jiménez se divide en tres etapas que marcaron la evolución del poeta y su poesía. Al repasarlas surge la posibilidad de plantear una premisa, más una hipótesis, o si no al menos, una forma de interpretar el paso del poeta de un estadio al siguiente. Parece claro que Juan Ramón desfiló las transiciones clásicas de la vida del hombre en general, que en él por ser un poeta, y de gran talla, se acentúan, y hacen que surja la posibilidad de asistir como testigo a ellas para contemplarlas, para verlas plasmadas y así meditar en torno a ellas de una manera más bella que si las viviésemos en carne propia. Esas etapas son las de la juventud, en las que el modernismo por ejemplo simboliza esa soberbia del joven que cree saberlo todo, y que si se admite la analogía, esta encarnada por el uso de adjetivos ornamentales y grandilocuentes, y de una poesía muy personalista enfocada en el amor, en la mujer, que se expresa con el arrojo y el vigor propio de los jóvenes.

Una etapa intelectual, en la que esa transición hace que el hombre se convierta en un ser más serio, que se toma su tiempo y que está interesado en el conocimiento, en asumir retos y lecturas más complejas. En la poesía ello se manifiesta cuando se opta por leer a poetas “intelectuales”, y en la fabricación de una poesía pura, más elaborada. Y finalmente una etapa suficiente o verdadera, que apunta a un conocimiento que podría denominarse espiritual o metafísico, en el que el hombre busca entender su condición y prepararse para lo que vendrá, la muerte, y en esa preparación gira hacia Dios. La idea de Dios y la creación comienza a ser central, y en la poesía podría manifestarse en la exploración de lo divino, en la introspección del poeta, en un individualismo que dista mucho de tener las mismas motivaciones que tuvo en la primera etapa. De manera que con este atrevimiento en mente, el presente ensayo procurará describir de manera breve algunos de los rasgos que caracterizaron cada una de las etapas de la poesía de Juan Ramón Jiménez.

La etapa sensitiva es una fase marcada por la afición al modernismo, por una influencia innegable tanto de Rubén Darío, como de Gustavo Adolfo Bécquer. En los poemas de esta época son evidentes también los rasgos del simbolismo y el romanticismo que permean la poesía de Juan Ramón Jiménez. Predomina en su poesía el amor, la mujer, la sensualidad y la muerte, pero todos ellos como un desafío. Ejemplo de esta etapa es el poema de Jardines galantes y su obra en prosa, Platero y yo.

En ambas se utiliza un lenguaje modernista en el que se valora la naturaleza, y en el que el ánimo del poeta se proyecta en lo natural, el paisaje y los colores reflejan fielmente los sentimientos del yo poético. En cuanto a los aspectos formales, podría decirse que es una poesía muy rígida, en el sentido de que se utilizan estructuras específicas, como el verso corto, el romance o la copla.

La etapa intelectual esta inmediatamente influida por su primer viaje a América y por su matrimonio con Zenobia Camprubí Aymar, quien lo introduce a los poetas de habla inglesa, entre los que predominan Yeats, Keats, Whitman y Shelley. Se le ha acercado también en esta etapa al novecentismo, movimiento literario y estético español que se relaciona con las vanguardias tan influyentes durante el siglo XX, y cuyo principal exponente en España fue José Ortega y Gasset. Es en esta etapa en la que el poeta fija al mar como motivo de su obra, un devenir continuo y eterno que está siempre presente. Con esta etapa comienza evidentemente, el tránsito hacia esa evolución metafísica que concretará más adelante. La obra cumbre de esta fase la constituye el Diario de un poeta recién casado, obra ya despojada de todo resabio modernista. Es una poesía mucho más reflexiva que se estructura además en verso libre, o bien en prosa. Es decir que se deja lo formal y se apunta más a concepciones profundas de reflexión.

Y finalmente se llega a la etapa suficiente o verdadera. Un Juan Ramón ya exiliado y que ha sido testigo de la Guerra Civil Española. Lleno de profunda tristeza por lo que acontece en su país, una cruenta guerra y una dictadura franquista que llegará hasta mucho más allá de su fallecimiento. Además hacia el final de esta etapa vivirá la muerte de Zenobia, cuestión que lo marcará mucho más que haber sido galardonado con el Premio Nobel, noticia que le comunicó precisamente Zenobia en su lecho de muerte. En esta fase Juan Ramón escribe poesía mística que busca tanto a Dios como a lo absoluto. De esta época es Espacio, en la que escribe un poema en prosa de gran longitud sin que predomine un tema central, caracterizado por un análisis introspectivo del yo como conciencia y del yo como parte constitutiva de la historia.

En suma son estas tres las etapas que configuran al hombre y que se expresan en la voz del poeta. Juan Ramón Jiménez obtuvo el Premio Nobel en su edición de 1956, pero no fue por ello que se convirtió en una notable influencia en muchos jóvenes poetas, especialmente en los que conformaron la denominada generación del 27. Su estela sigue siendo importante en el estudio de la literatura en general, y de la poesía en particular, y se ha dicho que su obra se puede estudiar o dividir de distintas formas, no sólo en las aquí descritas, si bien son las más extendidas y aceptadas por la crítica.

 

Fuente: Rocío Fernández Barrocal. Etapas de la obra de Juan Ramón Jiménez.

(*) Alumno de la Licenciatura en Lengua y Literatura, Departamento de Educación, UFM.

El lenguaje de la clase obrera: artistas de los años 40

María José Prado Marroquín (*)

El pensamiento social de la Revolución de 1944, activó un camino que auguraba un proceso de cambio. Despertaron sentimientos nacionalistas, se extendieron diferentes ideologías, se produjeron avances científicos y tecnológicos y hubo, sobre todo, un gran desarrollo cultural y artístico.[1]

 

Rafael Yela Günther (Quetzaltenango, 28 de septiembre de 1888 – Ciudad de Guatemala, 17 de abril de 1942).

Rafael Yela Günther (Quetzaltenango, 28 de septiembre de 1888 – Ciudad de Guatemala, 17 de abril de 1942).

Yela Günther, Galeotti Torres, Grajeda Mena y Franco. Estos cuatro son los nombres de los artistas guatemaltecos que dominaron y definieron el impulso y rumbo de la ideología que inspiró la revolución del 44 dentro del mundo de las artes en esta tierra. De una u otra manera, cada uno de estos contribuyó a uno de los grandes ideales intelectuales de esta época –ideales reaccionarios al ambiente opresivo de toda una serie de represivas dictaduras previas–: la revitalización de la cultura en el país; en concreto, la apertura, la accesibilidad de la cultura, de la cultura nacional, local, de la tierra, a la clase media, la clase obrera.

 

Rodolfo Galeotti Torres (Quetzaltenango, 4 de marzo de 1912 – Ciudad de Guatemala, 22 de mayo de 1988).

Rodolfo Galeotti Torres (Quetzaltenango, 4 de marzo de 1912 – Ciudad de Guatemala, 22 de mayo de 1988).

Características comunes a estos cuatro artistas son su contacto con el muralismo mexicano, opción alineada al interés por el arte público, como el monumento a la marimba en Xela (Galeotti Torres), o el monumento al trabajo (Yela Günther) en la zona 5, etc. Es interesante destacar cómo buena parte de estos artistas trabajaron la escultura, que es un arte fuerte y sólido, adecuado para expresar tanto la fuerza del trabajador como la fuerza de la nación ante los imperialismos y diversas formas de opresión (por ejemplo, la resistencia a la opresión indígena que puede verse en los bustos de Galeotti Torres). Todos se destacaron por una fuerte militancia política, pues de un modo u otro se involucraron en la propuesta y dirección de instituciones culturales en el país.

Los elementos mencionados previamente confluyen en lo que será un lenguaje

Guillermo Grajeda Mena (Guatemala, 1 de octubre de 1918 – 5 de junio de 1995).

Guillermo Grajeda Mena (Guatemala, 1 de octubre de 1918 – 5 de junio de 1995).

artístico de realismo social: una preferencia por los temas nacionales, por la confluencia de lo regional y lo indígena, los temas de la tierra, incluso el estilo prehispánico (considerar particularmente la obra de Grajeda Mena en este aspecto), con un interés férreo por lo moderno: las vanguardias –se manifiestan con mayor claridad, ya a nivel social y a gran escala, las ideas del cubismo, el expresionismo, el abstraccionismo, etc.–, y la industria en cuanto representación del trabajador (Yela Günther se formó en varias técnicas escultóricas complejas, como la fundición en bronce, y se interesó por los motivos formales, geométricos, del art decó, que es un estilizado arte estructural que ensalza, casi mitifica lo industrial). Esta visión hacia la modernidad es una manifiestación de un anhelo, un optimismo por el progreso. Sus obras, sean murales, esculturas o pinturas, suelen representar una gruesa corporeidad de la figura humana (notar, en particular, la pintura de Franco y de Galeotti Torres) como símbolo de la fuerza nacional u obrera. En conclusión, es un lenguaje que abre y conecta a Guatemala, en su aspecto público, con las tendencias mundiales contemporáneas.

Juan Antonio Franco (Guatemala, 1920 – 25 de julio de 1994)

Juan Antonio Franco (Guatemala, 1920 – 25 de julio de 1994)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Joyas Artísticas del Banco de Guatemala, “La Primavera Democrática de 1944”, Marta Regina Rosales de Fahsen, Ediciones Don Quijote, Banco de Guatemala, 2001: p. 47.

(*) María José Prado Marroquín es alumna del Diplomado en Historia del Arte Guatemalteco y Curaduría

Eleázar Adolfo Molina, premiado en el concurso interuniversitario Juan Fernando Cifuentes 2016

Eleázar Adolfo Molina (Quetzaltenango, 1990)

Eleázar Adolfo MolinaEstudiante de la Licenciatura en Lengua y Literatura, Departamento de Educación, Universidad Francisco Marroquín. Ha escrito un libro de poesía titulado Pesadillas de un espantapájaros. Actualmente trabaja para la Asociación para la Creatividad y el Desarrollo en Guatemala, administra su librería Owls en la ciudad de Quetzaltenango. Miembro fundador del colectivo literario Testosterona Literaria. Ha dado conferencias en colegios y universidades del país. Gestor cultural en la ciudad de Quetzaltenango. En el ambito de la literatura, escribe su primer novela y publica en su blog personal.

Eleázar participó en el concurso interuniversitario “Juan Fernando Cifuentes 2016”, organizado por la Universidad Rafael Landívar y obtuvo Mención Especial en la rama cuento, categoría estudiantes. Será premiado el lunes 7 de noviembre por el cuento Amatitlán, que les compartimos a continuación. Esta es la segunda ocasión en la que Eleázar es reconocido, pues en el año 2011 fue premiado en la rama de poesía por el mismo concurso.

Atitlán

«Y Él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre
de tu hermano clama a mí desde la tierra».
Génesis 4:10.

-¡Corre hijo, corre!-

Llegó sudando hasta la cima de la montaña, desde donde se miraba el lago por la parte baja, era azul como el cielo; pero él recordaba que aquella madrugada lo había visto teñido de rojo sangre.

-¡Nunca te detengas! ¡Por el amor del cielo!-

Abrió la pequeña caja que llevaba al hombro, le quitó los lazos negros y empezó a desempacar los paquetes forrados de papel periódico; las candelas ordenadas religiosamente y por color; cada paquete de media libra estaba atado por un lazo.

Colocó las candelas en ese orden sobre el papel periódico extendido en el piso, las separaba del tanate y las colocaba en orden secuencial: del color rojo, al azul, negro, verde, blanco y amarillo. Luego organizo el copal, cuilco, los aromas; buscó la azúcar blanca y le quitó los pétalos a los claveles.

-¡Sigue y no voltees a ver!-

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Pep Balcárcel (*) presenta su nuevo libro de poesía, “Fragmentos”

Fragmentos de Pep BalcárcelPep Balcárcel (Guatemala, 1993)

Escritor, editor y gestor cultural. Ha escrito para medios de Guatemala, México, Honduras, Nicaragua y Estados Unidos. Estudia Lengua y Literatura en la Universidad Francisco Marroquín. Ha publicado los libros: Obelisco 65 (poesía, Letra Negra, 2012), Canto esquizofrénico (poesía, Chuleta de Cerdo Editorial, 2012), Ángeles de heroína (microrrelatos, Letra Negra, 2012) y Los ojos de lo insano (cuento, Editorial X, 2014). Además, aparece en las antologias LOS 4X4 (poesía, Vueltegato Editores, 2012), ¡Meter goool! (microrrelatos, Letra Negra, 2013) y Deudas de sangre (poesía, Anamá Ediciones, Nicaragua, 2014). Actualmente trabaja para una oenegé, dirige Pato/Lógica Editores y es codirector de Bitviu.

La presentación del nuevo trabajo se realizará el miércoles, 26 de octubre, de 8:00 p.m. a 11 p.m. en Chiribisco Bar (17 Av. 19-70, zona 10 Edificio Torino, local 103.

A continuación, como un avance, compartimos con los lectores un poema de su nueva publicación.

1.

manifiesto de ausencias

el tabaco colocado sobre mis labios

me duelen los ojos

pero afuera cae la lluvia y un hombre corre

lo deja la camioneta

alguien gime

en una pantalla

que es el universo

grito

porque tengo miedo

entra el whisky y quema mi garganta

incontables días

silencios

el absurdo perdió significado

Sísifo decidió suicidarse

ayer consumí otra vez LSD

fue para sobrevivir

pero alguien deseaba aniquilarme

y me durrumbé

Peter Pan no existe

querida

y un muerto sonríe

dame unas horas

arrullá mis pesadillas

descifrá la nada entre mis manos

besá mis ojos

en tu pelo queda mi mundo perdido

“la gente se suicida porque está triste”

y el espejo no responde

la vida se encuentra escondida entre tus labios

pero yo

escribo una elegía para todo lo que nunca fui

2.

cuando éramos niños

quisimos ser astronautas

pero el tiempo puto

se encargó de enseñarnos

que las estrellas son una idea

demasiado cursi para nuestras vidas

 

ahora el cielo

llora cada noche

lágrimas ácidas

que nos hacen añorar

algo que nunca fue nuestro

 

vemos el suelo manchado

con nuestra propia miseria

la recogemos

y siempre

la llevamos de la mano

 

(*) Pep Balcárcel es alumno del Departamento de Educación de la UFM.

La rosa no piensa, imagina

Camila Fernández (*)

Rosa-blanco-y-negro-3d-papel-tapiz-de-flores-stereoecopic-wallpaper-papel-parede-mural-wallpaper-Decoraci&oacuteSi pienso no puedo estar loco, si pienso, si pienso, si pienso. Si pienso no puedo estar loco. Si pienso no puedo estar loco. Pero hablo, pero hablo, hablo, hablo, hablo…
Hablar es una cosa, y la otra…
Un proceso que no se detiene, al que nosotros queremos alcanzar, que va siempre delante de nosotros, es la escritura, es la escritura la que siempre va adelante de nosotros. (¿Y si no hablo, y si soy hablado, y si no pienso y si soy pensado?) Los huesos tibios de nuestro esqueleto persiguen al perro de lenguas sueltas e imaginaciones distraídas que no se distraen, no se distraen, traen, traen, traen, las imaginaciones de las lenguas sueltas, las imaginaciones del animal, de lo carnal, de la sangre que fluye. Nos rechinan los dientes, tenemos frío, sufrimos. Pero vamos detrás de la escritura. Vamos a las voces, vamos a las voces, las voces nunca vienen a nosotros. Nosotros vamos a las voces.

Juan Ramón Jiménez escribe un poema que relata su proceso poético.

Vino, primero, pura, vestida de inocencia. Y la amé como un niño.

Luego se fue vistiendo de no sé qué ropajes.
y la fui odiando sin saberlo.

Llegó a ser una reina, fastuosa de tesoros…
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!

…Mas se fue desnudando. Y yo le sonreía.

S e quedó con la túnica de su inocencia antigua. Creí de nuevo en e a.

Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda…
¡Oh pasión de mi vida, poesía desnuda, mía para siempre!

(Eternidades)

La poesía no piensa, no piensa, por más que diga que piensa, no piensa; siente. La poesía está desnuda, siempre está desnuda, porque la poesía son imágenes desnudas, imágenes desnudas, revestidas de una desnudez brillante. La niña amada le pregunta al niño que la ama, “¿por qué te vas?”, y el niño le contesta: “Porque el silencio de estos valles es me amortaja como si estuviera muerto. He sentido que quiere gritar mi pecho, y en estos va es ca ados voy a gritar y no puedo”. ¿Por qué no puede gritar el niño, acaso tiene miedo de espantar a su niña amada, a qué le teme el niño que no grita, a qué le teme el niño si ignora el silencio eterno entre su carne; teme ahuyentar a su niña amada con un grito lunático de su pecho?

Porque es su pecho el que quiere gritar, se siente, se siente, se siente al pecho queriendo gritar. El pecho es el refugio de tantos gritos desnudos, gritos que jamás verán los ojos, gritos hechos para deshacerse entre las manos, para deshacer el aliento y transformar la voz en el olor del asombro. Pero nada de eso, nada, nada. El grito quiere hacerse cuerpo, el grito busca hacerse pecho, hacerse leche.

El primer grito, como el primer orgasmo, es siempre desnudo, siempre anudado, siempre inundado, nunca inofensivo, siempre empiernado al silencio perpetuo. El grito del pecho asusta al poeta, porque es un grito que desconoce, es un grito que quiere robarle el pecho y él no sabe, es un niño, el poeta es un niño que comienza a jugar con el cuerpo de su madre, de su lengua. ¿Qué es lo que tu voz débil dice al sol de la tarde que sueña dulcemente en la cristalería?, ¿eres, como yo, triste, solitario y cobarde, hermano del silencio y la melancolía?
El niño no sabe que no posee a su cuerpo, el niño no sabe que lo que dice ya fue dicho, que repite, que repite, que es portador del silencio que se deja inundar de voces, el niño no sabe que está vacío, que es un cuerpo de carne buscando encontrarse en la voz inatrapable, en lo indecible; el niño no sabe que el grito de su pecho quiere hacerse carne. El niño no sabe que no habla, solo habla, habla, es hablado. Por eso disfruta desnudando a su madre, porque su juicio está opacado por los placeres de su carne, por las fantasías de los gritos de su pecho, por sus deseos inmediatos, por sus curiosidades intensas, por sus agujeros, por sus abismos. El niño disfruta hablando porque no piensa, no piensa que porque piensa no puede estar loco. Pero después, al poco tiempo, aún en su pubertad, cuando aún desea los pechos de su madre, se entristece, se hace triste, se hace más triste y más triste, comienza a extrañarse. Ahora se extraña, extraña que lo sobrecojan los deseos de su grito, los temblores de su pecho. Y también se extraña, es un extraño para sí mismo, porque habla, más bien, porque no puede parar de hablar. Ya no está enamorado de una niña desnuda, ahora ve a la niña vestirse elegante, se hace llamar señora, se hace llamar la juiciosa de adornos fúnebres, la dama de reuniones sociales, la bella dama de joyas siniestras. ¿Está la niña realmente vestida y adornada o sigue desnuda y son los ojos del poeta los que se han puesto capas, adornos y vestimentas? ¿A dónde se fue esa niña desnuda que no se diferenciaba de las selvas transparentes, que se bañaba sobre su propia lengua, que gemía con las bestias acuáticas en la oscuridad del fondo, en la noche del día? El poeta adolescente se entristece, comienza a odiar sin saberlo.

El viaje definitivo

…Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol
y con su pozo blanco.
Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aque os que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado, mi espíritu errará, nostáljico…
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

(Poemas agrestes, 1910-11)

Seguirá su travesía el poeta, seguirá adentrándose para avanzar. El poeta seguirá buscando la desnudez primaria de sus ojos, no solo de sus ojos, de sus manos, de sus dientes, de sus pasos. Nada que ver. Sus ojos aprenden a escuchar. Los ropajes de la dama de noche se convierten en espuma, los ropajes asustados de los ojos se convierten en lágrimas. Se llora, se llora plácidamente, se llora desnudo, solo se llora bien si se llora desnudo, solo se llora al desnudo, solo se desnudan los ojos si se llora desvelado, si se llora desnudo.

(Diario de un poeta recién casado)

No sé si el mar es, hoy
–adornado su azul de innumerables espumas–, mi corazón; si mi corazón –hoy adornada su grana de incontables espumas–,
es el mar.

Entran, salen

uno de otro, plenos e infinitos, como dos todos únicos.
A veces, me ahoga el mar el corazón, hasta los cielos mismos.
Mi corazón ahoga el mar, a veces, hasta los mismos cielos.

Tal vez el mar se adorne con la forma única de cada ola, quizás el sol se siente a la mesa con su traje de playa, con su túnica de boda en la playa. Pero los ojos del poeta gozan con la brisa, no se adornan, no se adormecen, se desvelas abiertos, se desvelan cerrados, se desvelan de día, se desvelan de noche.

Se desvelan.
Los ojos des-velándose, callándose, escuchando el grito mudo del pecho. Se sigue escuchando el grito del pecho, se escucha, se escucha, ¡aún se escucha!
No se contiene, no se contiene, no puede contenerse, el grito escapa del pecho, se hace carne, se hace rosa.

 

(*) Alumna de la Licenciatura en Lengua y Literatura del Departamento de Educación, UFM.

Arte guatemalteco del siglo XX hasta el presente

María José Prado Marroquín (*)

La visión del arte de Roberto González Goyri 

“…toda obra de arte de legítimo valor, la mayoría de las veces, no gusta desde el principio, sino por el contrario, gustarla toma su tiempo (…) He aquí el secreto de toda obra de arte auténtica: una vez que nace como una estrella nueva, su luz jamás se apaga en el firmamento de los grandes valores. Brilla eternamente.[1]

A continuación un breve comentario a tres ideas de Roberto González Goyri (1924-2007) acerca de lo que he interpretado como la maduración de su proceso creativo y su visión del arte.

“…cada nuevo amigo que ganamos en la carrera de la vida, nos perfecciona y enriquece, más aun que por lo que él mismo nos da, por lo que de nosotros mismos nos descubre.”

Roberto González Goyri

Roberto González Goyri

Estas palabras me agradaron mucho, pues refuerzan esa idea de que no podemos vivir –ni aún del arte– completamente a solas, en aislamiento. Aún si dentro de este ámbito muchas veces se radicalizan posiciones que ensalzan “la genialidad propia” de un artista –a nivel de “monomanías”–, me parece ser el resultado de una visión sana y equilibrada esta apertura que González Goyri demuestra en las líneas anteriores: al fin y al cabo, necesitamos ser vistos por otros para completar nuestro conocimiento personal. Y este autoconocimiento es maravilloso y fundamental (creo) en un artista.

“Comprendí que el folklore, al igual que el arte de nuestros antepasados, lo mayas, es terreno muy peligroso en el sentido de convertirse fácilmente en verdaderas jaulas. Pueden ambos, sí, ser punto de partida, fuente de inspiración, pero no para copiar literalmente, sino para hacer una recreación con un lenguaje nuevo y de dimensión mas universal.”

En este texto puedo ver a González Goyri hacer notar un tema delicado: la relación de los artistas contemporáneos con el pasado prehispánico, con el choque de culturas que precedió (quizá sin haber acabado de asentarse del todo) la fundación de nuestra sociedad, tan heterogénea culturalmente como es. González Goyri probablemente quería destacar cómo la relación del artista de hoy con el arte maya –del artista que, quizá ante todo en aquel tiempo, buscaba nuevos lenguajes plásticos– corre siempre el riesgo de caer en lugares comunes, de caer en pretensiones estéticas que, con el afán de romper con los cánones occidentales, no necesariamente serían suelo fértil para una gran obra de arte. La clave, según González Goyri, (y esto es interesante) es la recreación del lenguaje. Ser artista, en otras palabras, es innovar, siempre hacer nuevo hasta lo común, lo folclórico.

“Me imagino que el camino para alcanzar la madurez artística no es igual para todos los artistas.”

Esta idea me parece excelente y personalmente me tomó algún tiempo comprenderla (aún si yo la buscaba más en el plano de la literatura, que tampoco es demasiado ajeno al de la plástica). Muchas veces creemos que un gran artista es mucho más prometedor si se presenta en sociedad como un “joven prodigio”. Pero el arte no se puede forzar, mucho menos “un estilo propio” –concepto que yo identifico con el de “madurez artística”. El arte es algo mucho más parecido a un cultivo que a un horno microondas. La exposición a cierta radiación es, cierto, de gran ayuda, pero al fin y al cabo, el origen de una auténtica voz personal, de un estilo, de una madurez, no se logra sino con trabajo, con paciencia y con tiempo, dejando las semillas (quizá producto de alguna temporada de especial “radiación”) germinen en el suelo de la sensibilidad y el intelecto creativo.

 

[1] Joyas Artísticas del Banco de Guatemala, “La Primavera Democrática de 1944”, Marta Regina Rosales de Fahsen, Ediciones Don Quijote, Banco de Guatemala, 2001: p. 47.

(*) María José Prado Marroquín es alumna del Diplomado en Historia del Arte Guatemalteco y Curaduría